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    Crítica | Sabotage, de David Ayer

    Sabotage, de David Ayer

    ¿Quién era el asesino?

    crítica de Sabotage | dirigida por David Ayer, 2014

    En la nota de prensa de Sabotage, distribuida en España por VerCine e Inopia Films, aparecen unas declaraciones del guionista y director de la película, David Ayer, asegurando que la palabra clave de la misma es “realidad”. Conocido principalmente por unos guiones que exploraban los claroscuros de ambos lados de la ley y que dieron pie a cintas como Dark Blue (Ron Shelton, 2002) o Día de entrenamiento (Training Day, Antoine Fuqua, 2003), Ayer siguió profundizando en una tesitura con vocación realista cuando pasó a ocupar la silla de director, firmando también los libretos de tres cintas que, en manos de cualquier cineasta más convencional – y más preocupado por la taquilla – habrían sido meras exhibiciones pirotécnicas de verano: Vidas al límite (Harsh Times, 2005), Dueños de la calle (Street Kings, 2009) y, sobre todo, Sin tregua (End of Watch, 2012), rodada con estilo documental. Cabría esperar que su siguiente trabajo, filmado antes de acometer un proyecto más ambicioso y en otro registro (el drama bélico) como es Fury (2014), siguiera esa línea desprovista casi de adornos genéricos y se convirtiera en uno más de sus capítulos sobre el violento día a día de los policías norteamericanos y de los obstáculos a los que se enfrentan, tanto en las calles como en sus propias oficinas. Pero no es así…, por mucho que presente muchos de los tics expresivos del cine previo de Ayer, Sabotage se podría entender como la manera que el director tiene de despedirse (¿momentáneamente?) del subgénero: contratando a un elenco multiestelar encabezado por Arnold Schwarzenegger, potenciando los elementos expeditivos de su puesta en escena y tirando la casa por la ventana con una violencia inusitada en las carteleras actuales. Schwarzenegger parece tener mucho más claros los resultados de la película que el propio guionista y director, definiendo su más reciente estreno como “una mezcla de El silencio de los corderos con En tierra hostil”. Y no anda nada desencaminado: Sabotage es una historia de policías y ladrones, sí, pero también un whodunit inspirado en Agatha Christie (no en vano, el título inicial era Ten, en referencia a los Diez Negritos de la escritora británica) y un descaradísimo remedo de los psycho-thrillers que se pusieron de moda en los años 90, más cercano al espíritu derivativo de Resurrección (Resurrection, Russell Mulcahy, 1999), como bien han visto algunos críticos, que al más prestigioso de la citada película de Jonathan Demme o Seven (David Fincher, 1995).

    Sabotage, de David Ayer

    Así, no extraña nada la mala acogida que la película ha tenido entre crítica y público de manera generalizada. Para empezar, es demasiado cafre para gustar a la prensa y a los espectadores que esperaban algo en la línea de lo anteriormente entregado por David Ayer. Pero, ojo, no podemos hablar de un desliz ni de una responsabilidad total de Ayer, ya que tenemos que tener en cuenta también quién es responsable del libreto original sobre el que ha trabajado Ayer: Skip Woods, firmante de superproducciones trash del calibre de Operación Swordfish (Swordfish, Dominic Sena, 2001), X-Men Orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine, Gavin Hood, 2009), El Equipo A (The A-Team, Joe Carnahan, 2010) o La Jungla: Un buen día para morir (A Good Day to Die Hard, John Moore, 2013). Woods nunca se ha caracterizado por imprimir en sus trabajos un sello autoral ni por preocuparse demasiado por la coherencia interna de sus historias ni por las acciones irresponsables de sus personajes. Y Sabotage, por mucho que el guionista de Training Day haya metido mano, no dista demasiado de esas obras cumbre de la Chorrada entendida como una de las Bellas Artes. Apuesto a que de manera totalmente deliberada por parte de Ayer, además, a quien imagino disfrutando como un bebé ante la posibilidad de filmar su propio actioner con Schwarzenegger. Por otro lado, y hablando de Arnold, es posible que Sabotage resulte poco dinámica y quizá demasiado turbadora para el fan medio del actor, quedándose lejos de las expectativas de los que esperaban ver un producto hecho a mayor gloria del roble austriaco (aunque algo de eso hay en un epílogo rodado meses después de terminar la fotografía principal y que exhibe un poderoso tono crepuscular que, no obstante, no logra esconder su condición de “pegote”). Todo esto hace que la película se quede a medio camino de lo que un tipo de público y otro esperaba (y deseaba) ver. Así que el fracaso crítico y comercial queda sobradamente explicado.

