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    Críticas | Palo Alto, de Gia Coppola

    Palo Alto, de Gia Coppola

    El anuncio de Loewe de Gia Coppola

    crítica de Palo Alto | Gia Coppola, 2013 | ★

    Ay, la familia Coppola. Entre quienes no han sabido retener lo que una vez fueron, los que se pasean por cualquier tipo de bazofia con ratas muertas en la cabeza, y las que se han erigido en reinas del hipsterismo pijo a lo anuncio de Loewe, llevan años sin levantar cabeza. Quizá el único que se escapa –de vez en cuando- de la etiqueta es Jason Schwartzman, e incluso él tiene que hacer concesiones, porque ya se sabe que la familia es la familia. Esta caterva familiar acaba de añadir a su siguiente generación a Gia Coppola, nieta de Francis Ford, sobrina de MariSofi y prima de todos los otros, además de hijastra de Peter Getty (sí, esos Getty en los que estáis pensando). Una muchacha de 27 años que se ha pasado la vida a caballo entre Beverly Hills y los viñedos familiares del Valle de Napa. Que entró en el cine trabajando como asistente en Somewhere (Sofia Coppola, 2010) y se fogueó en la dirección rodando cortos con Zac Posen y Diane von Fürstenberg. Perdonadme pues si os digo que vi Palo Alto con no pocos prejuicios hacia su hipotético talento, y ya de paso, del de la mayoría de los mozuelos que pululan por su película, todos los cuales son tan “hijos de” como los del anuncio de Loewe que mencionaba antes.

    Palo Alto se abre con dos adolescentes, Teddy (Jack Kilmer, hijo de Val Kilmer y Joanne Whalley) y Fred (Nat Wolff, hijo del pianista Michael Wolff y de la actriz Polly Draper, y descendiente de una familia de banqueros, diplomáticos y artistas), sentados en un coche mientras hablan de qué harían si estuviesen en la Edad Media. En un momento dado, y sin venir a cuento, Fred arranca el coche y lo estrella contra la pared que tiene delante. Porque sí. La conversación entre Teddy y Fred intenta emular a todas esas veces que Tarantino ha puesto conversaciones larguísimas y extrañas en boca de sus personajes, y que hablando de Like a Virgin, Superman o Sigfrido, nos han mostrado el universo interior de su director y guionista. Sin embargo, hay que ser Tarantino para imitar a Tarantino (o al menos, tener su talento), y definitivamente Gia Coppola no lo tiene. La conversación se retoma varias veces a lo largo de la película con distintas situaciones, y cada vez que Fred dice “Eh, oye, ¿qué harías si estuvieses en/fueses un…” sólo queda resoplar, poner los ojos en blanco y esperar que pase pronto.

    Palo Alto, de Gia Coppola

    Pero la protagonista de Palo Alto es en realidad April (Emma Roberts, hija de Eric Roberts y sobrina de Julia Roberts), la niña buena del instituto, la virgen abstemia en un mundo de zorrupias borrachas. No sé a qué clase de centros educativos fue Gia Coppola (ni James Franco, ya puestos, dado que él es el creador de los personajes), pero desde luego en mi experiencia no todas las chicas de instituto se ponen al borde del coma etílico o se arrodillan delante de la primera bragueta que se les pone a tiro por sistema. April es una chica perfecta, que saca buenas notas, juega en el equipo de fútbol y no se mete en líos. Hasta que un día decide dejar de ser todo eso, y empezar a experimentar. ¡Un momento! ¿Dónde he visto yo esto antes? Pues en decenas de películas del estilo, de Thirteen (Catherine Hardwicke, 2003) a Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), pasando por la muy polarizada Spring Breakers (Harmony Korine, 2012). Gia Coppola ha parido una nueva historia de niños pijos y aburridos que se comportan como perfectos anormales para pasar el rato, porque no saben qué hacer. He de decir que, al menos, la cinta de Chbosky tenía actores decentes, y, en el caso de la de Korine, es tan burra y exagerada que no puedes evitar acabar riéndote. Si al menos Palo Alto hubiese tenido algo de eso, me hubiese dado por satisfecha.

    Pero no. Los protagonistas de Palo Alto van y vienen por su metraje sin saber muy bien qué hacer, bebiendo, echando polvos y poniendo cara de intensos y de tener unas vidas muy complicadas bajo sus fachadas de niños sin problemas. Teddy es un tontolaba sin personalidad que se deja influir por su amigo Fred, quien a su vez es un adicto a cualquier cosa que se le ponga por delante, entre ellas la marihuana, el alcohol, el sexo y ser un gilipuertas. El único personaje con un mínimo de simpatía, April, es una tontita más preocupada por los machitos a su alrededor que por nada en el mundo. Ninguno de ellos tiene una trama muy definida (debido sobre todo a un guión que adapta un libro de historias cortas y que resulta incapaz de cohesionarlas). Todos son bastante hostiables. A diferencia, por ejemplo, de The Spectacular Now, donde veíamos a adolescentes creíbles, naturales, con virtudes y defectos, Palo Alto es una sucesión de situaciones a cual más desagradable, protagonizada por nenes superficiales y odiosos que, supongo, sólo deben de existir entre Santa Clara y Orange County.

