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    Entrevista | Georg Maas, director de 'Dos vidas'

    Georg Maas, director de Dos vidas

    Ha llegado a las pantallas españolas Dos vidas (2012) –candidata alemana al Óscar 2014 a mejor película de habla no inglesa–. Un thriller basado en hechos reales que ancla sus raíces en la Guerra Fría. Un drama sobre el telón de acero que esconde intrigas familiares, espionaje y retales de historia olvidada. Hemos tenido la oportunidad de charlar, en compañía de otros compañeros, con el director de la cinta Georg Maas. Con mirada amable y sin atisbo del aburrimiento y el tedio propios de estos actos promocionales respondió a todas nuestras preguntas, incluso se preocupó por conocer la opinión de los allí presentes sobre el filme.


    ■ ¿Qué supuso para Dos vidas (2012) ser la elegida por su país para la carrera por el Oscar a la Mejor Película de habla no inglesa?

    - Bien, eso cambió las expectativas de la película. Cuando la terminamos nos encontramos con muchos problemas para poder presentarla a grandes festivales. Lo intentamos en Berlín, en Cannes, en Venecia y fue rechazada. Estuvimos cerca de que fuese una película completamente olvidada, que nadie la viese. Pero a raíz de la elección despertó mucho interés para la prensa alemana y eso supuso que las distribuidoras se fijasen en ella y por supuesto, más tarde, distribuidoras estadounidenses y de otros países mostraron interés.

    ■ Dos vidas está basada en la novela homónima de Hannelore Hippe, ¿cuánto hay de ella en la película? ¿Es totalmente fiel a ella o ha cambiado cosas en el guion?

    - En espíritu es absolutamente fiel, pero no hay ninguna escena de la película que esté en la novela. Lo cambiamos todo junto con la escritora. El cambio más grande fue la decisión de poner como personaje principal a una espía. Después alrededor de esa espía escribimos todo el tema familiar y la figura del abogado, que no existen en la novela. El libro sí menciona que el gobierno de la RDA instruía a esos niños, hijos de nazis y de noruegas, como espías para infiltrarse en el oeste. Todo esto lo combinamos con la historia real de un asesinato sin resolver que se produjo en Bergen. La idea básica de la novela está en la película, así como la de que los sistemas políticos que se basan en la violencia tienen consecuencias a través de las generaciones. Es decir, la esencia de la novela está ahí.

    ■ Antes de realizar largometrajes, usted ya tenía experiencia con el documental ¿Se planteó hacer esta película a modo de documental histórico?

    - No, pero sí pensé en hacer un documental paralelo a la película, sobre el mismo tema. No obstante para esta película estaba más interesado en el viaje que hace el espectador mientras la ve. Cuando ves la película te haces preguntas porque no sabes hacia dónde va y ese proceso no suele pasar con un documental.

    ■ La película toca uno de los temas que más se han tratado en el cine alemán actual, que es la división de las dos Alemanias y la caída del muro de Berlín, ¿cree que esta tendencia es simplemente documental o tiene una intención dogmática para no cometer los mismos errores?

    - Ni una cosa ni la otra. Creo que es más porque este tipo de situaciones crean historias muy interesantes. Alemania estuvo dividida durante cuarenta años, sólo lleva reunificada veinte, así que todavía descubrimos muchas diferencias entre la gente que creció en el Este y la del Oeste. Incluso gente que ahora tiene 25 ó 30 años, que pasaron solo algunos años en el Este son muy diferentes y eso crea historias verdaderamente interesantes.

    ■ ¿Da respeto enfrentarse a la historia, al pasado nazi a la hora de hacer una película sobre esa temática en Alemania?

    - Bien… No me interesaba mucho la parte que tiene que ver con los nazis porque la gente suele decir “ya tenemos suficiente”. Además la película no tiene lugar en la época de los nazis. Me he encontrado con los que fueron niños que habían formado parte de Lebensborn y también he conocido a espías de la Stasi y es muy interesante. Sí que intimida un poco porque no quieres cometer graves errores.

    ■ Liv Ullman tiene un tiene un papel como madre de la protagonista ¿Le costó mucho conseguir que participara en la película después de algunos años alejada de la cámara?

    - Sí y no. A ella le gustó mucho el guion pero con el original que le mandamos no quiso el papel. La razón era porque la historia se desarrollaba en 2005 y su personaje tenía unos 80 años, estaba enferma del corazón… Así que ella dijo que no quería hacer de una moribunda. Después de eso reescribimos el guion y trasladamos la acción a los años 90 para que pudiera hacer un personaje más joven y más acorde con su edad. Después ella aceptó, dijo que sí. Sobre todo porque la historia le era cercana, es noruega y ella vio de cerca esos hechos.

    ■ ¿Fue a raíz de la película cuando se planteó hacer un documental sobre Liv Ullmann o ya lo tenía previsto de antes?

