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    Crítica | Amour Fou

    Amour Fou

    Más que amor, egoísmo

    crítica a Amour Fou (Jessica Hausner, Austria, 2014).

    Jessica Hausner regresó al Festival de Sevilla hace unas semanas cinco años después de ganar el Giraldillo de Oro con la estupenda Lourdes (2009). Y lo hizo con una historia felizmente ambientada en el pasado. Un pasado que, al contrario que en su película anterior, no tiene rastros de descripción realista ni toneladas de humanismo. Partiendo de un sorprendente hecho real, la directora quería contar una historia de doble suicidio sin hacer una biografía del poeta Heinrich Von Kleist, sino usar el hecho para hacer una descripción de lo que las personas creemos o queremos creer, dependiendo de cada momento en el que vivimos. La primera originalidad de la cinta es no contar la historia desde la perspectiva de Von Kleist en un comienzo, sino poner el foco en Henriette Vogel, esposa y madre que es feliz de ejecer esos roles hasta que una misteriosa dolencia le hace replantearse las cosas, llegando a cambiar de prioridades en la vida. Deslumbrada por los poemas del amor no correspondido entre personas de diferente situación, obra de Von Kleist, Henriette se obsesiona con la personalidad artística y la subsecuente propuesta del hombre, mientras un mal desconocido socava la estructura de su vida. Se hace las grandes preguntas, mientras a su alrededor nadie puede darle respuestas.

    Amour fou apunta muchos temas interesantes, desarrollando algunos mejor que otros en la práctica. Trata sobre el amor imaginado, idealizado, pero no por eso menos real. Sobre personajes que guardan las apariencias y no dicen lo que sienten ni sienten lo que dicen. Sobre las artes como entretenimiento y, en última instancia, sobre una época donde las ideas eran tan potentes que condicionaban las acciones. La noción de cambio –histórico, personal– está presente en todo el metraje, y cómo es nuestro instinto natural el combatirlo, sobre todo si afecta directamente a nuestro estilo de vida. El Berlín de 1811 que muestra la cinta es casi todo interiores, creando una (falsa) sensación de intimidad y una (verdadera) sensación de claustrofobia, amén de un distanciamiento formal que acaba jugando en contra de la propuesta. Su exquisita apuesta plástica (los instantes junto al lago son preciosos, de un verde intensísimo), hecha con la intención de escapar del naturalismo negro y gris con el que se habitua a retratar el pasado, suma un barniz extra de colorido a un humor punzante y soterrado, que pone a Hausner por encima de los personajes, sin que esto implique que no los entienda. Lo que hace es observarlos ensimismados en sus asuntos, con una iluminación desde arriba que da un cariz pictórico a lo contado, casi como un precioso teatro de marionetas de expresividad variante.

    Amour fou

    Y es que la contención es una de las apuestas más importantes de la película, que quiere, y durante buena parte del metraje lo logra, contar una historia de amor extremo sin pasión, cerebral antes que física. La ironía del título se contagia a la acción, y la respuesta del público de 2014 no puede ser otra que la risa al ver discutidos con educación extrema los temas aquí presentes. En ese sentido, la incansable búsqueda de Von Kleist –interpretado por Christian Friedel, el profesor de colegio de La cinta blanca (Das Weiße Band, Michael Haneke, 2009)– proporciona los momentos más frustrantemente hilarantes, aunque solo sea por el manifesto egoísmo de sus argumentos. El hecho de que la trama se cuente centrándose más en Henriette evidencia la intención adicional de la directora de hablar de cómo el raciocinio alemán de la época (y el no alemán) se enfrentaba a los misterios de lo mujeril. “Dolencia femenina”, es la solución que los médicos dan de entrada a la enfermedad de la protagonista, o la imposibilidad de saber de donde provenía su mal y achacarlo al propio interior del género considerado más débil. Con las intervenciones de las féminas de mayor edad (la tía de Heinrich, la madre de Henriette), se establecen sin ser obvio las limitaciones sociales y mentales de lo que una mujer podía decir sin ser catalogada de una u otra cosa con desdén. Se crea entonces un interesante contraste con lo que una joven libre como la prima del poeta, el primer objetivo de su petición, dice y hace. La cárcel metafórica era el formar una familia, aunque es evidente que Henriette no lo siente así hasta tener el pensamiento constante de que su cuerpo le ataca. Al concluirse que tiene un tumor, toma la decisión de elegir cómo va a dejar este mundo. Cuesta imaginar mayor libertad que ésa.

    Otro punto muy interesante de la película es aquel que toca las manifestaciones artísticas, su manejo y discusión como tema de conversación en las reuniones sociales. El poema más reciente, las mejoras en el arte de tocar el piano o los recitales de canto privados desfilan ante nosotros en la pantalla, creando un clima general de refinamiento que le viene perfecto al tono general. Un refinamiento contagiado a la cadencia de los personajes, deliberademente enconsertados –nunca mejor dicho– en un código de conducta que prima el gesto cordial incluso en las charlas íntimas, y viviendo en sus celdas de papel pintado envasadas al vacío. Los personajes están poseídos por un candor que propicia la mirada cargada de sorna de la directora, cómplice así con el espectador descreído ante sus acciones. Y Hausner cuenta con ese descreimiento para hacer menos crudo el duro final. Solo así se explica la pirueta cruel del arma encasquillada, una libertad de la guionista que nos arranca una inesperada carcajada ante el estupor y frustración de lo que acaba de pasar.

    Amour Fou

    Amour fou es una cinta rígida en las formas y consecuente hasta el final, que nunca levanta la voz y aprovecha su contexto social para hacer un comentario sobre la naturaleza del cambio. En la figura de Friedrich Louis Vogel, marido de Henriette, Hausner concentra las respuestas al nuevo sistema de impuestos que llegará a Alemania desde Francia más pronto que tarde, y que altera al grupo social que la película retrata: los ricos. Eso sí, se alteran de la forma más cortés, discutiendo con pompa las implicaciones de tener que pagar una cuota de la misma forma que los sirvientes. El gran problema de la película es que Hausner no logra que nos impliquemos en lo contado, más allá de la ocasional risa ante lo extraño que nos parece todo. La evidente inspiración teatral y el pasmo vital de los personajes, que a veces desesperan por su pasividad, hacen que el espectador tenga que tener muy buena voluntad para mantener la atención, y eso no está bien cuando la cinta no llega a los 100 minutos. Con ese arma formal de doble filo, la peripecia está investida de una distinción especial, que encuentra en lo desdramatizado que está todo –hasta una acusación de adulterio es más ampulosa que sangrante– el arma ideal de contraste, donde hasta la muerte puede llegar por no atreverse uno a ser maleducado. | |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


    Ficha técnica
    Austria, Luxembugo, Alemania, 2014, Amour fou. Dirección y guión: Jessica Hausner. Reparto: Birte Schnoeink, Christian Friedel, Stephan Grossmann, Katharina Schüttler, Hana Sofia Lopes, Sebastian Hülk, Paraschiva Dragus, Rosa Enskat, Sandra Hüller. Fotografía: Martin Gschlacht. Productoras: Coop 99 / Amour Fou Luxembourg / Essential Filmproduktion GmbH.


    Póster: Amour Fou
    Feelmakers

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