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    Cannes 2014 | La revancha de Dolan

    Xavier Dolan, director de Mommy

    Regresa el niño prodigio del cine de autor, Xavier Nolan. Después de que el año pasado el festival de Cannes se olvidara de su película (por primera vez desde que comenzó su carrera en la dirección), el canadiense lo vuelve a intentar con esta Mommy. Un joven algo irreverente, insolente, geek y, por encima de todo, visionario. Su cine muestra la ostentación visual y auditiva característica de los sufridores del estrés cinematográfico del siglo XXI, donde se quiere expresar todo, al mismo tiempo, y de forma muy rápida, por lo que se tiende a la sobre-escenificación, extremismo cromático y manipulación desmesurada de la velocidad, tendiendo al uso de la cámara lenta en determinadas secuencias con las que el realizador parece disfrutar recreándose presuntuosamente en la maestría de su trabajo. No obstante, el público perdona esa arrogante forma de filmar una vez se hace una valoración global de cada una de sus películas, del mismo modo que este festival de Cannes parece haberle perdonado su salida de tono cuando, en 2012, con motivo de la nominación de su cinta Laurence Anyways en la categoría de Una cierta mirada, Dolan dijo que merecía estar en la competición oficial. Así que, al parecer, la dirección le castigó con “un turno sin jugar”, dejando su anterior drama psicológico, Tom à la ferme (2013), fuera de concurso. Este año sí que ha conseguido su propósito y estará presente en la contienda, por primera vez, por la prestigiosa Palma de Oro.

    Con un cine muy enfocado a las decepciones amorosas y lo difícil que resulta conservar la ingenuidad en temas sentimentales, Dolan muestra un tremendo oficio en cada una de sus obras a la hora de planificar cada escena, hecho que queda reflejado en la gran cantidad de planos secuencia de los que hace uso. Su primera incursión en el certamen galo fue en 2009 con, J'ai tué ma mère (Yo maté a mi madre), su debut autobiográfico —con el que se ganó las primeras comparaciones con Almodóvar—, en el que se mostraba la conflictiva relación de un adolescente homosexual y su sobreprotectora madre. Posteriormente dirigiría (también escribiría y protagonizaría) Les amours imaginaires (Los amores imaginarios, 2010), con la que se afianzó en un estilo muy personal y fructífero. Con Mommy, Dolan se aleja de la interpretación y se centra en la producción de esta historia que sigue a una madre soltera en su intento de educar a un niño hiperactivo con ciertos problemas de agresividad. Por suerte conocerá a Kyla, su vecina, que se ofrecerá para ayudar a madre e hijo. Lo que en un principio se veía como un acto desinteresado de generosidad, posteriormente empezará a levantar sospechas. Anne Dorval, colaboradora habitual de Dolan, lidera el reparto de este drama que, como es habitual en el canadiense, seguro que no deja indiferente. 

    Rojo necesario


    Y frente a Dolan encontramos a nada menos que Ken Loach, todo un maestro que parece capaz de bajarle los humos a cualquier jovenzuelo rebelde. Y es que nada menos que en 14 ocasiones ha visitado la Costa Azul el director inglés que consiguió poner el cine británico de los 90 en el centro de todas las miradas. Un auténtico artesano que ha luchado por, no sólo proyectar su preocupación sobre las dificultades de la clase social, sino también en buscar, proponer y desarrollar soluciones posibles con las que detener ese trato denigrante que se hacía contra estos “Working Class Heroes”. Con casi 50 años de experiencia en la industria a sus espaldas, parece que Jimmy's Hall supondrá la despedida de este genio del drama de denuncia social, ya que, aprovechando la nominación, el realizador anunció su retirada de las cámaras. Con Kes (1969) el director puso de manifiesto su buen pulso y delicado estilo narrativo. Aunque no fue hasta 1981 cuando su obra recibió el merecido premio con Miradas y sonrisas (Looks and Smiles), película que abrió la que supondría una larga, fiel y productiva relación con el festival francés, que le otorgó su gran Palma de Oro en 2006 con El viento que agita la cebada (The Wind that Shakes the Barley).

    Para su nuevo trabajo Loach vuelve a contar con el guionista con el que tan buenos resultado ha obtenido a lo largo de su carrera: Paul Laverty. Entre los dos tratarán de contar la historia del activista James Gralton durante la caza de brujas comunista conocida como el “Temor rojo”. Toda una leyenda, de la talla de James Larkin u otros líderes sindicalistas de la Irlanda más concienciada en los derechos de los trabajadores, que parece venirle como anillo al dedo a uno de los máximos representantes del movimiento obrero como despedida de un cine que, sin duda, le echará de menos.

    Alberto Sáez Villarino
    Dublín (Irlanda)

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