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    Mostra de Venecia 2014 | Séptima jornada

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    Historias de vida y muerte

    Crónica de la séptima jornada de la 71ª edición de la Mostra de Venecia

    Amanecía La Biennale con un paisaje que no despertaba mucha confianza en esta séptima jornada del festival veneciano. A las malas impresiones cosechadas por los trabajos de Saverio Costanzo y Mario Martone —y en general, de esta paupérrima sección competitiva—, se sumaba el decrecimiento de gran parte del sector crítico —concretamente, el anglosajón— que, sin muchas lamentaciones, marchaba de buena mañana hacia Toronto, el nuevo centro neurálgico del septiembre cinematográfico, en busca de un producto de calidad garantizado que sólo pudo vislumbrarse en la Mostra en su jornada de apertura. Los que aguantaron el tipo, ya sea por oficio o por fidelidad, pudieron disfrutar de dos de los trabajos más ácidos y crítico-sociales que se han podido ver en la isla de Lido: A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence, de Roy Andersson y Nobi, de Shinya Tsukamoto. Películas que, sin lugar a dudas, habrán hecho que la paciencia haya merecido la pena y, de paso, levantar a una Venecia baja de ánimos.

    Nobi

    Nobi

    Dirigida por Shinya Tsukamoto.
    Reparto: Shinya Tsukamoto, Yusaku Mori, Yuko Nakamura, Tatsuya Nakamura.
    Japón, 2014
    Competición | Venezia 71

    Tsukamoto no se queda corto, en cuanto a controversia se refiere, y presenta este trabajo antibelicista ambientado en el frente japonés durante la Segunda Guerra Mndial. La explicitud de alguna escena parece haber herido sensibilidades entre el público asistente, hecho que no ha impedido que la película sea tachada como un filme protesta tan desgarrador como eficaz. El realizador japonés, uno de los mayores representantes en su país del movimiento “cyberpunk”, que se ganó el respeto general con su aclamada Tetsuo, el hombre de hierro (1988) —respeto que se vio resentido por culpa del remake de la misma película—, se vale ahora de una estructura narrativa psicológica, basada en entrevistas, que trata de relatar el horror y el sufrimiento como expresión de la más absoluta incomprensión. Brutal e incómodo retrato de lo absurdo y despiadado que puede llegar a ser el comportamiento humano.

    «La película nos sacude para exponer los indecibles crímenes de guerra contra la población civil. Expresando su sentimiento anti-guerra en un sostenido grito desgarrado, su visionado no es fácil, pero resulta altamente gratificante. Deborah Young». The Hollywood Reporter.

    «Rodada cámara en mano, propulsada por por ese nervio feroz y brutal que tanto y tan bien caracteriza el pulso tras la cámara de su icónico director, principalmente articulada a través del simple plano-contraplano, Tsukamoto concibe de forma abrupta, extrema y contundente un artefacto fílmico descarnado y tortuoso. Un survival abrasador y abrumador que tampoco da la espalda a los distintivos toques de serie B que distinguen la obra de su padre y autor, valiéndose puntualmente del gore, coqueteando de forma rotunda y cruel con el canibalismo, o incluso incurriendo en la autoantropofagia, es decir, lo que supone comerse uno a sí mismo. Ahí es nada. Primitiva y soez, como la guerra. Será otra de las grandes protagonista de esta Mostra». Joan Sala. Filmin.

    «La película es un exorcismo histórico sin paliativos, una crónica negra de las mayores atrocidades de las que es capaz el ser humano –uno de los temas recurrentes del film es la caída de los soldados japoneses en el precipicio del canibalismo–. Entre la maraña de cuerpos putrefactos que embrutece la pantalla, Tsukamoto busca continuamente la mirada atónita y acongojada del protagonista. Algo nada extraño si tenemos en cuenta que ‘Fires on the Plain’ es una película sobre la mirada: de un soldado al horror, de un país hacia su innoble historia». Manu Yáñez. Fotogramas.

