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    Cannes 2014 | Pasión con olor a hierba mate

    Saint-Laurent, de Bertrand Bonello

    Saltan las alarmas en Cannes 2014, uno de “sus” directores más explícitos regresa al certamen galo para hacer un repaso de las tendencias más elitistas que se dieron en el campo de la alta costura entre los años 60 y 70. Saint Laurent supone la vuelta a la alfombra “rouge” de Bertrand Bonello, un realizador cuyas películas, paradójicamente, siempre han estado más interesadas en mostrar la moda de sus protagonistas como ausencia de la misma. Pese a que en España conocimos a Bonello a raíz de su última cinta, Casa de tolerancia (L'apollonide (Souvenirs de la maison close), 2011), por la rivera francesa ya era toda una eminencia en el campo de la tosquedad, el naturalismo y ese grotesco y delicado lazo que une a ambos y que tanto gusta a nuestros vecinos. Esto se reflejó en 2001, cuando ganó el FIPRESCI con Le Pornographe. Posteriormente repetiría en el festival, como aspirante a la Palma de Oro, con Tiresia y la mencionada L’Apollonide, en 2003 y 2011, respectivamente.

    Siguiendo los pasos de la todopoderosa —aunque falta de ideas— industria de Hollywood, los franceses parecen dispuestos a “remakear” a sus figuras más representativas sin esperar mucho tiempo desde que fallecieran (2008 en el caso de Laurent). Y si van a seguir la senda de los biopics, por supuesto que lo van a hacer a lo grande —de momento nos referimos a una grandeza cuantitativa—. Y es que, coincidiendo con el estreno del presente filme, ya ha sido estrenado otro basado en la misma figura: Yves Saint Laurent, de Jalil Lespert. Se podría decir que este trabajo de Lespert, cuyas primeras impresiones no han resultado todo lo efusivas que se esperaba, sería el remake al uso de la vida del diseñador, mientras que el que nos ocupa, focalizado en un período concreto de su carrera profesional, parece más centrado en la distorsión de la realidad, sufrida por el visionario modisto, hasta niveles decadentemente oníricos. Y es que mucho nos sorprendería si Bonello no se saltara, una vez más, todas las normas de conducta establecidas en la cinematografía, para manifestar su ya arraigado estilo que podríamos definir como un realismo mágico envilecido, mucho más descriptivo que narrativo, donde aplica deliberadamente el uso de cabos sueltos para favorecer una inquietante especulación que contrasta con la contundencia manifestada en la perspectiva de cada plano creado por este discípulo aventajado de Max Ophuls. El encargado de dar vida al personaje principal es Gaspard Ulliel (Hannibal: el origen del mal), al que acompañarán Jérémie Renier (Elefante blanco), representando al compañero (profesional y sentimental) de Laurent y la joven promesa (y talismán, teniendo en cuenta el certamen del año pasado) Léa Seydoux (La vida de Adéle). Tras su presentación, la cinta llegará a las salas francesas el próximo 1 de octubre.

    Un toque de violencia


    Como pareja de baile —tango en este caso— tendrá a la argentina Relatos salvajes, que supone el estreno en Cannes del director de la sensacional serie Los simuladores, Damián Szifrón. Con producción de Pedro Almodóvar, está liderada por el maestro Ricardo Darín y narra, de forma episódica (con Cuentos asombrosos de Spielberg como referente), los devenires de una serie de sujetos que se enfrentarán a su subconsciente más irracional. Según las declaraciones del propio Szifrón, los capítulos que componen la cinta no se relacionan entre sí, como estamos acostumbrados a ver en obras de similares características, sino que cada uno forma una historia única e independiente del resto. Al parecer, el cineasta se ha dedicado más al trabajo narrativo del filme que al visual, tratando de corregir los mayores problemas de aceptación que tuvo su, por otra parte muy bien valorada, Tiempo de valientes (2005). A las garantías de aplauso que siempre aporta Darín en lo que al disfrute del respetable se refiere, se unen la veteranía del siempre intachable Darío Grandinetti (El lado oscuro del corazón), el carisma de Leonardo Sbaraglia (Cornelia frente al espejo) y la comicidad expresiva del asiduo colaborador de Szifrón, Diego Peretti (No sos vos soy yo). Prometedora jornada la de hoy, de la que esperamos que nos empiecen a llegar las primeras impresiones en breve.

    Alberto Sáez Villarino
    Dublín (Irlanda)

    Tierra de Dios

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