    - Sí y no (risas). Había hecho un documental sobre Peter Gabriel y quería hacer otro documental sobre otro músico, sobre Brian Eno. Pero la televisión alemana para la que lo iba a hacer, al saber que estaba trabajando con Liv Ullman, me preguntaron por qué no lo hacía sobre ella. Yo pensé, como ella también es directora, en hacer un documental sobre ella en esa faceta, pero por desgracia su rodaje se pospuso y tuve que rodar primero mi película. Al final tuve que empezar el documental después de finalizar Dos vidas. Cuando le hice entrevistas para el documental y le preguntaba sobre la dirección de actores ella me decía “tú has dirigido tu película de esta manera pero yo creo que es mejor dirigir de esta otra forma” (risas).

    ■ Desde que surge la idea ¿Cuánto tiempo diría que ha invertido en desarrollarla? ¿Fue dura la tarea de documentación?

    - Me llevó mucho tiempo, diez años desde que surge la idea hasta que empiezo a rodar. Cinco años para escribir un buen guion y otros cinco años para la financiación. Lo de la documentación no supuso gran problema. Era cuestión de encontrar a los niños y a los espías, y una vez que sabíamos quiénes eran todo fue más sencillo.

    ■ Judith Kaufmann es una directora de fotografía muy importante y además en Dos vidas es codirectora y coguionista ¿cómo surgió la colaboración entre ambos?

    - Me gusta mucho su trabajo. Cuando veo las películas que ha hecho me conmueven porque las imágenes son tan buenas. Yo me preguntaba cómo sabía dónde colocar la cámara justo en el sitio exacto. Después descubrí que se debía a sus incesantes preguntas: “Por qué hacéis esto aquí?”, “¿Por qué está esta escena en el guion?”, etc. Pregunta todo el rato. Ella profundiza muchísimo. Judith nunca dice vamos a mover la cámara para que quede bonito. Cuando rodamos, a veces se me acerca y me dice “eh, esto no es lo que estuvimos hablando”. A veces hablas unas cosas pero cuando las llevas a cabo no quedan bien y tienes que corregirlo. Por eso le dimos crédito como codirectora, lo hicimos juntos y ella aportaba muchas ideas. Tuve mucha suerte porque creo que tenemos gustos similares, nos gustan las mismas cosas. Además, para Judith Kaufmann también es muy importante este proyecto.

    ■ Al hilo de la pregunta anterior ¿La decisión de realizar la película con dos fotografías diferentes para cada época estaba pensado previamente o fue idea de Judith Kaufmann?

    - Fue idea mía, quería que los flashbacks se hicieran con Super-8. A ella le encantó la idea, incluso utilizó el estilo de cámara en mano que se utilizaba en los años setenta para incidir más en la idea. Esa parte se hizo exclusivamente con Super-8, no en digital. El resto de la película sí se filmó en digital. Además ella trabajó mucho con los colores. Estamos muy contentos con el resultado.

    ■ ¿Cómo fue la dirección de actores? Especialmente con la protagonista Juliane Köhler.

    - Cinco años antes de empezar el rodaje ya había decidido que ella sería la protagonista. Cada cuatro o cinco meses le mandaba una revisión de guion. A veces decía “este es mucho mejor que el anterior” y otras veces decía “esto es una mierda” y hablábamos de por qué. Al comenzar a rodar, conocíamos muy bien al personaje y también nos conocíamos nosotros. Fue muy intuitivo, no tenía ni que explicarme, le decía cualquier cosa y ella sabía lo que era. Eso era con ella, con otros actores era muy distinto.

    Dos vidas

    ■ ¿Cómo fue el proceso de financiación para la película? ¿Cuál es el papel del estado alemán en este proceso?

    - La financiación fue muy difícil. Para hacer este tipo de películas hace falta que se involucre la televisión. El problema fue que la televisión alemana no creía en el concepto de tener una espía como protagonista, porque el proceso de identificación con este personaje era más complicado para el público. Así que tuvimos que esperar varios años hasta que una de las televisiones se interesó por la cinta. Nos dieron el 10% del presupuesto. Luego el gobierno alemán aportó dos tercios y el gobierno noruego el tercio restante. Se podría decir que el estado alemán aportó el 60% del presupuesto.

    ■ En esa misma línea, aquí en España la situación en cuanto a la financiación es muy complicada ¿Qué tal está en Alemania?

    - Sí. Bueno. Siempre decimos que la situación es difícil para el cine alemán, pero a decir verdad si nos comparamos con otros países estamos realmente bien. Quizá el único país en Europa que funciona mejor que nosotros, cinematográficamente hablando, sea Francia. El tema de las subvenciones es un proceso democrático, porque la decisión de quién va a recibirlas la toma un jurado que cambia cada año. En un filme como el mío la mayor parte del presupuesto viene del gobierno y sólo un 20% es de financiación privada. Aunque puede llegar a haber un 50 % de financiación privada.

