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    Crítica | Soldate Jeannette

    Soldate Jeannette

    Omniscencia artística. Obsolescencia fílmica

    crítica de Soldate Jeannette | de Daniel Hoesl, 2013

    Daniel Hoesl tiene alma de artista autoconsciente. De esos que aportan más escupiendo una boutade que haciendo una película. Su discurso, de gran contenido político, deja entrever las costuras de lo que se me antoja como una pose. De sus entrevistas, concedidas en los distintos festivales internacionales, se pueden sacar muchas lecturas, alguna de ellas peligrosa. Es capaz de aportar cosas interesantes pero se le ve enamorado de sí mismo. Por defecto también está embelesado de su ética, de su filosofía, de su conciencia social. El yo como emblemático baluarte de lo correcto. Yo, yo, yo… La sociedad como culpable y el mundo como fortín intrusivo. Un sujeto que no deja indiferente a casi nadie fuera del cosmos del arte. Se mira en el espejo y se ve genuino pero en el mundillo hay cientos como él. Cree luchar contra el producto y se vende como tal. Las contradicciones abundan, son muy humanas. Lo que es irreprochable, de este falso humilde, son sus intentos por bailar con la coherencia. Sus pretenciosas disertaciones pretenden ser consecuentes con sus actos. Para él el dinero y el arte conforman un binomio de mal gusto. Los billetes y las monedas tienen que ver con lo frívolo. El arte es algo serio –discutible–. Para ello rueda y dirige sin el respaldo de una productora, sin guion aparente y a la espera de que el casting marque el rumbo de la cinta. Su distribución es lo de menos –pero le gusta ir a Sundance, a Sarajevo, a Sevilla o Róterdam–. Es una cuestión política que se enmarca dentro la European Film Conspiracy –una suerte de colectivo que ampara a todos aquellos directores que deciden rodar al margen de las convenciones–. Bajo esas premisas, amparadas en su conciencia política, el director austríaco rodó Soldate Jeannette (2013).

    Soldate Jeanette

    Lo dicho. Daniel Hoesl arriesga con Soldate Jeannette, un díptico –campo y ciudad– que apenas supera la hora y cuarto de metraje. Al amparo de una factura correctísima –plagada de primeros planos y encuadres fijos– y una estética de bipolaridad minimalista seguimos los pasos de una ricachona austríaca venida a menos. Se intuye que tuvo un novio aristócrata con el que no contrajo matrimonio. A su muerte siguió viviendo a todo tren pero sin pagar las facturas. La protagonista –encarnada por Johanna Orsini-Rosenberg, escogida para el papel por sus maneras señoriales– perpetra una serie de actos de vandalismo snob. Con una indolencia insultante quema un fajo de billetes, tira la basura ropa de lujo recién comprada o rechaza puestos de trabajo por el mero hecho de ser lo que son: un empleo. La obviedad de la crítica, la ausencia de perspicacia y la falta de coherencia para con la segunda parte desacreditan la voluntad beligerante de la cinta. Lo que parece ser en primera instancia un alegato contra el materialismo y el capitalismo se torna en un grito por la libertad femenina frente al imperialismo machista. La única constante latente en toda la cinta es la crisis existencial de una cincuentona inconformista –una antisistema de la jet set–. El supuesto plan de rodaje, la ausencia de guion y la improvisación como motor conducen ineludiblemente a un tipo de película. Normalmente fresca. Sin encorsetar. No es este el caso. La falta de recursos como apuesta política y la autodefinición como un filme no convencional disfrazan las carencias en nombre del arte ¡Ja! Acogerse a la precariedad como elemento potenciador no es en sí mismo elogiable. El quid reside en hacer algo sugestivo, no en la simple consecución. Los interrogantes que plantea Soldate Jeannette son escasos. Los mismos que podría esbozar una octavilla. Cuestiones panfletarias. Sin profundidad, carente de subtextos. Desde el punto de vista meramente cinematográfico los estimulantes también son exiguos. Incluso esa voluntad por transgredir resulta impostada. Todo huele a pose. Lo peor, sin duda, la pretenciosidad latente. Esas ínfulas de omnisciencia artística. Hagas lo que hagas. Hagas como lo hagas. El tiempo pone a cada uno en su lugar. El arte, si bien es un concepto universal cada quien lo interpreta a su manera. ¿Qué es el arte? ¿Una mujer quemando billetes de quinientos es arte? ¿Una chica de aldea dando de comer a las gallinas también lo es? ¿Una película que está rodada sobre la marcha, sustentada en el simple buen hacer, es arte? ¿Dotar de voluntad política a un film intrascendente le da valor añadido? ¿La coherencia entre la vida del creador y su discurso le confieren un valor especial a la obra? Soldate Jeannette deja un espacio para la reflexión al margen del hecho cinematográfico. Son las declaraciones de su director las que permiten una lectura diferente de la película. Ya saben, una obra que no quiere necesariamente ser distribuida. Con existir ya es suficiente. No se pretende el éxito, pero se proyecta en festivales de categoría A. Contradicciones en busca del arte. | ★★★ |

    Andrés Tallón Castro
    redacción Madrid

    Austria, 2013, Soldate Jeannette. Director: Daniel Hoesl. Guion: Daniel Hoesl. Fotografía: Gerald Kerkletz. Música: Bettina Köster. Reparto: Johanna Orsini-Rosenberg, Christina Reichsthaler, Josef Kleindienst, Aurelia Burckhardt, Julia Schranz, Ines Rössl. Presentación oficial: Sundance 2013.

    Soldate Jeannette póster
    Feelmakers

    3 comentarios:

    1. Y no nos olvidemos del "flashback" a la película de Jonathan Demme cuando Will Graham, encerrado en su jaula, le pregunta a Jack: ¿What need does he [the killer] serve by killing? En la película, Lecter se lo pregunta a Clarice. Interesante cambio……...

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    2. Adrián González Viña9 de abril de 2014, 1:11

      Gran apunte, yo no me había dado cuenta. Se nota que Bryan Fuller es muy juguetón con esas cosas. Gracias, RMA

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    3. Hitchcock hablaba de ''todos esos tontos de la credibilidad''. El también tuvo que soportarlos, en fin. Alana y Lecter echan un polvo como dos adultos y muchos adolescentes porque sí, porque les da la gana. Bueno, eso en el caso de Alana, Lecter quiere una coartada. Lo único forzado es que Gideon se empeñe en sacar de sus casillas a los compañeros de la enfermera que mato. Ahí si que se ven las costuras. Los guionistas lo necesitaban fuera del psiquiátrico para que fuera presa de Lecter y bueno...

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