Introduce tu búsqueda

  • Dos ventanas al vacío.
    A Ghost Story, de David Lowery.

    Cock-a-Doodle Dandy.
    Free Fire, de Ben Wheatley.

    En la sombra de la Bohemia.
    Especial 52º Festival de Karlovy Vary.

    Feminismo bizarro.
    Love Witch, de Anna Biller.

    Crítica | Destino Marrakech

    Destino Marrakech

    Multiculturalismo pijo

    crítica de Destino Marrakech | Exit Marrakech, de Caroline Link, 2013

    Hay una llamativa tendencia en la Europa moderna, cosmopolita y de clase acomodada que podríamos definir como “el síndrome de la Alianza de Civilizaciones”. Quizá les suene el perfil: el “niño bien”, educado en los mejores colegios, que vive en una cómoda casa de barrio residencial con jardín y dos pisos. Pero al que de vez en cuando le apetece salir de la jaula de oro, colgarse la mochila al hombro e ir a explorar algún país exótico a impregnarse de “otras culturas” y ampliar la mente. De él se nutre la nueva cinta de la oscarizada Caroline Link: Destino Marrakech, que utiliza como telón de fondo una Marrakech vista, en buena medida, bajo este prisma que tiene mucho de la mentalidad del adolescente deseoso de descubrir en lo diferente, lo exótico, una forma de libertad.

    Y es precisamente un adolescente uno de los dos protagonistas, ambos personajes típicos de familia desestructurada moderna: Ben (Samuel Schneider), el púber pijo-pero-rebelde y demasiado listo como para ser buen estudiante. Empeñado en mostrarse insumiso ante todo y especialmente ante su padre (interpretado por Ulrich Tukur, uno de los actores más prestigiosos en Alemania), un escritor de teatro divorciado que alterna el pasotismo con los intentos de tratar a su hijo haciéndose el “colega”. Link arranca la historia juntándolos a ambos en Marrakech durante las vacaciones de verano. Lo que da pie a una pareja protagonista con un interesante contrapunto entre el adolescente rebelde, ávido de sensaciones, frente al cincuentón cínico, desengañado de todo.

    Así, Destino Marrakech toma claro partido por la opción vital de Ben y se deja contagiar por su fascinación por la ciudad marroquí. Algo que se hace sentir en los planos donde la cámara se zambulle entre las callejuelas siguiendo el dejarse perder de su protagonista. La directora, en su búsqueda de la naturalidad en estas escenas de exteriores, recurrió incluso a los teleobjetivos para rodarlas desde los balcones, dejando así que la ciudad actuara con autenticidad. La fotografía se tiñe de colores fuertes, cálidos, y fotogramas bulliciosos donde reina una vitalidad teñida del exotismo que la mirada de un turista hacia una cultura ajena ve en cualquier detalle.

    Destino Marrakech

    Pero, pese al contagio de la fascinación de Ben, la película sí subraya algo que su protagonista parece pasar por alto: la grieta insalvable entre culturas. La imposibilidad de que el turista, por mucho que se sumerja en su viaje, deje de ser turista. En este sentido, la subtrama de Ben con la joven prostituta marroquí, a la que frecuenta una noche y decide acompañar para conocer su pueblo y su familia, ofrece un retrato de esta doble cara. De cómo el turista sediento de experiencias “diferentes” observa con ojos de mero curioso impertinente todo un drama familiar, el de una mujer repudiada por su familia por llevar un hombre a casa pese a que aceptan el dinero que gana “haciendo la calle”. Lo que también da cuenta de la verdadera cara que una sociedad, cuando no está ocupada tratando de fingir encanto, deja salir a la luz.

    Esta lectura que va un poco más allá del buenrollismo multicultural quizá sea el matiz más rico de Destino Marrakech. Si bien la subtrama no termina de rematar la faena. Porque el tratamiento de esta cara oculta del exotismo no se aparta apenas del barniz naïf que cubre a todo el metraje. Y porque Link opta por darle un giro brusco a la historia y convertir su segunda parte, despachadas las aventuras marroquíes de Ben buscando su libertad, en una “road-movie” de reconciliación padre-hijo. Y llegada a este punto, la película se desinfla ostensiblemente, cayendo en una serie de puntos de giros desconcertantes hasta culminar en un final rico en edulcorante, que cierra la nueva obra de Link como una película ligera, colorista y fácilmente olvidable. | |

    Miguel Muñoz
    redacción Madrid


    Alemania, 2013. Directora: Caroline Link. Guión: Caroline Link. Productora: Desert Flower Filmproduktion GmbH / Erfttal Film-und Fernsehproduktion / B.A. Produktion / MTM West Television & Film / Studiocanal Film / ARD-Degeto / BR / WDR / ARTE. Presentación: Festival de Munich 2013. Fotografía: Bella Halben. Banda sonora: Niki Reiser. Montaje: Patricia Rommel. Reparto: Ulrich Tukur, Samuel Schneider, Hafsia Herzi, Marie-Lou Sellem, Josef Bierbichler.


    Cartel Destino Marrakech
    Feelmakers

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Festivales

    • El cine de Olivier Assayas. Una mirada a su filmografía

      Por Ignacio Navarro / «Todo lo que se necesita para hacer una película es una mujer y una pistola. Esta frase un tanto discutible (por lo sexista) la pronunció Jean-Luc Godard, nada menos que el estandarte de esa corriente tan identificable del cine como fue la Nouvelle Vague...».
    • Las 10 mejores películas de Luis Buñuel

      Por Alberto Sáez Villarino. «A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton: Un perro andaluz y La edad de oro...».
    • Monstruos que huyen, monstruos que persiguen, monstruos que observan: M, el vampiro de Düsseldorf

      Por Elisenda N. Frisach. «Fue a mediados del siglo pasado, cuando Europa se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial mientras se encaminaba a una tercera contienda de alcance planetario –aunque esta vez marcada por un equilibrio del terror conocido como «Guerra Fría»–, que el historiador francés Daniel Halévy publicó su libro Ensayo sobre la aceleración de la historia (1948), donde, entre otras cosas, determinaba el espíritu de nuestra época; un zeitgeist marcado por la constante transitoriedad tecnológica y científica...».

    Classics

    [12][Trailers][slider3top]