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    Crítica | Orígenes

    I Origins

    Falso positivo

    crítica a Orígenes (I Origins), dirigida por Mike Cahill, 2014

    Desde el punto de vista de un creyente, no hay nada mejor que un escéptico para probar la existencia de Dios, ya que éste invertirá todo el tiempo y los recursos de los que disponga en desmentir algo de cuya falsedad depende su existencia misma. Disculpe el lector que comencemos de manera tan ontológica, pero el nuevo “silogismo metafísico” de Mike Cahill, Orígenes (I Origins), parece probar con ese oxímoron científico que es la mecánica cuántica —hipotéticamente demostrable—, la existencia de la vida más allá de la muerte. Para conseguirlo, el director realiza una gran revisión bibliográfica de las teorías evolutivas de Darwin, del desarrollo del ojo, y de los pilares básicos de la ciencia que dejaron Einstein y Heisenberg, en los cuales se asienta la práctica totalidad conceptual de nuestro mundo contemporáneo. “Una partícula puede estar en un lugar, y en todos a la vez”, he ahí el concepto de omnipresencia expuesto de manera irrefutable. Obviamente, para probar de forma categórica una hipótesis de ese tipo hay que saber tergiversar ciertos postulados y dirigirlos hacia una interpretación que corrobore lo que se trata de explicar, de este modo, al igual que los creacionistas utilizaron la famosa prolepsis de Darwing concerniente a la complejidad del ojo humano para, sacándola vilmente de contexto, dar peso a su creencia espiritual, Cahill completa algunas de las nuevas conjeturas sobre la reencarnación ,con ciencia-ficción, para dar agilidad a una trama romántica que termina por ceder el rigor científico a una demagogia que, por otra parte, está bastante bien encaminada y gana enteros gracias a su originalidad y astucia.

    Para establecer la base argumental de la película, el realizador se ha servido del exitoso descubrimiento antropológico de National Geographic, en el que la famosa Afghan Girl fue encontrada, gracias a un proceso identificativo ocular, y fotografiada nuevamente 17 años después por McCurry, para protagonizar otra de las míticas portadas de la revista del marco amarillo. La trama sigue a Ian Gray, un físico estudiante de doctorado que, en una fiesta de Halloween, conoce a una misteriosa chica por la que se siente atraído instantáneamente gracias a sus ojos, que son la única parte de su cuerpo no cubierta por el disfraz que viste. Su atracción está fundamentada en la obsesión de Ian por fotografiar los ojos de desconocidos, un pasatiempo muy ligado a su trabajo como biólogo molecular especializado en el desarrollo ocular. Tras un encuentro sexual algo accidentado, la chica (cuyo nombre desconocemos hasta el momento) desaparece sin dejar rastro. Sin embargo, esos ojos tan atractivos llevarán al protagonista, por medio de un cartel publicitario, a reunirse de nuevo con la huidiza enmascarada, comenzando así una relación amorosa. Sofi, cuyo nombre se ha dado a conocer al tiempo que el resto de su rostro, dice haber mandado “psíquicamente” una serie de señales, bajo la repetición de la cifra 11, a Ian para que éste la encontrara. También asegura que ya se conocían de otra vida, por lo que de partida nos topamos con un claro ejemplo de esos polos opuestos que se atraen, mientras comienzan una cariñosa lucha por tratar de hacer entender al otro sus dispares puntos de vista sobre la existencia. El trabajo del protagonista consiste en demostrar fehacientemente la inexistencia de un ser superior. Para ello trata de desarrollar un ojo funcional en un gusano cuyo ADN sea compatible con el experimento. 