    «Se trata de trasladar a la pantalla la sensación espesa, salada y clara de la sangre, de la carne. Brutal e inmisericorde». Luis Martínez. El Mundo.

    «Tsukamoto invierte en impactantes efectos visuales y de sonido, suponiendo que la mejor manera para ofrecernos una idea de la guerra es golpearnos con el mayor número posible de sus horrores sensoriales. Eso no es guerra, eso es tortura». Peter Debruge. Variety.




    A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence

    A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence

    En duva satt på en gren och funderade på tillvaron.
    Dirigida por Roy Andersson.
    Reparto: Holger Andersson, Nisse Vestblom .
    Suecia, 2014
    Competición | Venezia 71

    El sueco Roy Andersson pone punto y final a esa ambigua trilogía que ahonda en —nadie sabe muy bien la temática concreta— la existencia humana. Andersson se muestra tan firme como de costumbre mientras hace gala de un trasfondo metafórico tan concienzudo como el de su compatriota Ingmar Bergman, aunque cambiando el surrealismo poético de éste por el crudo realismo moderno de Ibsen. El realizador sueco, empeñado en describir el estado emocional e ideológico de su país, y esa represión anímica (a su juicio) detonante de gran parte del comportamiento violento de la sociedad contemporánea, está dispuesto también a ofrecer una visión fatalista de la decadencia moral que azota a Escandinavia, eso sí, sin perder de vista su particular enfoque humorístico. La muerte, en su versión más aberrante, y la forma de vivir de los fracasados que todavía permanecen en este mundo serán los pilares de esta sátira con tintes históricos.

    «Apoteósicas virtudes al servicio de una película majestuosamente lángida, tan sórdidamente reflexiva en su vertiente social como portentosamente minimalista en su registro artístico. Una obra casi maestra, prácticamente perfecta. Solo nos queda esperar cuatro años o más, a su próxima película, para la que por cierto, el cineasta escandinavo afirma que ya tiene título: "La cuarta parte de una trilogía". Mejor no podía empezar». Joan Sala. Filmin.

    «Andersson completa su trilogía existencial con una cinta tan divertida como desesperada; absurda hasta la más brutal coherencia». Luis Martínez. El Mundo.

    «Las extravagantes reflexiones de Roy Andersson sobre la vida moderna son extrañamente memorables y relevantes, a menudo deliciosas aunque raramente para reírse a carcajadas». Deborah Young. The Hollywood Reporter.

    «Coloca a Roy Andersson en la misma casilla que Beckett y TS Eliot, y capta más plenamente que tal vez cualquier otra película; la terrible, gloriosa y absurda existencia de un ser humano». Jessica Kiang. Indiewire.

    «El último capítulo de la trilogía cómica de Roy Andersson sobre la existencia de un ser humano introduce de nuevo tres docenas de brillantes viñetas absurdas». Peter Debruge. Variety.

    «El director maneja hábilmente el running gag (variaciones de una secuencia al teléfono, a cada cual más divertida, a medida que se hace recurrente en la cinta) y distingue su última obra de sus precedentes trabajando su ritmo para que parezca un poco menos un simple encadenamiento de imágenes inclinadas a la abstracción». Domenico La Porta. Cineuropa.

    «La contundente metáfora desgarra el espíritu del espectador, pero a la postre son otras estampas las que dejan un poso mayor: dos jóvenes tumbados en la playa acariciándose, un grupo de soldados pagando sus tragos de alcohol con apasionados besos, o un grupo de personas ayudando a un hombre mayor, casi inválido, a ponerse su chaqueta. Escenas en las que Andersson se esfuerza por evocar un halo de humanidad, pero que revelan su incapacidad para trascender el brutal distanciamiento que impone su cine y dotarlo de auténtica vida». Manu Yáñez. Fotogramas.





    artículo por Alberto Sáez Villarino & Emilio Luna.
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