    ■ ¿Ha conocido a algún familiar de la protagonista en la vida real? Y si es así ¿En qué tono le han hablado sobre ella?

    -No pude conocerles personalmente, solo mantuvimos conversaciones telefónicas. Cuando yo estaba en la ciudad ellos no o estaban enfermos, siempre había algo que lo impedía. Pero tuve largas conversaciones con una familia noruega, concretamente con un chico de Lebensborn que pertenecía a una familia noruega en la que había una espía. Tuve entrevistas largas en este sentido. Él estuvo viviendo en la RDA antes de los 90 y dos periodistas alemanes le llevaron a conocer a su familia noruega. Conoció a sus hermanastros, pero su madre ya había muerto. Así que él me contó mucho sobre la situación de la familia.

    ■ ¿Cuáles son tus principales referentes cinematográficos?

    - Realmente me gusta mucho el trabajo de Alejandro González Iñárritu, el director de 21 gramos (2003) y Babel (2006), en España rodó Biutiful (2010). Él es un gran, gran director. Veía sus películas con Judith Kaufmann para ver cómo las hacía, porque ella también es muy fan de Iñárritu. También me gusta mucho Nicolas Roeg, autor de Don’t Look Now (1973), también es un gran, gran realizador, muy interesante. Seguramente algunos no lo conocerán pero hizo una película con Mick Jagger como protagonista, otro con David Bowie y otra con Art Garfunkel. Y, por supuesto, me gusta Stanley Kubrick y otros muchos.

    ■ ¿Qué referentes tienes en el género del thriller?

    - No soy muy aficionado a los thrillers ni a las películas de suspense. Siempre me he fijado en películas como El resplandor (1980). Me interesa el cine de terror. Me gustan varias películas de Hitchcock. Lo que más me gustó de mi película es que las imágenes te llevan por un camino que desconoces como termina. Por ejemplo, hay una escena de la película donde se escucha a gente haciendo el amor, y la protagonista piensa que su marido le está engañando, pero luego resulta que es todo lo contrario. En esa escena todo el mundo cree que sabe lo que es pero luego se sorprenden. Me gustan este tipo de cosas, en las que el espectador llega a una conclusión que no tiene nada que ver con la realidad.

    ■ Mucha gente compara a esta película con La vida de los otros (2006) ¿Qué le parece esta comparación?

    - En principio puede tener sentido, lo entiendo porque ambas historias hablan de la Stasi. La Stasi tenía dos divisiones, la de espionaje doméstico es la que se trata en La vida de los otros (2006). Nosotros contamos la labor de espionaje de la Stasi más allá de sus fronteras. Además la manera de contar la historia también es muy diferente. En Dos vidas existe un secreto y el espectador tiene qué averiguar cuál es. Pero es muy probable que a la gente que les gustó La vida de los otros también les guste mi película.

    ■ Hace unas semanas hubo en Madrid un festival de cine alemán y nos llamaba la atención que entre los directores invitados había una opinión generalizada de que el cine bávaro goza de poca calidad, opinión que quienes estuvimos allí no compartíamos ¿Le parece también a usted que hay poca calidad en el cine alemán?

    - ¿Sí? ¿Qué visteis?

    ■ Exit Marrakech (2013), Westen (2013), Wolfskinder (2013)…

    - Me gusta mucho Westen (2013). Son películas muy duras. Bueno, no es que haya veinte o treinta películas de este nivel al año, pero siempre hay un puñado. Las que habéis dicho son mis favoritas del año pasado, la verdad. También hay otra que es una coproducción con Austria que es una especie de western en los Alpes franceses… Hace treinta años cuando yo empecé en la escuela de cine ya se decían esas cosas (risas).

    ■ Por último ¿Qué otros proyectos tienes en mente?

    Soy un trabajador muy lento. Estoy en contacto con dos productores norteamericanos, estamos hablando sobre la historia de una chica de 16 años que viaja atrás en el tiempo hasta la Ámsterdam ocupada por los nazis en 1944, y como ella es judía pasa por las miserias de su pueblo. Pero en esta ocasión estoy leyendo guiones de otra gente porque si tengo que esperar al mío voy a volver a hacer una película en diez años.

    ■ Muchas gracias.
    - Gracias.


    texto y entrevista| Andrés Tallón Castro.
    intérprete| Chaplin O'Grady.
    lugar| AC Hotel Recoletos, Madrid, jueves, 10 de julio.
    roundtable| Andrés Tallón (EAM), Mª Carmen Fúnez (Cinemaadhoc), María Aller (La noche americana), (La llave azul) y Álvaro Casanova (Cine Maldito).


    El jardín

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