    Sabotage, de David Ayer

    Ahora bien, ¿es Sabotage tan rematadamente mala como para merecer tanto escarnio? Pues qué quieren que les diga… Podría tirarme el rollo de tipo serio y atacar sus muchas incongruencias de guión, la manera en la que desaprovecha un casting de lujo para hacerles encarnar a monigotes que quedan definidos por sus pintas más que por sus acciones o reflexiones, o el modo en el que la historia va pegando bandazos con la única intención de sorprender al espectador, dejándonos tan perdidos que cuesta atar unos hilos que, muy probablemente, ninguno de los responsables de la película se ha preocupado de amarrar en condiciones. Pero estaría siendo un hipócrita si dijera que todo eso es lo que saco en conclusión de esta película, porque la verdad es que no tendría ningún problema en verla de nuevo ahora mismo y seguir recreándome en la implacable presencia de un Schwarzenegger mucho más entonado y sorprendente que en cualquiera de los trabajos que ha hecho desde su regreso al cine, en la impagable plasmación de la violencia que exhibe Ayer en las escenas de acción (y terror), en la espiral de soluciones imposibles que presenta el guión y que son utilizadas por un reparto bestial para pasárselo en grande (¿de verdad alguien atisba el menor rasgo de seriedad en cualquiera de los actores implicados?). Pero, sobre todo, en la capacidad de la película para mantenernos atentos y sorprendidos, aunque sólo sea por ver cuál será el siguiente conejo ensangrentado que saldrá de la chistera. Soy consciente de lo caprichosa que es esta valoración, porque a fin de cuentas podría estar diciendo simplemente que Sabotage es una mala película que me lo ha hecho pasar bien. Pero ahí está el quid: Sabotage no es comida basura, no es droga, no es un salto al vacío en busca de adrenalina, no es ninguno de esos elementos o actividades en los que uno busca recreación incluso a costa de poner en riesgo su salud… es, simple y llanamente, una película. Y las películas no son buenas ni malas, dejemos eso ya enterrado de una vez. Simplemente cumplen un cometido y nos hacen disfrutar según se ajusten o no a nuestras expectativas, o dependiendo de lo permisivos que seamos cuando los resultados se alejan de las mismas. Y, por muy imperfecta y caprichosa que sea, Sabotage funciona a las mil maravillas como rutilante Serie B policíaca mutada en slasher. Por lo tanto, que nadie piense que no me doy cuenta de sus defectos. Es simplemente que sé perdonarlos. Como se perdonan todas las pequeñas taras de las cosas que te gustan. Y un consejo final para quien quiera tomarlo, si es que tengo algún derecho a ofrecerlo: dejad de pensar que los guionistas y directores de aquellas películas que no entendéis son tontos. Disfrutaréis más del cine. Y de la vida. | |

    Pedro José Tena
    Redacción Badajoz

    Estados Unidos. 2014. Sabotage. Director: David Ayer. Productores: David Ayer, Bill Block, Paul Hanson, Palak Patel, Ethan Smith. Guión: Skip Woods y David Ayer. Montaje: Dody Dorn. Fotografía: Bruce McCleery. Música: David Sardy. Reparto: Arnold Schwarzenegger, Olivia Williams, Mireille Enos, Sam Worthington, Harold Perrineau, Terrence Howard, Joe Manganiello, Max Martini, Josh Holloway y Kevin Vance. Duración: 109 minutos. Open Road Films, QED International, Crave Films. Distribuida en España por: VerCine e Inopia Films. (Estreno 11 de julio de 2014).

    Sabotage Póster
    El fulgor efímero

    1 comentarios:

    1. Soporífera, solo alcanza verdadera tensión dramática en los treinta minutos finales. Sí es realismo social como bien dice el cronista, pero disiento en eso de que "nadie los enseña a cruzar el umbral". Son producto de las políticas aplicadas por la mayoría de los gobiernos de turno en eso de proveer planes y beneficios sociales sin contraprestación alguna, sin fomento del mejoramiento de la calidad de vida y bienestar por medio de la cultura del trabajo y de la instrucción intelectual. La visión del crítico de la condición social actual peca de romántica, como así también el desenlace del film: 5 puntos.

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