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    Crítica | North Passage

    North Passage

    Apocalipsis externo, trauma interno

    crítica a North Passage (2014), dirigida por Kevin Pontuti. | ★★★ |

    North Passage comienza su escueto metraje reflejando la calma antes de la tormenta. Lanza al espectador a un desconcertante paraje lleno de serenidad antes de llevarnos a un presente caótico. Una familia monoparental prepara su equipación de montaña mientras las noticias hablan de un accidente a gran escala, un colapso en off (cosas del low-cost) que propicia un éxodo de la humanidad a volver a la naturaleza. El abuelo estaba preparado, y junto a un pequeño grupo y su familia, sobrevive sin tensiones. Tras pasar de paranoia esquizoide a cruda realidad, nuestros protagonistas se adaptan a su nuevo mundo. La primera parte del metraje nos da un contexto antes de centrar la cámara en la reseñable mirada de una de las hijas, nuestro interés a partir de ahora. La chica guarda un trauma que la hace impotente. Como todo Apocalipsis propicia un renacimiento interior, el destino le dará la oportunidad de enmendar su error con una situación convenientemente similar.

    El mayor riesgo de la apuesta de Kevin Pontuti, que parte de un guión de Charis Collins, urdido por ambos y Mimi French, es la idea de sostener los casi 60 minutos de metraje con apenas diálogos, confiando en el poder expresivo del reparto y las hermosas localizaciones, como creando una suerte de espiritualidad en una historia sin giros enrevesados ni sorpresas. El entendimiento entre los elementos presentes es más sensorial que de otro tipo, y la retraída mirada protagonista, femenina y adolescente, guía nuestro camino hacia su madurez. El tiempo que pasamos solos con Ella nos ayuda a comprenderla mejor, aunque la cinta se pierda a veces en una contemplación morosa del paisaje (se podría recortar su paseo con el perro) buscando una trascendencia que no llega. El recurso del momento musical que rompe la lógica de la narración es demasiado artificioso, y está tan visto que acaba resultando contraproducente.



    Lectura complementaria: Lullaby of the Apocalypse: Wisconsin’s Frontier from the 19th Century to North Passage — Devin Corbin. Press Kit de North Passage. Sobre su director, Kevin Pontuti, profesor de la Universidad de Wisconsin-Stout.

    El cineasta suple la escasez de medios con una decidida voluntad de discurso, poniendo la cámara en el lugar correcto y logrando que el montaje de las miradas hable por los personajes. Nada está enfatizado en exceso, y una vez la cinta se adentre en su segmento de cine más puro (toda la última parte), queda para el espectador hace las cábalas sobre el proceso de introspección de la protagonista, que recuerda el rapto de su hermana como el material del que están construidas sus pesadillas. La aparición de un perro, con su inherente bondad, sirve de contrapunto al agitado comportamiento de los humanos, en plena huida en un metafórico retorno a las cavernas. No es casualidad que la cámara apenas se detenga en el resto de los compañeros de la familia protagonista. Son todos nosotros.

    Casi como una versión menos severa de The road (John Hillcoat, 2009), North Passage avanza sin muchas palabras pero con una banda sonora omnipresente y una trama que se acaba revelando más rutinaria que original. A saber, en la noche de escapada de nuestros protagonistas, dos hombres les asaltaron y secuestraron a la hija mayor. La pequeña, una irregular Talula Pontuti, tuvo la oportunidad de deternerlos con el arma de su padre pero no tuvo el valor de quitar una vida. ¿El resultado? Un peso dentro que la entumece, aunque no parece que haya reproches. En un ejercicio a medio camino entre el drama realista de fantasmas (¿el jinete y la joven son reales?) y la película de terror, la chica tiene la oportunidad de detener una situación similar. Un collar funciona como objeto ambiguo para no revelar la identidad de la ¿segunda? chica asaltada. Lo único seguro es que el desenlace, que puede o no ser un febril sueño de una niña asustada y perdida, devuelve la calma a la familia protagonista. La misma calma que tiene el río que cierra y abre la historia. Un río, parece, lleno de secretos. | |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla


