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    Crítica en Serie | Ray Donovan (Temporada 2)

    Ray Donovan (Temporada 2)

    Una temporada dispersa

    crítica a Ray Donovan (2014-) | Temporada 2

    Showtime | 2ª temporada: 12 capítulos | EE.UU, 2014. Creadora: Ann Biderman. Directores: John Dahl, Dan Attias, Michael Uppendahl, Guy Ferland, Tucker Gates, Liev Schreiber, Phil Abraham. Guionistas: Ann Biderman, Ron Nyswaner, David Hollander, Brett Johnson, Michael Tolkin, Cheo Hodari Coker. Reparto: Liev Schreiber, Paula Malcomson, Jon Voight, Eddie Marsan, Steven Bauer, Kerris Dorsey, Devon Bagby, Dash Mihok, Katherine Moennig, Pooch Hall, William Stanford Davis, Elliott Gould, Brooke Smith, Octavius J. Johnson, Michael McGrady, Wendell Pierce, Hank Azaria, Sherilyn Fenn, Vinessa Shaw, Steph Duvall, Brian Geraghty, Ambyr Childers, Peter Jacobson, Omar J. Dorsey, Rosanna Arquette, Kip Pardue, Andrea Bogart, Jeryl Prescott. Fotografía: Robert McLachlan, Loren Yaconelli. Música: Marcelo Zarvos.

    La segunda temporada de Ray Donovan termina de manera similar a la primera, con un fotograma congelado. La diferencia entre ambas imágenes (la familia Donovan descansando en la playa vs. Ray mirando directamente al espectador) sirve casi para distinguir también las temporadas. Los primeros 12 episodios formaban un todo bastante redondo, una historia con la clásica estructura comienzo-nudo-desenlace que en su momento atribuí al hecho de que la creadora Ann Biderman prefería no arriesgarse a cerrar con muchas tramas abiertas si su serie era un fracaso. Vistos estos nuevos 12 capítulos, quizá la historia debió terminar efectivamente en esa instantánea en la playa. Algunas de las mayores virtudes de la serie, como su elegancia visual, lo conciso de las historias y la sensación de control se han perdido en virtud de una puesta en escena más funcional (quizá por los nuevos directores de fotografía) y una dispersión narrativa insólita hasta ahora, que reparte subtramas para cada personaje pero sin dar a varios de estos el tiempo suficiente para que susodichas subtramas respiren. Bunchy en especial, tan fundamental en la primera tanda, se ha desvanecido en su historia de rehabilitación, muy interesante pero demasiado fragmentada. Lo mismo podría decirse de Terry, que aunque tiene más o menos el mismo tiempo en pantalla, solo ha pasado por una emoción concreta, y ya está. Avi ha perdido contexto, y Lena ha dejado de existir incluso más de lo que ya no-existía. La historia original se continúa escrupulosamente, pero la inclusión de una nueva galería de personajes y su interacción con los ya presentes ha dificultado el crecimiento de todos. Parecía inevitable.

    La temporada arranca poco después de la muerte de Sully en los muelles a manos de Mick. El agente Barnes se ha llevado el mérito oficial y todas las condecoraciones. Ray y Abby están en terapia para solucionar sus problemas. Bunchy asiste a un grupo de rehabilitación para chicos que fueron violados por curas, y Mick está haciendo felizmente su vida en México. La intervención de Robert Cochran, nuevo jefe del FBI, para saber qué pasó de verdad en la muerte de Sully, removerá los problemas y pondrá en marcha otros. Todo se complica más con la llegada a Los Ángeles de una periodista que escribe sobre Sully y el regreso de Marvin a la vida de Bridget, que tendrá trágicas consecuencias. El tema recurrente en la serie es el peso de la familia, la importancia de la sangre. Ray Donovan trata  grosso modo sobre la popular expresión “los pecados del padre”, y los cuatro hermanos Donovan tratan de no repetir los errores de Mickey (el flamante ganador del Globo de Oro Jon Voight, de nuevo estupendo) pero sin poder evitar verse envueltos en sus líos. Darryl existe como el bastardo en busca de aprobación constante, ya que parece que los demás han aprendido la lección.

    Ray Donovan (Temporada 2)

    La subtrama del matrimonio Donovan asistiendo a terapia despertó hace unos meses injustas comparaciones de la serie con la monumental Los Soprano (1999-2007), comparaciones que continuaron cuando la temporada hurgó en los crecientes problemas del matrimonio, que culminan en sendas aventuras extramaritales, y el inesperado giro de la trama que convierte a Ray en un papá oso letal. Ambas series no tienen mucho que ver, especialmente porque Ray Donovan está más conducida por la trama mientras que la acción en Los Soprano la movían los personajes. Biderman y sus guionistas abren tantos hilos narrativos (las apariciones de Linda o solo de su voz, el sexo en grupo, Irlanda, el gurú de autoayuda, la nueva casa en Trousdale) que al final resulta imposible coserlos de forma satisfactoria. Solo las tramas de Shorty y Mick y la investigación de Kate resultan memorables, quizá porque ambos son arquetipos (el perdedor sin suerte, la reportera intrépida) cuyo destino pesa en el espectador por el carisma impreso por los magníficos trabajos de Steph Duvall y Vinessa Shaw.

    La temporada ha perdido la estructura del “trabajo semanal de Ray” en su labor como solucionador de problemas de los niños grandes de Hollywood. La trama está ahora más concentrada, y todas las ramificaciones se doblan sobre sí mismas para volver al personaje que da nombre a la serie. Muy bien interpretado por Liev Schreiber, que además debuta como director en la serie con Walk this way (2.7), Ray ha visto como su universo se desmoronaba paso a paso en esta tanda de episodios. La salida de Mickey de la cárcel al principio de la serie desató un huracán cuyas repercusiones siguen pasando factura a su hijo. Incapaz de asumir su abuso en la infancia, Ray gestiona las cosas con violencia y se mueve por instinto, transmitiendo una falsa sensación de seguridad y control. Quizá su imprevisibilidad como personaje haya afectado el equilibrio de la serie, pero lo cierto es que la crónica de desintegración familiar que narra la temporada se antoja demasiado pronto. Viendo los resultados, no es muy sorprendente la noticia de que Ann Biderman deja su puesto como showrunner de cara a la tercera temporada, concedida hace apenas un mes. La versión oficial es que Biderman tenía un contrato de dos años y ha optado por no renovarlo. ¿Habrá sido la errática segunda temporada el resultado de una batalla cadena/creadora? El desenlace quiere dejar con algo de prisa a varios personajes en lugares tranquilos y sitúa a Ray en una posición muy comprometida, eliminando asideros uno tras otro en un retorcido ejemplo de su eficacia como solucionador. Acaba la temporada sumido en la tristeza, metido en varios líos de lo más gordos... pero con una familia que le vuelve a querer. Porque papá oso ha hecho lo que debía. | ★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla



    El fulgor efímero

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