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    Crítica | Sin perdón (Unforgiven/Yurusarezaru mono)

    Sin perdón (Unforgiven/Yurusarezaru mono)

    Remakeando a Eastwood

    crítica de Sin Perdón | Unforgiven/Yurusarezaru mono, Lee Sang-Il, 2013

    Muchas veces se tiende a menospreciar el término de remake, objetando en su contra lo innecesario de volver a contar una misma historia dos (o más) veces; especialmente cuando ya ha sido plasmada con acierto en pantalla. Sus detractores se suelen escudar en que representan un síntoma inequívoco de la falta de ideas originales por parte de los guionistas, algo que, en parte, tiene algo de verdad, pero no todos los remakes merecen ser descalificados a la ligera. En ocasiones, resulta interesante observar cómo diferentes cineastas ofrecen sus personales visiones de un mismo relato, adaptándolo a su sensibilidad y modo de entender el cine –incluso enmarcándolo en un género diferente en casos más extremos–, algo que sucede desde que el cine es cine, por lo que no es atribuible a una moda actual. Cabe recordar un ejemplo clásico como el de la obra maestra de Akira Kurosawa Los siete samuráis (1954), cinta japonesa que Hollywood tomó como modelo para uno de sus westerns más imperecederos: Los siete magníficos (1960, John Sturges). 43 años después, la historia se repite pero a la inversa, ya que del western crepuscular Sin perdón (1992, Clint Eastwood), el japonés Lee Sang-il ha realizado una particular adaptación al cine de samuráis que, sin embargo, conserva toda la esencia del guión original de David Webb Peoples. Sin perdón no solo se hizo con cuatro Óscar –mejor película, director, actor secundario (Gene Hackman) y montaje–, sino que desde entonces es considerada la obra maestra de su realizador y uno de los últimos grandes títulos que ha dado el género. Unforgiven, la versión japonesa que nos ocupa, se proyectó en la sección Especial de Presentación de Toronto 2013, siendo vista también en el Festival de Venecia fuera de concurso. Su argumento no presenta cambios significativos respecto a la historia original, manteniendo los mismos personajes y escenas prácticamente calcadas de la obra de Eastwood, solo cambiando el antiguo Oeste americano de Wyoming por el Japón de finales del siglo XIX. Los viejos vaqueros cazadores de recompensas pasan a ser, por obra y gracia de la relectura de Sang-il, antiguos ronin envueltos en su última cruzada.

    Estamos en la era Meiji, cuando Japón comenzó la modernización que la convertiría en potencia mundial y el pueblo Ainu fue sometido por el imperio durante la restauración. La isla de Hokkaido es la última tierra en donde resisten forajidos a la antigua usanza con sus violentas leyes de guerra. Jubei es un tipo con fama de letal asesino durante la batalla de Goryoukaku que, diez años después, lleva una vida tranquila ejerciendo de granjero junto a sus dos hijos pequeños. La mala cosecha pone a la familia al borde de la ruina, por lo que Jubei acepta la propuesta de Kingo, amigo y compañero de correrías de su pasado. Dos hombres desfiguraron a una joven prostituta de un burdel y sus compañeras reunieron una cantidad de dinero suficiente a cambio de la vida de los dos desalmados. Ichizo Oishi, alguacil del lugar, en lugar de hacer justicia, indultó a los atacantes, siendo únicamente castigados con el pago de unos caballos por su crimen. Tampoco permite que nadie lleve a cabo la venganza que pretenden las mujeres, por lo que el ajuste de cuentas se convierte en una batalla personal entre Jubei e Ichizo. Ken Watanabe, que curiosamente protagonizó bajo las órdenes de Eastwood Cartas desde Iwo Jima (2006) es el encargado de sustituirle en el papel protagonista de esta versión. Su interpretación de Jubal, atormentado por su pasado criminal (“bebe hasta olvidar pero cuando despiertes, volverás a recordar” le dice a su joven compinche después de que éste se cobre su primera vida humana) y consciente de que el destino le tiene asignado un castigo por todos sus pecados, es verdaderamente notable, sin desmerecer el gran trabajo de Clint en la cinta original. Junto a él, Akira Emoto encarna a la perfección al fiel camarada Kingo, capaz de morir antes que vender a su amigo de toda la vida. Si Morgan Freeman ya desbordó humanidad en el mismo rol en 1992, Emoto no se queda atrás. La papeleta complicada recae en el personaje del alguacil, interpretado con entusiasmo por Koichi Sato. Complicada porque tiene la difícil misión de hacernos olvidar el magistral trabajo que Gene Hackman realizó como el pérfido sheriff Little Bill de Sin perdón, algo que Sato resuelve de manera más que solvente.

    Sin perdón (Unforgiven/Yurusarezaru mono)

    Unforgiven es un filme bastante más contemplativo que el de Eastwood, con el habitual ritmo pausado del cine oriental que hace que la historia se alargue hasta los 135 minutos de metraje. Temas como la amistad inquebrantable, la venganza, el honor y la culpa siguen estando ahí de fondo, solo que los escenarios no son los mismos. Volvemos a presenciar momentos tan memorables como la paliza del alguacil a Jubei que acaba con éste al borde de la muerte por primera vez, y el climático duelo final entre los antagonistas, bastante más explícito a niveles de violencia en la versión japonesa, por cierto. Hay un trabajo de ambientación en la cinta soberbio, con una fotografía impresionante que merece todos los elogios (sobre todo en las escenas de exteriores, con esos cielos espectaculares que inundan la pantalla) y una de las bandas sonoras más imponentes del año. Estamos ante una cinta capaz de extraer poesía y lirismo incluso de sus momentos más violentos, desbordando gran cine en cada uno de sus fotogramas. Tal vez no llegue a alcanzar las cotas de emotividad de Sin perdón (seguramente, su sensibilidad era más del gusto del público occidental), pero de no existir aquella, estaríamos hablando de toda una obra maestra del cine moderno. Como la historia ya estaba contada, lo que queda es una fascinante y bellísima adaptación que se complementa fantásticamente bien con el clásico de Eastwood. | ★★ |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria

    2013. Japón. Título original: Yurusarezaru mono (Unforgiven). Director: Lee Sang-il. Guión: Lee Sang-il (Remake: David Webb Peoples). Productora: Warner Bros. Pictures International / Nikkatsu Corporation / Office Shirous. Fotografía: Norimichi Kasamatsu. Música: Taro Iwashiro. Montaje: Tsuyoshi Imai. Intérpretes: Ken Watanabe, Jun Kunimura, Yûra Yagira, Kôichi Satô, Akira Emoto, Shioni Kutsuna, Eiko Koike, Ken’ichi Takitô.

    Póster Sin perdón (Unforgiven/Yurusarezaru mono)
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