    A la hora de salvar algo de la quema apenas se me ocurren un par de cosas. Emma Roberts tiene momentos bastante decentes, y hay que reconocer que hace más de lo que puede con el material que tiene entre manos. James Franco, mira tú por dónde, está mucho más tolerable que de costumbre —posiblemente es su rol menos odioso desde El origen del planeta de los simios (Rupert Wyatt, 2011)—, a pesar de que su personaje sea un tarado emocional. Y tiene una bonita fotografía, obra de la relativamente desconocida Autumn Durald. Por lo demás, si queréis ver una película con niñatos imbéciles haciendo estupideces mientras James Franco los trolea, volved a ver Spring Breakers. | ★★★ |

    Judith Romero
    redacción Londres (Reino Unido)


    Estados Unidos, 2013. Director: Gia Coppola. Guión: Gia Coppola (basado el libro “Palo Alto Stories”, de James Franco). Productora:Tribeca Films / Rabbit Bandini Productions. Presentación: Festival de Telluride 2013. Fotografía: Autumn Durald. Música: Devonté Hynes. Montaje: Leo Scott. Intérpretes: Emma Roberts, Jack Kilmer, Nat Wolff, James Franco, Zoe Levin, Val Kilmer, Keegan Allen, Margaret Qualley, Chris Messina.


    Palo alto, el debut de Gia Coppola

    Conflicto de intereses

    crítica de Palo Alto | dirigida por Gia Coppola. 2014 | ★★★

    Decía Gus Van Sant en una entrevista que, los jóvenes, dada su extremada sensibilidad, “viven suspendidos entre la vida y la muerte, sin tan siquiera ser conscientes de ello”. Lo que Van Sant quería dar a entender era el componente imprevisible de los adolescentes, en tanto que se ven expuestos a menudo a situaciones que los sobrepasan y les conducen a cometer errores de juicio y de cálculo. De esta manera, llegamos a entender el nihilismo que define la personalidad de los protagonistas de sus películas, un comportamiento irreverente que, en la mayoría de ocasiones, está más orientado a la tragedia (Elephant, 2003, o Paranoid Park, 2007) que a la construcción de una personalidad fuerte y definida en la posterior etapa adulta (Milk, 2008, o Descubriendo a Forrester, 2000). Gia Coppola, directora de esta Palo Alto, está todavía lejos de acercarse a los perturbadores laberintos mentales que pueblan la filmografía de Van Sant, sin embargo, observamos ciertas influencias en la composición de sus personajes, almas solitarias que se debaten continuamente en la marginalidad de un mundo en el que no encajan. Una premisa que ha salvado su estreno en la dirección de ser un completo reflejo del trabajo de su más evidente fuente de inspiración: Sofia Coppola (su tía). Aparte de esa manifiesta conexión Coppola —sólo neo-generacional, ya que poco se aprecia de la concepción adolescente que el abuelo Francis hizo en la magistral La ley de la calle, (1983)—, encontramos un tercer componente que encaja, a la perfección, con esa escena juvenil y problemática en la que los adultos sólo aparecen para certificar su absoluta negligencia en tareas educativas: James Franco.

