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    Crítica | Matar a un hombre

    Matar a un hombre

    Lobos de bosque… y de ciudad

    crítica a Matar a un hombre (2014), dirigida por Alejandro Fernández Almendras.

    La inseguridad probablemente siga siendo uno de los mayores problemas que sufre gran parte del continente americano. Aún cuando muchos de sus Estados luchan por desvincularse definitivamente de su pasado autoritario y militarista, hay rencillas aún abiertas, procesos pendientes, sucesos que vuelven a la luz y sobre todo ese sentir general de que las nuevas fuerzas del orden difícilmente pueden lidiar con una violencia omnipresente. Violencia que muestra muchas caras: la de los tiroteos en la calle, la de los ajustes de cuentas entre narcotráficos o la de los secuestros y las rebeliones, pero también la de la corrupción, la amenaza y el maltrato. Y con el convencimiento de que la respuesta de las autoridades permanecerá ausente o será ineficaz. El problema es que cuando dicha reacción sí llega, suele ser desmedida, intentando contrarrestar con ejemplo y visibilidad su aislamiento, lo cual sin embargo también genera desconfianza hacia el poder. Ya sea por una cosa o por otra, se delinea un círculo vicioso por el que incluso los ciudadanos a priori respetables deciden tomar el camino de la ilegalidad para resolver sus problemas. Que a veces no van más allá de proteger su casa, su familia o su trabajo. Pues bien, la cinematografía latinoamericana se ha hecho eco de este turbio panorama, destacando quizás en los últimos años un título por encima de todos: Sonidos de barrio (O Som ao Redor, Kleber Mendonça Filho, 2012). Esta película procedente de Brasil, rodada en las calles y apartamentos de Recife, transmite con gran desasosiego la atmósfera de recelo y temor que inhibe a sus habitantes. Es una historia coral que encuentra un brillante equilibrio entre el comentario social y la motivación individual de cada personaje.

    Matar a un hombre

    Un objeto similar pretendería buscar Matar a un hombre (2014), la ópera prima de Alejandro Fernández Almendras, también guionista de la cinta. Basándose en un supuesto hecho real, rastrea el periplo existencial de un guardia forestal, gordo, diabético y padre de familia (de nombre Jorge) acosado por un delincuente de poca monta (apodado Kalule), que vive en el suburbio a pocos metros de su hogar. Tras un acontecimiento que anuncia el peligro que se vive en el barrio, el hijo del protagonista es elípticamente disparado por dicho malhechor, subsiguientemente condenado a unos años entre rejas. Pero a su salida el acoso se acentúa y generaliza, hasta que nuestro héroe decide tomar medidas drásticas. En esta segunda parte de la cinta, la relación y el conflicto prácticamente se ciñen al protagonista y al antagonista, por lo que en realidad Fernández Almendras opta por un enfoque mucho más intimista. En cualquier caso, es innegable el sustrato crítico, ya sea por comentarios aislados como el de la esposa acerca de la (in)seguridad del barrio, o por elementos reiterativos como la ineficiente ayuda de la policía y del fiscal. La diferencia con el trabajo de Mendonça Filho es que, si en él los traumas de los personajes se proyectaban hacia el exterior y ofrecían una radiografía más general, en Matar a un hombre los elementos externos son esporádicos y están más bien al servicio del conflicto interno. Sin embargo, el problema es que éste no está tampoco excesivamente desarrollado. Jorge permanece a menudo impasible ante las desgracias que le acontecen, pero tampoco puede adivinarse un trauma interior. Solo en una breve escena manifiesta su desasosiego, en un momento que no se corresponde con el resto de su comportamiento y parece impostado, simplemente para mostrarnos que sí, que está sufriendo. Por lo demás, suele reaccionar casi con despreocupación. Es el caso por ejemplo de una escena en la que está tranquilamente tocando la armónica en su habitación tras uno de uno de los episodios de acoso a su familia. Y si este tipo de recursos apunta hacia el humor negro, lo cierto es que tampoco funciona.

    Matar a un hombre

    En cualquier caso, ello no quiere decir que nada funcione en esta película. Tomando precisamente secuencias aisladas, las hay muy conseguidas, que consiguen implicar al espectador y a su vez nutrir el resto del metraje. Hablo en particular de las escenas en que el protagonista prepara su desesperado plan, con dos planos secuencia de gran tensión y eficacia, sobre todo el primero en que acecha a su víctima. La fotografía es en general sobria y austera, enfocando con planos fijos y amplios decorados desnudos, pero en esos casos la imagen se vuelve más dinámica y enriquece la estética. Y es que de lo contrario ésta sería algo pobre, aunque la cinta se aprovecha de decorados naturales que en ocasiones aportan brío por sí solos, como la reserva natural en que trabaja Jorge. Es revelador al respecto que el largo plano inicial sea de esta localización, mediando eso sí una cronología inversa, pues en verdad los claroscuros forestales anticipan bien la turbia emoción y el desolador mensaje que busca la película. En dicho plano domina igualmente una música ominosa, recurso también esporádico a lo largo del metraje e igual de agradecido, pues en el aspecto sonoro hay ciertas carencias. Los diálogos son escasos y, como hemos adelantado al referirnos a la narrativa, no siempre todo lo significativos que podrían. Pero lo peor es que son a menudo ininteligibles, discurriendo por una especie de chapurreo improvisado que más que verosimilitud transmite dejadez. En verdad, queda cierta sensación de que el conjunto no está tan trabajado como podría, pues a una historia sencilla como ésta, que parte de una premisa consabida, le hace falta un tratamiento más intrigante. Pero por otro lado ello contribuye a que la historia se sienta más cercana y cotidiana, llegando incluso a ser fútil, lo cual sí está en clara e intencionada contraposición con el dilema que plantea la muerte de un hombre. Lo que se logra con este contraste es demostrar, si se me permite esta cita final, la banalidad del mal, que no es poca cosa.  | ★★ |

    Ignacio Navarro
    Redacción Madrid


    Ficha técnica
    Chile & Francia, 2014. Director: Alejandro Fernández Almendras. Guion: Alejandro Fernández Almendras. Productora: Arizona Films / El Remanso. Presentación: Festival de Telluride 2013. Fotografía: Inti Briones. Música: Pablo Vergara. Montaje: Alejandro Fernández Almendras & Soledad Salfate. Intérpretes: Daniel Candia, Alejandra Yañez, Daniel Antivilo, Ariel Mateluna, Jennifer Salas.


    Póster Matar a un hombre
    En cuerpo y alma

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