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    Crítica | Los dueños

    Los dueños

    La rebelión silenciosa

    crítica a Los dueños | dirigida por Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, 2013

    Decía el escritor y filósofo francés Bovier de Fontenelle que cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas. En estos últimos años, en los que un cierto conformismo en el juego de clases ha mantenido funcionando al mundo en su anormal equilibrio, puede que todos nos hayamos acostumbrado un poco al orden predispuesto de las cosas, entendiendo que nuestro lugar estaba ya escrito y, ya puestos, no vamos a dar problemas a nadie. El cine, en ocasiones, se centra en aquellos osados que se atreven a moverse de su sitio justo para poder salir en la foto. Y es el cine de grandes presupuestos, que apela a un cierto espíritu de superación (pilar de la sociedad yanqui), el que exprime a los personajes que se levantan, que explotan y cuyo sufrimiento consigue cambiar el mundo. Pero si olvidamos a las Norma Rae y las Erin Brockovich que tan bien quedan en pantalla, encontramos una especie de rebelión cauta, sin alzar la voz, que poco a poco va haciendo mella hasta conseguir darle la vuelta a la tortilla y conquistar sus pequeños logros personales. Y son justo estas historias las que requieren de un cine más sensible, que poco a poco va alzando la voz y mostrando su calidad. En este sentido, la maquinaria hollywoodiense no puede acercarse a la lucha de clases del mismo modo que la emergente industria sudamericana.

    De esta reflexión nace Los dueños, que pone frente a frente al rico y al pobre, al culto frente al ignorante, y crea lazos entre ellos para mostrar un tira y afloja sutil, que subyace argumental y cinematográficamente, para retratar que las verdaderas fisuras al conformismo son aquellos actos de rebeldía que se producen en el día a día y que se convierten en nuestra rutina contestaría. Para ello, Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, el tándem que dirige la película, se trasladan al interior argentino para relatar cómo una familia de granjeros disfrutan de los placeres de la vida acomodada mientras los dueños del rancho que tienen a su cuidado se encuentran fuera. Ven la televisión, beben, fuman, duermen en buenas camas… Como escribió Sabina, «qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad». Pero tienen que volver de manera atropellada a su pequeño cuchitril cada vez que aparecen los dueños, siempre sin avisar.

    Los dueños

    Agustín Toscano y Ezequiel Radusky, provenientes del teatro, consiguen que su película hable a través de la imagen. Se desprenden de cualquier tic propio de las tablas para trascender la palabra y explicar visualmente los conflictos subyacentes. De este modo, eluden constantemente el uso explicativo del diálogo y hacen florecer la psique de los personajes con la utilización de un tempo narrativo basado en la imagen, necesario para explicar todo lo que se esconde tras la superficie. Esta dicotomía de rico/pobre, culto/ignorante, la extienden más allá hasta convertirla en una juego entre la concepción compleja y psicológica de las relaciones humanas frente a la sencillez y pureza de la interacción cotidiana. Y así, por muy diferentes que puedan ser, resulta inevitable su atracción, como dos polos opuestos que se acercan peligrosamente el uno al otro. Los dueños son individuos inseguros, con un complejidad sentimental que les hace infelices y les impide disfrutar de la vida. Y es esta infelicidad la que empuja a su protagonista a mirar hacia el otro extremo y buscar unos brazos que la entiendan. Es su forma de rebelarse contra su mundo establecido. Por el contrario, la vida simple y sin artificios de los cuidadores de la masía encuentra su pequeño triunfo en habitar la casa de los ricos en su ausencia.

    Así, aquellos que en principio parecían antagónicos resultan anhelarse unos a otros, aunque la naturaleza del deseo sea diferente. De la misma manera que el imponente árbol se refleja en la piscina de la casa y muestra su imagen invertida, parece también que el mundo se haya vuelto del revés. Toscano y Radusky apuestan por una visión cercana al absurdo de esta inversión, manejando con maestría las situaciones y aportando un toque necesario de humor negro para recalcar que, si bien el anhelo del pobre resulta comprensible, el anhelo del rico es fruto de su vacuidad emocional, su incapacidad de mantener relaciones sanas con todo aquello que le rodea. | |

    Víctor Blanes Picó
    redacción Barcelona


    Argentina, 2013, Los dueños. Dirección y guión: Agustín Toscano, Ezequiel Radusky. Productoras: Rizoma Films / Gente No Convencida / INCAA / Ente Cultural de Tucumán. Fotografía: Gustavo Biazzi. Reparto: Rosario Bléfari, Germán de Silva, Sergio Pina, Cynthia Avellaneda, Liliana Jiménez.


    Cartel: Los dueños
    El fulgor efímero

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