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    Crítica | El tiempo de los amantes

    El tiempo de los amantes

    Breve encuentro parisino

    crítica a El tiempo de los amantes (Le temps de l'aventure, Jérôme Bonnell, Francia, 2013)

    En el cine, como en la vida misma, las mejores y más verdaderas historias de amor no tienen por qué ser las más duraderas o, directamente, las que acaben en final feliz. Muchos han sido los títulos que han presentado amores fugaces que comienzan de la manera más inesperada y en el momento menos oportuno, siendo los amantes conscientes de estar ante una historia con fecha de caducidad muy corta. El célebre Breve encuentro (1945) de David Lean sentó las bases de lo que serían este tipo de relaciones condenadas a no llegar lejos a causa de diversos factores como la distancia o la situación sentimental de sus protagonistas. Conscientes de que hay que exprimir al máximo cada minuto que pasan juntos, porque puede ser el último –y hay que vivir el presente sin pensar en el pasado o en el futuro–, inolvidables parejas como las de Antes del amanecer (Richard Linklater, 1994) o Los puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995) vivieron su amor con la intensidad propia de unos adolescentes que se enamoran por primera vez, haciendo que ese pequeño periodo de tiempo que compartieron juntos quede grabado a fuego en sus corazones para el resto de sus vidas. El tiempo de los amantes (2013), quinto trabajo del realizador Jérôme Bonnell, sería uno de los últimos exponentes agregados a este siempre reconfortante subgénero, empañado para la ocasión de un inequívoco aroma de cine francés.

    Como es habitual, el filme enfrenta a dos personajes que son como la noche y el día pero que, por la magia del amor, sufren un flechazo con solo cruzar sus miradas durante un viaje en tren –por si las coincidencias con el clásico de Lean eran pocas– desde Calais a París. Alix es una actriz que va a presentarse a un casting; Doug, un maduro profesor de literatura londinense que acude al funeral de una amiga. Como se suele decir, hay trenes que solo pasan una vez en la vida y hay que saber subirse a ellos a tiempo porque nunca volverán. En este caso, durante un corto espacio de diez horas en la capital francesa, a estas dos personas se les presenta la oportunidad de romper con sus grises existencias y comenzar el resto de sus vidas desde cero. Es, tal vez, una aventura apasionante y arriesgada, sí, pero el que no arriesga, no gana. Para más morbo, el escenario elegido para la historia es París, la ciudad del amor por excelencia. Sin embargo, lo que podría haberse prestado con facilidad a la estampa turística, adornada de idílicos paseos a pie de la Torre Eiffel, queda inteligentemente solventado por los responsables de la película, más decantados por el viaje interior de sus personajes que por el geográfico.

    El tiempo de los amantes

    Bonnell confía toda la eficacia de su obra en la fascinante mirada de su protagonista femenina, una Emmanuelle Devos que sabe dotar al personaje de Alix de muchísimas capas, pasando, con facilidad pasmosa, de ser una mujer insegura y llena de miedos a otra mucho más atrevida que no duda en perseguir por la calle al atractivo hombre de mirada triste sentado frente a ella en el tren, sin pararse a pensar en ataduras sentimentales u otras circunstancias. Devos, como gran tragicómica, tiene momentos de auténtico lucimiento en escenas como la del casting, filmada en un único plano secuencia. Por su parte, el veterano Gabriel Byrne se basta de su mera presencia para crear a un Doug enigmático y de pocas palabras que, sin embargo, consigue enamorar a la cámara con la melancólica mirada de alguien que ha sufrido mucho en la vida y ya no espera encontrar un amor que le haga recuperar sensaciones que tenía olvidadas. No cuenta Byrne con un personaje tan elaborado como el de su compañera, pero lo cierto es que el director se las apaña para que la química romántica entre ambos actores sea irresistible, siendo ésta la clave principal de éxito del filme.

    El tiempo de los amantes es, para bien y para mal, una película genuinamente gala. Muchos planos largos, una banda sonora de omnipresente música clásica –con piezas de Vivaldi o Mozart, sobre todo–, juegos de miradas y diálogos mucho más trabajados que los de la mayoría de los productos norteamericanos del mismo corte, son algunos de los ingredientes que podemos encontrar en una obra que obtuvo una nominación al mejor guión en el Festival de Tribeca de 2013. Y es que bajo su apariencia sencilla y lineal, la película no es únicamente otra cálida historia de amor crepuscular más. En su interior atesora –y es casi más valioso que el propio romance– un poderoso retrato femenino en el que la protagonista queda perfectamente construida a través de sus continuas (casi compulsivas) llamadas telefónicas a su ausente novio o las conflictivas relaciones con los miembros de su familia (estupendo el pasaje que transcurre en casa de la hermana). En manos de otra actriz que no hubiese sido Devos, el rol de Alix podría haberse convertido en una auténtica sociópata de la que Doug hubiera preferido salir huyendo, pero, gracias a ella, se gana la empatía del espectador desde el primer momento.

    El tiempo de los amantes

    El tiempo de los amantes es un ejemplo de cine de autor que, dentro la seriedad de los temas que toca (la insatisfacción personal, el miedo a romper con todo, el adulterio), sabe eludir cualquier atisbo de solemnidad o dramatismo innecesario, salpicando la historia de acertados apuntes de humor, cortesía de algún personaje secundario como Rodolphe (genial Gilles Privat), el parlanchín amigo de Doug. La historia de amor se va cocinando a fuego lento, sin prisa, oscilando entre los momentos divertidos y los amargos con singular elegancia, haciendo que el espectador se involucre con estos dos amantes, especialmente en su ambiguo tramo final. En resumidas cuentas, buen cine europeo que, si bien no llenará las salas de cine, sí encontrará su público entre quienes busquen un enriquecedor romance protagonizado por personas maduras y de carne y hueso en lugar de caras guapas y prefabricadas que, a la hora de la verdad, no transmiten ninguna verdad. | |

    José Antonio Martín
    Redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Ficha técnica
    Francia. 2013. Título original: Le temps de l'aventure (Just a Sigh). Director: Jérôme Bonnell. Guión: Jérôme Bonnell. Productora: Scope Pictures. Fotografía: Pascal Lagriffoul. Música: Raf Keunen. Montaje: Julie Dupré. Intérpretes: Emmanuelle Devos, Gabriel Byrne, Laurent Capelluto, Aurélia Petit, Gilles Privat.


    Cartel español de El tiempo de los amantes
    El fulgor efímero

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