Introduce tu búsqueda

  • Cenotafio faraónico.
    «Blade Runner 2049», de Denis Villeneuve.

    Especial Festival de San Sebastián.
    Cobertura completa de la 65ª edición.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    Crítica | El misterio de la felicidad

    El misterio de la felicidad

    Tras la pista del ausente

    crítica de El misterio de la felicidad | dirigida por Daniel Burman, 2013 | ★★★

    Definitivamente, el dinero no trae la felicidad. Esta podría ser una de las varias moralejas que se podrían extraer de la historia que nos ocupa. A Santiago y Eugenio les une mucho más que su relación de socios en un próspero negocio de electrodomésticos, ya que han sido amigos íntimos desde los tiempos de la secundaria. La simbiosis entre ambos, casi sin palabras, es tal, que pudiera parecer que la vida diaria de uno sin el otro no tendría el mismo sentido. Esta idílica rutina se rompe cuando, de la noche a la mañana, Eugenio desaparece sin dejar rastro. Santiago ni se plantea que su media naranja laboral y amistosa se haya podido largar por su propia voluntad, ya que, a su parecer, tenían todo en la vida para ser plenamente felices. En el caso de Eugenio, incluso, compartía matrimonio con Laura, una bella mujer que renunció a sus estudios e independencia económica por vivir a su sombra. Santiago y Laura no saben cómo continuar sus existencias tras esta ausencia, por lo que se unen en una búsqueda de respuestas que les lleva a romper, poco a poco, el cordón umbilical de dependencia que les amarraba a Santiago. Esta es la idea argumental sobre la que se edifica El misterio de la felicidad (2013), todo un fenómeno comercial en Argentina, donde fue la película más taquillera durante los seis primeros meses del año. Viene abalada por la buena mano de su director, Daniel Burman, para retratar sentimientos con un tono de humor, a veces, cercano a la psicología del mismísimo Woody Allen. Fue el caso de su obra más laureada, El abrazo partido (2003) –que también hablaba de un hombre que abandonaba a su familia, anteponiendo sus ideales– o de El nido vacío, en donde encontramos otra historia de redescubrimiento del amor en la madurez. El misterio de la felicidad vuelve sobre temas y caminos ya transitados por el realizador para ofrecernos una tierna y, a ratos, divertida reflexión sobre la necesidad que cada individuo tiene de encontrar la felicidad en la vida, aun cuando tenga que renunciar a todo lo que tiene por empezar de cero.

    La secuencia inicial de la película, estupenda en su exageración, muestran el día a día cotidiano de la pareja Santiago-Eugenio, cómo llegan por la mañana al trabajo en sus coches idénticos, van a comer al mismo restaurante –pagando la cuenta a medias–, comparten partido de paddle junto a otros amigos o acuden a la hípica a apostar en las carreras de caballos. Cada movimiento y gesto de ambos hombres está simétricamente coordinado –hasta el punto de ir al baño al mismo tiempo–, lo que hace sospechar que nos vamos a encontrar con una comedia con su punto disparatado. Falsa alarma. La inmediata salida de la ecuación del personaje de Eugenio, en cuya mirada de atisbaba un aire de insatisfacción que sí contrastaba con la sonrisa de oreja a oreja de Santiago, facilita el choque de trenes que supone el encuentro entre éste último y Laura, ambos competidores por ser el que más conocía los entresijos de la mente y el corazón del desaparecido. La película toma unos derroteros de investigación “de andar por casa” al estilo de la inolvidable Misterioso asesinato en Manhattan (Woody Allen, 1993), donde unos formidables Diane Keaton y Woody Allen le ponían un poco de sal a su monótona vida conyugal, ejerciendo de improvisados detectives de un posible crimen. De igual modo, Santiago y Laura visitan locales de bailes o casas de masajes frecuentados por Eugenio, buscando alguna pista que les pueda conducir a su paradero, en una narración algo lineal y sin demasiado espacio para la sorpresa, únicamente sostenida por el buen hacer de sus actores. El habitualmente cómico Guillermo Francella sale más que airoso de un papel cercano al drama, ese Santiago que parece casi dibujado a la medida de alguien con la versatilidad de Ricardo Darín, pero si alguien se adueña de la pantalla, aportando los diálogos más divertidos y chispeantes de la cinta, esa sería Ines Estévez. La actriz realiza una afortunadísima creación en su papel de esposa estafada sentimentalmente, abandonada, adicta a las pastillas –que se toma por colores, sin mirar para qué van destinadas– y de verborrea incontenible. Su Laura va destapando sus capas conforme avanza la historia, transformándose en una seductora y tierna nueva mujer dispuesta a recuperar los años perdidos.

    El misterio de la felicidad

    Como la mayoría de filmes de su director, El misterio de la felicidad es una propuesta que peca de irregularidad, con algunos momentos simpáticos y encantadores –la química entre Francella y Estévez se presta a ello con facilidad– en medio de una premisa que no termina de arrancar, desinflándose en la primera hora de metraje, cuando al espectador ya le importa poco o nada conocer el paradero de Eugenio. Indudablemente entretenida, con cierta inteligencia en el guión del propio Burman –en colaboración con Sergio Dubcovsky– que la hacen una propuesta interesante para un público maduro, y con una bonita selección de temas musicales añejos para acompañamiento del romance otoñal, la cinta se deja ver con la misma facilidad con la que desaparece de la memoria al poco tiempo de su visionado, tal vez por su falta de auténtica trascendencia. Eso sí, a pesar de ser una obra menor dentro de la filmografía de Burman, El misterio de la felicidad ya es notablemente preferible a la mayoría de apuestas de similares características que nos llega desde Hollywood. | |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria


    Argentina. 2013. Título original: El misterio de la felicidad. Director: Daniel Burman. Guión: Daniel Burman, Sergio Dubcovsky. Productora: BD Cine / Total Entertainment / Telefé. Fotografía: Daniel Ortega. Música: Nico Cota. Montaje: Luis Barros. Intérpretes: Guillermo Francella, Inés Estévez, Fabián Arenillas, Alejandro Awada, Sergio Boris, María Fiorentino.


    Póster El misterio de la felicidad
    El jardín

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Festivales

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Extras

    Premios

    [12][Trailers][slider3top]