    Ficha técnica
    Estados Unidos, 2014. Director: Kevin Pontuti. Guión: Charis Collins, partiendo de una historia original de Kevin Pontuti, Mimi French y Charis Collins. Música: Jayson Collins, Jonathan Daniels, Dean Grangros, Kenzie Joy, Simon Sperl . Fotografía: Edmund Jakober. Reparto: Talula Pontuti, James Finn, Kurt Buetow, Sarah Howell, Bernie O´Meara, Don Roberts. Productora: Popple Creek Pictures.


    North Passage poster

    Outer apocalypse, inner trauma

    CRÍTICA A NORTH PASSAGE, TRADUCIDA POR MARTHA WALLEN

    North Passage is a succinct short film that begins by showing the calm before the storm. It hurls the spectator into a disconcerting setting full of serenity before carrying us to a chaotic present. A single parent family prepares its mountain-camping equipment while the news talks about an enormous catastrophe, an offstage collapse (due to low budget) that sets off an exodus of humanity towards nature. Grandfather was ready, and along with his small group and his family, he survives without drama. After passing from schizoid paranoia to crude reality, our protagonists adapt to their new world. The first part of the film gives us a context before centering the camera on the meaning filled glance of one of the daughters, our main interest from this point on. The girl embodies a trauma that makes her powerless. Like all apocalypses, this leads to an internal rebirth, and destiny will give her the opportunity to repair her mistake with a conveniently similar situation.

    The greatest risk of Kevin Pontuti's dare, which is based on a story by Charis Collins, devised by the two of them and also Mimi French, is the idea of maintaining the almost 60 minutes of filming with almost no dialogue, trusting in the expressive power of the rebirth and the beautiful settings, as if creating a spell of spirituality in a story without dramatic turns or surprises. The coherence among the elements that are present is more one of the senses than of anything else, and the distance gaze of the protagonist, female and adolescent, guides our path towards maturity. The time that we spend alone with Her helps us to understand her better, although the continuity is sometimes lost in a morose contemplation of the setting (her going around with the dog could have been shorter), seeking a transcendence that does not happen. Recourse to the musical part that breaks the logic of the narration is too contrived, and it is so obvious that it ends up being counter-productive.

    The cinematographer fills in the scarcity of means with a firm will for discourse, putting the camera in the right place and allowing the filming of the gazes to speak for the characters. Nothing is over-emphasized, and once the film goes into its purest cinematography (the whole last part), it is up to the spectator to form the superstitions about the process of introspection of the protagonist, who recalls the rape of her sister as the material from which her nightmares are constructed. The appearance of a dog, with its inherent goodness, serves as counterpoint to the agitated behavior of the humans who are fleeing as fast as they can to a metaphorical return to cave life. It is not mere coincidence that the camera hardly lingers over the rest of the companions of the protagonist family. They are all of us.

    Almost like a less harsh version of The Road (John Hillcoat, 2009), North Passage progresses with few words but with an omnipresent sound track and a plot that shows itself to be more routine than original. Specifically, in the night of the escape of our protagonists, two men attacked and kidnapped the older daughter. The other one, an erratic Talula Pontuti, has the chance to stop them with her father's gun but was not brave enough to take a life. The result? A weight inside of her that turns her to stone, although no reproach could be made. In an exercise halfway between the realistic drama of phantoms (are the horseman and the young girl real?) and the horror movie, the girl has the chance to stop a similar situation. A necklace serves as an ambiguous object to keep from revealing the identity of the second (?) attacked girl. The only certainty is that the ending, which may or may not be a feverish dream of a frightened and lost girl, returns the protagonist family to a state of calm. It is the very calm of the river that opens and closes the story. A river, it seems, full of secrets.

    Feelmakers

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