Introduce tu búsqueda

  • Especial Festival de Cannes.
    Cobertura de la 70ª edición.

    Obsesión por los absolutos.
    La ciudad perdida de Z, de James Gray.

    Naderías y pasatiempos.
    Certain Women, de Kelly Reichardt.

    Romper las cuerdas.
    Lady Macbeth, de William Oldroyd.

    Bajo la máscara de la tolerancia.
    Déjame salir, de Jordan Peele.

    Cine Club | Bob el jugador (1956)

    Bob el jugador

    Sólo una palabra: Deauville

    Cine Club | Bob el jugador (Bob le flambeur, 1956), de Jean-Pierre Melville

    Unos años antes del Ocean’s Eleven de Lewis Milestone (1960) que tanto ha dado de sí, y a una década de una de sus obras más conocidas y representativas, El silencio de un hombre (Le Samouraï, 1967), Jean-Pierre Melville dirigía Bob el jugador (Bob le flambeur, 1956). Su cuarta película como director fue algo ignorada durante años, eclipsada por el desarrollo de un estilo que comienza precisamente con esta obra. Melville redacta esta “carta de amor a París”, según sus propias palabras, con tinta de cine noir. La historia de Robert Montagné, jugador empedernido y ex convicto, que intentará dar el golpe de su vida, sirve para retratar el Montmartre del denominado “demi monde”: las criaturas de los clubs, la calle, las luces y sobre todo las sombras. Roger Duchesne interpreta a Bob. Un hombre que huyó de un origen humilde y una madre soltera que se pasaba el día limpiando el suelo de rodillas, para convertirse en un hombre respetado y admirado por muchos. Actor clásico, Duchesne retrata a la perfección esa mezcla de hombre inalcanzable y a la vez cercano, de espíritu libre y amigo de sus amigos. En el tráiler oficial de la película se define a Bob como un tipo “al que todo el mundo conoce, ’duro’, simpático, ‘ladronzuelo’, leal”. Un hombre atractivo en todos los sentidos.

    Bob vive en su propio hábitat. Un lugar por el que desfilan diversos personajes entre los que no podía faltar la femme fatale. Esa chica misteriosa que desde el comienzo de la película queda retratada como una buscavidas –o quizás mejor decir superviviente- que hipnotiza a los hombres y se va con el mejor postor, y en la que no se puede confiar. Isabelle Corey interpreta a Anne. Primer papel para la actriz francesa que desarrolló la mayor parte de su carrera en Italia y casi al mismo tiempo aparecía en el que seguramente en su papel más conocido: como Lucienne en Y Dios creó la mujer (Et Dieu… créa la femme, 1956), de Roger Vadim. Si bien para Duchesne, actor experimentado, ésta fue su penúltima película, cuenta la historia que Melville descubrió a Corey mientras paseaba por el Barrio Latino de París donde la actriz, entonces modelo, vivía junto a sus padres. Anne: Boina, chubasquero, misterio y pommes frites. El personaje de Anne es uno de los más intrigantes. El ejemplo más claro de “carpe diem” en un mundo en el que se intenta olvidar el pasado y apenas se piensa en el futuro. Bob se encuentra con Anne una mañana que vuelve a casa tras una noche en las mesas de juego y la acaba incluyendo en su círculo de amigos, en su rutina y su propia casa. Sin embargo, prefiere adoptar el papel de padre en lugar del de amante.

    Bob el jugador
    Escena inicial de Bob el jugador, de Jean-Pierre Melville

    Bob Montagné es la personificación de cool. Se ha trabajado el respeto de los habitantes de la zona de la plaza Pigalle, el corazón de ese Montmartre parisino de los años 50, del que se esconde tras las luces de neón. Melville rodó en las localizaciones reales, moviendo la cámara con motocicletas y avanzándose a la Nueva Ola de Truffaut y Godard. París es el verdadero protagonista de Bob el jugador. Pese a centrarse en los pasos de Bob, esta es una película coral en la que la ciudad es un personaje más. Los hombres y mujeres que muestra Melville son hijos de la noche parisina y a su vez son los protagonistas de esa otra vida de los bajos fondos que se encuentra “entre la noche y el día, entre el cielo y el infierno”. La película, sin embargo, se aleja de los dramatismos. Personajes como Paolo, el protegido de Bob, su rutina (vemos a este anti héroe en pijama, algo poco habitual en los tipos duros) o incluso a nivel técnico con el uso constante de cortinillas, hace que el tono sea distendido y que por momentos parezca más un filme costumbrista que una historia del hampa. Bob simplemente es un jugador que no tiene suerte en el juego. Ha conseguido pasar los últimos 20 años alejado del mundo de los ladrones de guante blanco pero no puede dejar de hacer lo que más le gusta: jugar. Y aunque le moleste perder, acepta la derrota y los caprichos del azar como parte inevitable del juego.

