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    Crítica | The Quiet Ones

    Quiet Ones

    Posesiones, experimentos y otros despropósitos

    crítica de The Quiet Ones | John Pogue, 2014

    Todos los aficionados al cine fantástico y de terror celebramos enormemente cuando, con el estreno de la notable Let Me in (2010, Matt Reeves) –remake estadounidense de la sueca y aún mejor Déjame entrar (2008, Tomas Alfredson)–, volvía a la actividad una de las compañías cinematográficas más míticas de todos los tiempos: la Hammer. Aquella que nos regaló inolvidables momentos de auténtico escalofrío durante casi 25 años, especializándose, sobre todo, en un tipo de terror gótico que funcionó muy bien. La posterior La mujer de negro (2012, James Watkins), cuento de terror de la vieja escuela protagonizado por un Daniel Radcliffe necesitado de escapar del encasillamiento de su papel de Harry Potter, no solo logró unas muy buenas recaudaciones en taquilla, sino que mantuvo un nivel de calidad bastante digno. Desgraciadamente, la buena racha parece haber terminado ahí y The Quiet Ones (2014, John Pogue), el último producto surgido de la fábrica de los horrores, bien podría calificarse como su obra más infame y vergonzante hasta la fecha, poniendo en serio peligro la continuidad de la Hammer en nuestros tiempos. Teniendo en cuenta que el hombre que se sienta en la silla de director no es otro que John Pogue, de quien solo conocemos la desastrosa Quarantine 2: Terminal (2011) –ni más ni menos que la secuela del remake hollywoodiense de nuestra Rec (2007, Jaume Balagueró, Paco Plaza)–, tampoco era cuestión de esperar algo excesivamente satisfactorio.

    The Quiet Ones viene a ser una más de la ya infinita serie de películas sobre posesiones demoníacas y exorcismos que nos llegan con la dudosa etiqueta de “basada en hechos reales”. En los últimos años, el subgénero ha parecido sufrir un revival gracias a los buenos resultados comerciales de obras como El último exorcismo (2010, Daniel Stamm) o Devil Inside (2012, William Brent Bell), películas de corte independiente de calidad, por otra parte, más que dudosa. Cada estreno de uno de estos filmes vuelve a poner de actualidad, inevitablemente, a El exorcista (1973, William Friedklin), obra cumbre de este tipo de historias y todo un referente del que todas las copias posteriores parecen beber sin ningún tipo de disimulo. Hasta el momento, ninguna de ellas ha logrado aproximarse ni de lejos al impacto de una película que se estrenó hace más de 40 años, lo que viene a probar que los avances en el campo de los efectos especiales nunca podrán rivalizar con la fuerza de un magnífico guión. En el caso de la propuesta británica que nos ocupa, The Quiet Ones, la historia ofrece un ejercicio de estilo añejo al remontarse a un suceso acontecido durante la década de los 70 en la universidad de Oxford, cuando un profesor, ayudado por un grupo de alumnos, se propuso realizar un experimento científico con una chica aparentemente poseída por el espíritu de un Dios pagano. Durante esta investigación, mediante técnicas de hipnosis y medidores de energía, pretendía dar una respuesta “racional” a los terroríficos trastornos y manifestaciones de carácter paranormal que sufría la joven. Encerrada en una habitación y vigilada las 24 horas del día, la paciente comienza a dar signos de una cada vez mayor peligrosidad que hará que el grupo se plantee seriamente sus convicciones y creencias. Como puede verse, el argumento no ofrece ninguna novedad interesante a todo lo que ya habíamos visto antes. De hecho, cae en la cada vez más cansina moda de utilizar las grabaciones de video o material encontrado con el fin de intentar insuflarle algo de realismo a lo que se cuenta. La utilización que la película hace de este formato es una de las más confusas y torpes que he podido ver en una pantalla, haciendo que El último exorcismo parezca hasta buena.

    The Quite Ones

    Siendo realistas, el proyecto ya pintaba mal desde su mismo planteamiento. Los guionistas (¡tres!) tienen el valor de alejarse de El exorcista original como fuerte de inspiración, para dejarse llevar por unos terrenos más psicológicos –la constante lucha de la ciencia por darle respuesta lógica a los fenómenos que escapan a la razón humana– que la emparentan con aquella secuela maldita que fue El exorcista II: El hereje (1977, John Boorman), totalmente incomprendida en su momento pero convertida en objeto de culto con el paso del tiempo, gracias a su onírica atmósfera. Desgraciadamente, Pogue no es Boorman y a The Quiet Ones le falta absolutamente todo lo que hizo de aquella película una pieza sui géneris dentro del cine de terror. Visualmente, el filme no alcanza unos mínimos de calidad exigibles para que mereciera ser estrenado en salas comerciales. Pese a ambientarse en la década de los 70, el trabajo de reconstrucción de la época brilla por su ausencia, dando la sensación de estar ante una experiencia anacrónica y cutre. Una fotografía casi amateur, un montaje caótico que parece hecho por estudiantes de cinematografía en primer curso y unos efectos especiales que, más que pavor, provocan vergüenza ajena, evidencian la nula calidad de esta propuesta. Para colmo, los diálogos y las situaciones son absolutamente ridículos, metiendo con calzador una imposible subtrama romántica entre la posesa y uno de los muchachos. La acción –que se desarrolla casi íntegramente en interiores– avanza sin ningún sentido del ritmo, apoyándose en sobresaltos de lo más evidentes a base de subir el sonido de golpe en los momentos más insospechados. A nivel interpretativo las cosas no van mucho mejor, ya que todos y cada uno de los actores ofrecen actuaciones absolutamente bochornosas, especialmente el veterano Jared Harris en su desmadrado papel de científico obsesionado. Si acaso la joven Olivia Cooke, en su encarnación de poseída, da señales (muy leves, eso sí) de poner de su parte para salir airosa del naufragio. En definitiva, estamos ante uno de los peores filmes de terror de los últimos tiempos, del que difícilmente puede destacarse algún elemento positivo, por lo que se agradece que su merecido fracaso en taquilla –no ha recaudado ni 10 millones de dólares a nivel mundial– termine con cualquier esperanza de sus responsables por inaugurar una nueva franquicia del género. | ● (abyecta) |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria

    Reino Unido. 2014. Título original: The Quiet Ones. Director: John Pogue. Guión: John Pogue, Craig Rosenberg, Oren Moverman. Productora: Lionsgate / Hammer Film Productions / The Travelling Picture Show Company. Fotografía: Mátyás Erdély. Música: Lucas Vidal. Montaje: Glenn Garland. Intérpretes: Jared Harris, Sam Claflin, Olivia Cooke, Erin Richards, Rory Fleck-Byrne, Laurie Calvert.

    The Quite Ones poster
    El fulgor efímero

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