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    True Blood (7x01)

    La larga noche que da paso al día

    crítica de Jesus gonna be here (7x01) | True Blood (Temporada 7)

    HBO | EE.UU, 2014. Director: Stephen Moyer. Guión: Angela Robinson. Creador: Alan Ball. Reparto: Anna Paquin, Stephen Moyer, Sam Trammell, Ryan Kwanten, Rutina Wesley, Chris Bauer, Kristin Bauer Van Straten, Amelia Rose Blaire, Lauren Bowles, Gregg Daniel, Nelsan Ellis, Aaron Christian Howles, Joe Manganiello, Noah Matthews, Bailey Noble, Adina Porter, Carrie Preston, Jurnee Smollett-Bell, Deborah Ann Woll, Karolina Wydra, Dale Raoul, Patricia Bethune. Fotografía: David Klein. Música: Nathan Barr.

    ¿Es Jesus gonna be here mejor que la 6ª temporada de True blood al completo? Puede que sí, porque un servidor no ha sentido aburrimiento, pereza, estupor o vergüenza ajena ante estos 52 minutos de vibrante acción, que retoman como debe ser el explosivo cliffhanger de Radioactive (6.10), la barbacoa de vampiros y humanos atacada por un grupo de vampiros infectados por Hepatitis-V. El episodio, que recoge el resto de la noche y comienzo del día posterior al ataque, establece una serie de historias paralelas y recupera el buen pulso de la serie, que en su mejor momento era capaz de dar miedo y ser subversiva. La subversión se ha ido, pero este arranque de la última temporada contiene algún momento inquietante que otro y algunos instantes de calidad. El primer vuelco viene antes de entrar la cabecera, con la muy sorprendente muerte de Tara a manos de un vampiro y tratando de proteger a su madre (Adina Potter, ascendida a fija en esta temporada). Tara se había convertido en un personaje sin rumbo, pero su muerte parece algo injusta, más que nada porque la serie ha sometido a Rutina Wesley a muchas perrerías que la actriz ha tenido que defender como ha podido, incluyendo otra muerte, y merecía un final medianamente feliz. El adiós de la joven (¿definitivo? Recordemos que True blood tiene tendencia a hacer que los muertos se aparezcan) es un movimiento que nos habla de que el peligro de estos vampiros es real y de que el fin está cerca. De hecho, también han secuestrado a tres protagonistas: Arlene, Holly y Nicole, recordemos embarazada de Sam.

    El salvaje ataque a la barbacoa termina porque los vampiros reciben un aviso sonoro (¿el nuevo malo de la temporada?) y el pueblo empieza a bregar con las consecuencias. Reunión en Merlotte´s, donde se establecen enseguida las tramas del episodio, que funcionan con eficacia porque casi todas las personas emparejadas tienen problemas personales con los que lidiar. Es difícil que una serie como True blood, todo artificio, profundice en los personajes, aunque siempre lo intenta. En este capítulo, Jason reivindica su masculinidad ante la vampiresa Violet (la estupenda Karolina Wydra); Jessica trata de redimirse ante Andy y Adilyn, incluso jugándose la vida ante un vampiro infectado; Bill acompaña al sheriff en busca de su novia y familia, ya que el vampiro se siente en deuda con él; James (interpretado ahora por Nathan Parsons tras la salida de Luke Grimes) acompaña a Lafayette a su casa y se asegura de que esté bien; Willa ayuda a calmar a Lettie Mae, que ha visto morir a su hija en sus brazos y Sookie y Alcide definen los límites de su relación. La camarera telepática sabe que el pueblo la culpa de todo, de traer a los vampiros a Bon Temps hace ya años, y ese “todos” incluye a su novio. Estos emparejamientos dan lugar a varios momentos donde los diálogos de Angela Robinson o el talento de los intérpretes captan nuestra atención. El monólogo de James sobre cómo se convirtió en vampiro, Andy poniéndose frente a la escopeta o la introspección de Sookie dan una dimensión dramática de peso a unos personajes que muchas veces son meros monigotes en medio de sangre y sexo. Pero siendo esto True blood, no puede faltar el culo de Ryan Kwanten o el polvo de rigor entre Sookie y Alcide, para deleite de los fans de Joe Manganiello. Tampoco falta la barbarie, como muestra la visita a Fangtasia, donde los vampiros infectados tienen encerradas a los secuestrados en la barbacoa, atadas al artefacto que Eric usó con Lafayette en la segunda temporada.

    ¿Dónde está el vampiro vikingo? Todavía no se sabe, pero Pam está en una misión de búsqueda que de momento la tiene en Marruecos, jugando a la ruleta rusa vampírica (gran idea, por cierto). Su progenie ha muerto, así que es probable que no pase mucho antes de que la vampiresa regrese al pueblo, pero ¿será con o sin Eric? Lo que está claro es que sobrevivió a su inminente muerte en la cima nevada, pero puede haberse debilitado muchísimo, como Russell Edgington en la 5ª temporada. Quedando nueve episodios para el final de la serie, será interesante ver cuánto van a privar a los fans de Alexander Skarsgård y su siempre interesante personaje. A su vez su progenie Willa está perdida en la vida, aunque parece que hará su propósito el defender a Lettie Mae y su marido de los vampiros, en honor a Tara. Para terminar, la noche da paso al día y con él un poco de tranquilidad, mientras los humanos discuten qué pueden hacer y desconfían de los vampiros no infectados. Una frase de un secundario hace pensar que el Sur tendrá que defenderse solo y el Gobierno no acudirá en su ayuda, mientras la protagonista rechazada por sus vecinos se ofrece a ayudar. Jesus gonna be here lanza preguntas al aire, que de seguro tendrán su respuesta en los capítulos venideros. Lo deseable es que la temporada, la última temporada de True blood, mantenga el nivel de este arranque. | ★★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla

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