    Bob el jugador, de Jean-Pierre Melville

    Da igual si son los dados, las tragaperras, la ruleta, el póquer o simplemente echar una moneda al aire, lo importante es jugar. Sin embargo, hasta con buenas cartas acaba perdiendo –Bob ilustra su mala suerte explicando a Paolo como su trío de ases, una muy buena mano, cae ante un “full” de tréboles. Con el pelo cano recordándole el paso del tiempo y cansado de la mala suerte, la llegada a sus oídos de que el casino de Deauville guarda 800 millones de francos, hace que Bob se atreva a salir de su área de control y a desafiar al azar con un plan para robar la caja fuerte. Forma un equipo con amigos de confianza entre los que destaca el personaje de Paolo: el joven “lazarillo” que quiere ser como Bob pero al que le queda mucho que aprender. Entre humo de cigarrillos se intenta llevar a cabo un plan para el que se aplican algunas reglas del juego: quien no arriesga no gana. Pese a la organización, es tan difícil huir de uno mismo como intentar controlar todo lo que nos rodea. Al final la suerte le llega a Bob aunque no de la manera esperada.Antes de que Melville pudiese contar con actores más conocidos y mayores presupuestos, el maestro del cine negro firmó esta modesta obra maestra que ya lleva todas sus señas de identidad, incluidas las reconocidas influencias formales del cine americano. A su vez, como en todo el cine de Melville, Bob el jugador ha tenido una gran influencia en sus sucesores. Se dice que Truffaut, cuando vio la película, dijo: “¡Esto es lo que queremos hacer!”. Neil Jordan aprovechó el guión de Melville y Auguste Le Breton para hacer un remake que se estrenó en 2002 sin pena ni gloria pese a que The Good Thief contaba con un elenco de lujo: Nick Nolte, Tchéky Karyo, Emir Kusturica y Ralph Fiennes. Más allá del legado concreto de esta película, lo más relevante es la semilla que planta. Melville lanzó la moneda al aire y resultó que cayó de cara.

    Francia, 1956. Título original: Bob le flambeur. Director: Jean-Pierre Melville. Guión: Jean-Pierre Melville, Auguste Le Breton. Productora: Organisation Générale Cinématrographique/Play Art/Productions Cyme. Estreno: 24 de agosto 1956. Fotografía: Música: Eddie Barclay, Jo Boyer. Montaje: Monique Bonnot. Intérpretes: Roger Duchesne, Isabelle Corey, Daniel Cauchy, Guy Decomble, Gérard Buhr, André Garet, Simone Paris, Claude Cerval, Howard Vernon, Colette Fleury.

    Cartel de Bob el jugador
    Feelmakers

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Críticas

    Festivales

    • El cine de Olivier Assayas. Una mirada a su filmografía

      Por Ignacio Navarro / «Todo lo que se necesita para hacer una película es una mujer y una pistola. Esta frase un tanto discutible (por lo sexista) la pronunció Jean-Luc Godard, nada menos que el estandarte de esa corriente tan identificable del cine como fue la Nouvelle Vague...».
    • Las 10 mejores películas de Luis Buñuel

      Por Alberto Sáez Villarino. «A pesar de lo que pudiéramos imaginar, movidos por la falta de preocupación de unos medios de comunicación con cierta tendencia a la holgazanería a la hora de catalogar los estilos y movimientos artísticos, el período surrealista de Buñuel fue considerablemente breve. En realidad, sólo dos películas entran dentro de los esquemas político-estéticos propuestos por André Breton: Un perro andaluz y La edad de oro...».
    • Monstruos que huyen, monstruos que persiguen, monstruos que observan: M, el vampiro de Düsseldorf

      Por Elisenda N. Frisach. «Fue a mediados del siglo pasado, cuando Europa se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial mientras se encaminaba a una tercera contienda de alcance planetario –aunque esta vez marcada por un equilibrio del terror conocido como «Guerra Fría»–, que el historiador francés Daniel Halévy publicó su libro Ensayo sobre la aceleración de la historia (1948), donde, entre otras cosas, determinaba el espíritu de nuestra época; un zeitgeist marcado por la constante transitoriedad tecnológica y científica...».

    Classics

    [12][Trailers][slider3top]