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    crítica de Death is not the end (7x04) | True Blood (Temporada 7)

    HBO | EE.UU, 2014. Director: Gregg Fienberg. Guión: Daniel Kenneth. Creador: Alan Ball. Reparto: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Alexander Skarsgård, Chris Bauer, Kristin Bauer Van Straten, Amelia Rose Blaire, Lauren Bowles, Tara Buck, Nelsan Ellis, Jim Parrack, Nathan Parsons, Carrie Preston, Jurnee Smollett-Bell, Deborah Ann Woll, Karolyna Widra, Patricia Bethune, Tanya Wright, Zeljko Ivanek, Todd Lowe, Robert Patrick, Stacy Haiduk, Eugene Byrd, Riley Smith. Fotografía: Evans Brown. Música: Nathan Barr.

    Aunque es lo que tiene más sentido, sorprende el comienzo del nuevo capítulo de True blood, con unas tristes llamadas donde los hermanos Strackhouse deben dar sendas malas noticias. El episodio anterior incluía la muerte de Maxine Fortenberry y de Alcide, ambas inesperadas y cruentas. El capítulo retoma la acción pocas horas después de la muerte del hombre-lobo, y nos muestra a Sookie llamando a su padre Jackson y a Jason llamando a Hoyt, que recordemos está trabajando en Alaska de lo más feliz, engañado por el poder de Jessica para olvidar su relación con la vampiresa y la traición de su mejor amigo Jason. El regreso de Robert Patrick y Jim Parrack no será el único que veamos a lo largo de estos 55 minutos de capítulo, y tales decisiones creativas prueban que Brian Buckner y sus guionistas se están tomando la última temporada como una celebración del talento conjurado en seis años. La incoporación de Tara Buck (la icónica y gritona Ginger) a los créditos, así como la aparición de Todd Lowe como Terry cuando Arlene está al borde de la muerte o Zeljko Ivanek como el Magistrado que dominaba la zona de Louisiana, hasta morir decapitado a manos de Russell Edgington, son ejemplos de esta saludable tendencia. Siempre es bienvenido recordar viejas caras cuando se cierra una serie, aunque debe pedirlo la trama. Uno espera que el regreso de Hoyt no traiga su muerte, aunque es muy probable que haya una buena ración de drama en su vuelta.

    Death is not the end se centra en el plan definitivo para acabar con los vampiros infectados y rescatar a las mujeres secuestradas. Holly ha escapado, y aunque los vampiros la hechizaran para olvidar, Sookie puede entrar en su mente. Así es como descubre que están en Fangtasia, y organiza junto a Bill un ataque al local. Paralelamente a esto, y desde el punto de vista del guión también de lo más oportuno, Pam y Eric vuelven a casa en busca de Willa y de paso se revela al espectador la historia de su llegada a Shreveport, donde la Autoridad les puso a cargo de ¡un videoclub! y nombró a Eric sheriff de la zona. Pero no es eso lo más sorprendente, sino que Ginger entra en escena en 1996 como ingenua estudiante obsesionada con los vampiros y tras diez años trabajando para el vikingo y su progenie, ¡es ella la que tiene la idea del bar! Esto es, antes de que Pam se la robe y la hechice para que olvide. La cronología de la serie nos lleva a 2011, así que Fangtasia solo llevaba abierto apenas un lustro. Hasta fue Ginger la que trajo el famoso trono de Eric, en el que le vemos por primera vez en Escape de la Casa del Dragón (1.4).

    El capítulo se centra en los problemas personales del grupo protagonista, tratando a los vampiros desde un prisma humano. Jessica lleva meses sin alimentarse por la culpa de haberse comido a las hermanas de Adilyn; Willa está furiosa con Eric por haberla abandonado en su segunda semana de vida como vampiresa y Pam lo último que quiere es que Sookie entre de nuevo en su vida. Estos dramas contrastan con el de los humanos (y Sam y Sookie, cambiaformas y hada): el dolor por la pérdida o la posible pérdida. La escena en la que Arlene lucha por su vida, en medio de una sangrienta batalla entre vampiros sanos, vampiros infectados, ciudadanos armados y el grupo protagonisra, es muy intensa y hace dudar de que la mujer vaya a sobrevivir. Carrie Preston es una buena actriz, de eso no hay duda, y seguro que ese nuevo vampiro que la ha alimentado tendrá más presencia en el futuro. Sam recupera a su embarazada prometida y ninguno del grupo muere en el ataque. Lafayette revive el drama de haber matado a Jesús y convence a la vampiresa pelirroja de que se alimente de él. El episodio está dirigido por Gregg Fienberg, y para aquel que se fije en esos detalles es toda una sorpresa porque Fienberg lleva siendo el gerente de unidad de producción y uno de los productores ejecutivos de True blood desde el capítulo uno. Esa es otra de las cosas que traen las últimas temporadas, que los miembros del equipo aprovechan quizá su última oportunidad para ponerse detrás de la cámara, algo siempre de agradecer si hacen un buen trabajo. Fienberg lo hace, especialmente en la última parte del episodio, varios momentos de acción paralela donde humanos mueren y vampiros explotan como globos rellenos de sangre. Y ese enfrentamiento además pone fin a la trama por el momento, ya que los infectados están muertos y las mujeres liberadas. ¿Será el resto de la temporada la caza de Sarah Newlin? La respuesta en unos días. | ★★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla

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