    Desde luego hay que reconocer que Franco es un experto del marketing cinematográfico. Busca vender su marca a toda costa, que la gente se abone a su trabajo, ya sea como actor, productor, director, guionista o, como ocurre en el presente caso, escritor, donde se las ha ingeniado para que su novela homónima, escrita en 2010, reciba la adaptación fílmica correspondiente. Queda bastante claro que Franco, aparte de “workaholic”, es un gran aficionado a la literatura (sus adaptaciones de las novelas de Faulkner o McCarthy dan buena cuenta de ello), hecho que, pese a no convertirle axiomáticamente en un buen escritor, ha dado la oportunidad a la presente directora de comenzar a mostrar sus cartas y abrirse un hueco en la industria. Su trabajo resulta una acertada combinación de sátira a las lacras didácticas de la Norteamérica adulta, y los conflictos existenciales de estos Kids —Larry Clark, 1995— procedentes de familias adineradas y desestructuradas. La continuidad narrativa resulta muy técnica, puede que en exceso, ahí aparecen las mayores similitudes con el actor-escritor. La directora, al igual que el autor del libro, presta demasiada atención a la estructura y se olvida un poco del fluir de la trama, que queda comprometida por reiteraciones o cambios de perspectiva que, al cabo de un rato, resultan demasiado obvios. Un aspecto entendible si atendemos a que es una ópera prima, y las experimentaciones narrativas siempre resulta más seguro dejarlas para cuando se haya alcanzado cierta soltura con la cámara. El materialismo aparece como una de las fuentes de conflicto, la cinta muestra los cambios de principios y modelos de las nuevas generaciones de la clase medio-alta con el paso de los años, similares a los reflejados por Lenny Abrahamson en What Richard Did (2012). Comentaban los protagonistas, en un momento del filme, los motivos por los que les gustaría ser reyes o faraones, dando razones obvias que ni ellos mismos llegaban a entender. Posteriormente, uno de ellos, Teddy, cae en la cuenta y confiesa que él no quiere ser nada de eso, que preferiría ser un antiguo guerrero maya. La influencia de los videojuegos está patente en estos jóvenes que ya no buscan la comodidad y el confort del dinero, sino la fama, el reconocimiento y la temeridad. “Sería un arranca corazones”, dice refiriéndose a los viejos rituales sagrados en los que se hacían sacrificios humanos.

    Palo Alto, de Gia Coppola

    La trama sigue inicialmente dos historias paralelas, la de Teddy y su inseparable amigo Fred, y la de April. Retrato de seres incomprendidos que viven rodeados de lujos, pero en un entorno en el que no se sienten aceptados, ya sea por la desconexión con el resto de compañeros o por la hostilidad de su ambiente familiar. La película comienza alternando fragmentos cortos de la vida cotidiana de estos tres personajes. La narración en primera persona no permite que el espectador se involucre dada la exclusividad de cada uno de ellos, por lo que seremos meros testigos de sus preocupaciones, obsesiones y rutinas. Las amigas de April son mostradas con impune promiscuidad, y los chicos, como claros descerebrados que aprovechan esta situación para utilizar a jóvenes como Chrissy que, debido a su falta de personalidad y, sobre todo, de confianza, se dejará manipular y adoptará una actitud completamente sumisa ante los jóvenes, con el objetivo de evitar la soledad que impera en su mundo marcado por las falsas amistades y unos padres ausentes. Las tres historias principales conectarán en una fiesta donde los excesos son los protagonistas. Los “drinking games” y los vasos rojos dan paso a los corazones rotos y los secretos inconfesables de cuarto de baño que finalmente ven la luz. No pasará mucho tiempo hasta que descubramos el elemento sobrante en ese trío. Fred está obsesionado con llamar la atención y no parece encajar con la autenticidad de April y Teddy, que se sienten atraídos el uno por el otro. Fred sin embargo, al igual que el resto de actores secundarios, destaca por un temperamento adulterado y preconcebido, lo que le lleva a buscar el modo de hacerse notar a toda costa, tratar a las chicas como objetos que respondan a sus deseos o poner en constante peligro su integridad y la de los que le rodean. Una serie de sutiles conversaciones y situaciones nos llevará a pensar que existe un claro detonante para esa forma de ser relacionado con la siniestra figura de su padre. Una vez más, los adultos como causa de los problemas infantiles. Egoísmo, complejo de superioridad o narcisismo, son algunos de los principales factores idiosincráticos de esta problemática especie del cine de Coppola.

    Teddy —rompiendo con el autodestructivo Fred— y April —saliendo de la, cada vez más incómoda, relación con su entrenador de fútbol— buscarán, ahora por separado, el origen de sus miedos e inseguridades para enfrentarse directamente a él y dejar de cometer los errores que los han llevado a la infelicidad. Un acto de superación personal que representará la madurez desaparecida en el resto del metraje. Recordamos de nuevo en este desenlace a Gus Van Sant, con la diferencia de que la realizadora añade un ligero toque esperanzador (sólo para el que lo busque con ahínco) tras el tortuoso camino que supone la controvertida adolescencia. | |

    Alberto Sáez Villarino
    redacción Dublín (Irlanda)


    Estados Unidos. 2013. Título original: Palo Alto. Director: Gia Coppola. Guion: Gia Coppola (Historias: James Franco). Duración: 97 minutos. Productora: Tribeca Film / RabbitBandini Productions. Fotografía: Autumn Durald. Música: Devonte Hynes, Robert Coppola Schwartzman. Montaje: Leo Scott. Intérpretes: Emma Roberts, James Franco, Val Kilmer, Nat Wolff, Keegan Allen, Don Novello, Colleen Camp, Jack Kilmer. Presentación official: Festival de Venecia 2013.


    Póster: Palo Alto, de Gia Coppola
    Feelmakers

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