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    Crítica | #Chef

    Chef

    Fast food gourmet

    crítica de Chef | Jon Favreau, 2014

    En la cocina de un prestigioso restaurante de Los Ángeles, un chef reúne a su séquito para explicar el orden con el que irán marchando los platos esa misma noche. Pese a su reputación y sus años de experiencia, el cocinero se muestra nervioso y emocionado. Ha estado trabajando mucho en la combinación de sabores y ésta se presenta como una gran noche de estreno. Sin embargo, antes de que pueda comenzar el discurso, el gerente del local, en una toma de posesión, se presenta para orinar —metafóricamente claro, ¡que estamos en una cocina!— por todos los rincones del santuario culinario en un alarde de territorialidad para cerciorarse de que se respetará el guion habitual de cada velada, un menú que, bajo su juicio, no se ha exprimido lo suficiente. El conservadurismo pragmático del manager echa por tierra, ante la desesperación del cocinero, un gran trabajo realizado con mucho sacrificio, tiempo y esfuerzo. Al otro lado de esas puertas, los comensales comienzan a segregar ingentes cantidades de saliva, que contrarrestan ingiriendo compulsivamente pan con mantequilla, al llegarles el olor de los suculentos manjares que ya nunca probarán. El nuevo filme de Jon Favreau, Chef, en su primera parte, lleva la cocina a un nivel estético sublime, reabriendo el debate sobre qué disciplina es meritoria de ocupar esa octava posición en la clasificación de las artes. Carl Casper será el encargado de, valiéndose de su adicción al trabajo y a la comida, hacer la defensa de estas efímeras obras de arte cuya valoración final no sólo dependerá del sabor de cada plato, sino de la composición visual, la textura de su base, el contraste de sus ingredientes, la originalidad, el atrevimiento y un excelente conocimiento gastronómico que le ayude a combinar sabores compatiblemente insólitos.

    Es la historia del chef que quería improvisar con la comida como los grupos de Brass Band de Nueva Orleans improvisan con las melodías que interpretan, sin embargo se le condenó al epicureísmo esclavista y se le encerró en la angosta celda que supone el mismo menú aburrido repetido día tras día, coartando así su libertad de expresión artística. Esta primera parte de la cinta se desarrolla en un lujoso restaurante de alto standing, el protagonista tiene a su disposición todos los recursos y dispositivos de cocina que pueda desear, pero carece del libre albedrío necesario para sacarles el partido que podría. La gran pasión que siente por el trabajo que realiza no es suficiente aliciente para aguantar los métodos oligárquicos de su jefe, ni la absoluta dedicación que implica para una vida que se reduce a su ambiente laboral (profesional y sentimentalmente). Así que decide pasar los fogones a una destartalada furgoneta y dar un giro radical de concepto que le ayude a recuperar su autoestima y su creatividad, al tiempo que aprovecha para cambiar su imagen de padre ausente. De este modo la película se convierte en una “road movie” donde la fina cerámica de los platos de diseño se transforma en láminas de papel de aluminio, y el fastuoso restaurante es cambiado por las paradisíacas playas de Miami. Su equipo queda reducido a su mejor amigo y pinche de cocina, Martin, y a su hijo, un improvisado publicista —o, por usar un llamativo anglicismo, community manager— que, con su gran trabajo de marketing, logra que las colas para hacerse con uno de esos “real cubano sándwiches” den la vuelta a la ciudad.

    Chef

    Wake Up! Nos dice el grupo Hot 8 Brass Band, mientras a ritmo de su Sexual Healing (versionando a Marvin Gaye) centenares de pajaritos azules salen volando a difundir el rumor: El Jefe se dirige a su ciudad, estén preparados. La influencia de los medios de comunicación marca el ritmo de la película con constantes referencias a las últimas novedades en el mundo “viral”; al tiempo que sirve de crítica a los nuevos “críticos/blogueros” que se dedican a dictar sentencia, con gran aplomo y aires de superioridad, mediante ingeniosos e incendiarios comentarios de cuestionable objetividad en las redes sociales. Se puede apreciar un resentimiento implícito en alguna escena subida de tono con cierta reminiscencia autobiográfica, siempre abordada desde el humor. Un realizador conocido por sus adaptaciones de la serie de Marvel, Iron Man, al que se le denostó sin compasión tras su intento de mezclar el western con las películas de marcianos —no confundir con ciencia-ficción— en Cowboys & Aliens (2011), cinta que, por otra parte, podría ser leída, siempre que nos olvidemos del rigor cinematográfico formal, como una divertida sátira autoparódica con grandes interpretaciones de un atractivo y legendario reparto. Favreau sigue con su dinámica humorística, aunque en esta ocasión la enfoca más hacia un tipo de cine mucho más emotivo y anímicamente agradecido. Es cierto que en ocasiones el mensajito aleccionador padre-hijo se pasa un poco de brasas, algo que olvidamos rápidamente cuando contemplamos, con una sobre-excitación estomacal, los gigantescos chuletones que yacen sobre los famosos carbones del icónico Franklin Barbecue (Austin, Texas) y que casi consiguen hacernos llegar el olor de la considerada como la mejor salsa barbacoa del mundo. Una ruta gastronómica que recorrerá de costa a costa el sur de los Estados Unidos, en compañía del propio Favreau quien, además de dirigir, escribir y producir el filme, también es el protagonista principal, junto al joven Emjay Anthony, y al carismático John Leguizamo. Como secundarios de lujo, el realizador ha contado con algunos de sus amigos como Scarlett Johansson, Dustin Hoffman, Sofía Vergara, Boby Cannavale y Robert Downey Jr, cuya participación, pese a ser meramente anecdótica, aporta fluidez a una sencilla narración sin más pretensiones que las de entretener y dejar con un inmejorable sabor de boca. —Aviso para personas a dieta, evitar a toda costa el visionado de esta película. Algunas de las escenas pueden estar dotadas de un alto contenido suculento considerado como tortura alimenticia—. | ★★★ |

    Alberto Sáez Villarino
    Dublín (Irlanda)

    Estados Unidos. 2014. Título original: Chef. Director: Jon Favreau. Guion: Jon Favreau. Duración: 115 minutos. Productora: Open Road Films / Aldamisa Entertainment. Fotografía: Kramer Morgenthau. Música: Lyle Workman. Montaje: Robert Leighton. Intérpretes: Jon Favreau, Sofía Vergara, John Leguizamo, Scarlett Johansson, Oliver Platt, Bobby Cannavale, Dustin Hoffman, Robert Downey Jr., Amy Sedaris, Garry Shandling, Emjay Anthony, Minn Vo, Teebone Mitchell, Maria F. Blanco, Julian Graham. Presentación Oficial: South by Southwest Film Festival 2014.

    Cartel de Chef
    El fulgor efímero

    3 comentarios:

    1. después de fargo the strain? sin duda fx esta haciendo las cosas muy bien este año

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    2. La serie cogea de guión, las reacciones de los personales ante diversas situaciones son completamente inverosimiles... Algunos acontecimientos son completamente ilógicos.
      Una oportunidad desaprovechada... Ya que la idea tenía mucho potencial.

      Mi puntuación 35/100

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    3. Meter en el mismo saco a Fargo con The Strain tiene tela.

      Fargo es una serie con mayúsculas... The strain es una mamarrachada para echarte unas risas una noche con unas cuantas cervezas encima.

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