    I Origins
    Orígenes (I Origins), de Mike Cahill. Presentada en el Festival de Sundance y apertura de Karlovy Vary 2014
    Partiendo desde cero, con la pureza de la muestra como referente, será la única forma de proporcionar datos científicos sobre cada paso de la evolución, dejando así las suposiciones creacionistas sin ningún argumento sustancial. Ella por el contrario opina que, del mismo modo que los gusanos no pueden ver al ser humano, superior respecto a ellos y existente, los hombres no pueden percibir seres o sensaciones del “más allá” aunque existan. Todos los estudios metafísicos se enfrentarán, hacia la mitad del metraje, a un cambio paradigmático que servirá de puerta de acceso a una nueva concepción empírica basada en lo inexplicable. Ese proceso de apertura mental, que afrontaron muchos físicos una vez que los postulados cuánticos empezaron a cobrar sentido, será representado por los protagonistas en una escena que expone, concisa y entendiblemente, la relatividad interpretativa de cada supuesto antes de convertirse en acción: “Si tiro 100 veces este teléfono contra el suelo, con que tan sólo una de ellas no llegue a caer, sino que quede suspendido de alguna manera en el aire, el tiempo y el esfuerzo empleado habrán merecido la pena.” Este sencillo razonamiento explicaría las claves hipotéticas que dan fuerza a la mecánica cuántica, donde la presunción sostiene el éxito irrealizable de la ejecución. Sólo cuando Ian desatienda momentáneamente el sentido de la vista, dejando al resto desarrollarse, la película dará a conocer su vertiente más espiritual que tratará de mostrar la posibilidad de la reencarnación basándose en la teoría de cuerdas (complementada con el contrato de ficcionalidad) que expone que la materia no existe, al menos no como la entendemos. Ésta se haría visible —concepto forma y movimiento— dentro de nuestro cerebro como una ilusión sensorial, ya que se ha demostrado que todo lo que compone nuestro universo es energía e información. Entender esto es fundamental para saber que cuando hablamos de cuerpo, en realidad nos referimos a un campo electromagnético de energía que vibra.

     I Origins
    Brit Marling, co-protagonista del cuento existencial del mago del romantic sci-fi Mike Cahill
    Esta nueva perspectiva (ya en la segunda parte del filme, separada de la primera por un flash-forward de siete años) guiará al protagonista, ayudado por sus colegas de laboratorio, en un viaje iniciático que comenzará gracias a un olor. El recuerdo producido al percibir el perfume de una camarera lleva a Ian a una fase de auto-descubrimiento y reformulación de sus convicciones. Recientes experimentos en el campo de la neurología han comprobado que la actividad creada en nuestro cerebro al ver un objeto, es la misma que la que se produce al imaginar dicho objeto. Por lo tanto, si el cerebro registra la misma actividad al ver que al sentir, quiere decir que las redes neuronales de ambos procesos están conectadas; por lo tanto, ¿Cómo distinguimos lo real de lo imaginario? O, atendiendo al planteamiento del director, ¿Es posible encontrar a una misma persona en diferentes momentos temporales con apariencias distintas? Cahill expone un planteamiento resolutivo muy seguro y, aunque abierto a la interpretación personal del espectador (más o menos receptivo respecto a este tipo de ideas), la acertada presentación audiovisual y el hábil uso que hace de diversos objetos repetidos con función narrativa diegética, como el cartel publicitario o el ascensor, darán a la obra un original giro argumental y una entrañable sensación optimista con la que obtener nuestras propias conclusiones finales. | |

    Alberto Sáez Villarino
    redacción Dublín (Irlanda)


    Estados Unidos. 2014. Título original: I Origins. Director: Mike Cahill. Guion: Mike Cahill. Duración: 113 minutos. Productora: Verisimilitude / WeWork Studio / Bersin Pictures. Montaje: Mike Cahill. Música: Will Bates, Phil Mossman. Intérpretes: Michael Pitt, Brit Marling, Astrid Bergès-Frisbey, Steven Yeun, Archie Panjabi, Kashish, Cara Seymour, William Mapother, Venida Evans, Ako Dorien Makhloghi, Charles W. Gray, John Schiumo, Farasha Baylock, Christopher Santamaria, Sebastian Santamaria, Rhonda Ayers, Crystal Anne Dickinson, Venida Evans. Presentación oficial: Festival Internacional de Sundance 2014.


    Póster: I Origins
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