Introduce tu búsqueda

  • Cenotafio faraónico.
    «Blade Runner 2049», de Denis Villeneuve.

    Especial Festival de San Sebastián.
    Cobertura completa de la 65ª edición.

    Sensualidad praxiteliana.
    «Call me by your name», de Luca Guadagnino.

    Insert Coin.
    «Good Time», de los hermanos Safdie.

    Dos ventanas al vacío.
    «A Ghost Story», de David Lowery.

    Crítica | Matterhorn

    Matterhorn, de Diederik Ebbinge

    Hacia la búsqueda de la identidad personal

    crítica de Matterhorn | de Diederik Ebbinge, 2013

    «No es difícil, todo lo que uno tiene que hacer es tocar la tecla adecuada en el momento adecuado».
    | Johann Sebastian Bach

    El recuerdo idealizado. Ese remoto pasaje temporal que por lejano e imposible de recuperar nos parece tan perfecto y cargado de sentido, ese lugar al que daríamos cualquier cosa por volver. Añoranza en una mirada que no soporta la intensidad de nuestra fugacidad y que se derrumba al comprobar cómo el presente difumina lo que no fue más que un espejismo de la finita condición humana. Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, que dice nuestro gran Sabina en su canción Peces de ciudad. En ese dilema vive Fred, el devoto calvinista que protagoniza la cinta, abocado por sí mismo a una triste existencia en cierta manera compasiva, repleta de costumbres, rituales y formalismos. El recuerdo de un viaje al monte Cervino con su difunta esposa es su único motivo de ensoñación, ese instante plasmado en una vieja fotografía en el que fue feliz, en el que además estuvo cerca del cielo, de su Dios, constituye para él un desapego por un presente solitario acompañado por sus tristes vinilos de música clásica. Pero Matterhorn (nombre que recibe el Cervino en alemán) es algo más que la búsqueda de un recuerdo, es la búsqueda de la identidad personal perdida. La reconstrucción de esta por medio del autoconocimiento.

    Porque un día entra en la vida de Fred un extravagante personaje, Theo, un adulto con problemas intelectuales que tiene la edad mental de un crío de cinco años. Será este niño adulto el que ponga patas arriba el tranquilo mundo de nuestro protagonista aprovechándose de su bondad cristiana, poniendo en marcha la curvatura del arco dramático del personaje en una progresión temática que por habitual no pierde valor o mérito. Primero choque, luego asimilación, comprensión, cariño, y finalmente amor. Será gracias a este viaje personal que Fred vuelva a sonreír y a replantearse las sólidas convicciones de su vida, las mismas que siguiendo las estrictas normas eclesiásticas de su pueblo le llevaron a echar a su hijo homosexual de casa. Lección de cine es el resumen de toda la trama en un plano, ese en el que en domingo de misa la pareja de hombres decide ir a contracorriente de toda la masa del pueblo para ir a cantar a un cumpleaños infantil. Artificio simbólico que luce totalmente natural desplegando una crítica directa y racional. Ese es el principal subtexto de Matterhorn, aquí envuelto en un fascinante y discreto halo LGTB: la persecución del yo individual, la exploración de la conciencia propia por encima de todas las imposiciones y costumbrismos de una sociedad jaula que devora las singularidades de sus miembros marcando un patrón de lo apropiado en todo momento. Al final estamos hablando de algo tan humano como es la persecución de la felicidad, que quizás parece decir la cinta, deleguemos de forma cobarde en Dios o en su búsqueda por nuestra incapacidad para alcanzarla por nosotros mismos.

    Matterhorn, de Diederik Ebbinge

    Sin embargo, a pesar de un planteamiento tan sobrio, Ebbinge decide limar los bordes de esta jaula, luciendo la cinta una agradable atmósfera que la acompaña durante todo su desarrollo. Me veo en la obligación de recalcar que rara vez se dice lo difícil que es crear una sensación estética global que de coherencia a un universo fílmico, que facilite la experiencia de inmersión, y que haga que el filme perdure en la memoria. Se requiere para ello una visión muy clara de la sensación que se quiere transmitir en todo momento para después pasar esta idea a los distintos departamentos que trabajan en el desarrollo de la obra. Una mezcla de fotografía, vestuario, iluminación, música, casting, y un tempo de interpretación muy bien calculado, que dan como resultado una creación con personalidad y un estilo que bien podría recordarnos al del por otra parte inimitable Wes Anderson. Salvando las diferencias firma con esta película el director holandés, que ya fuera premiado en la pasada edición de la Seminci, una notable obra prima que augura una prometedora carrera en la que esperemos se siga cumpliendo la máxima de que la forma, por muy bella que sea, no debe eclipsar al contenido. Porque al final los anhelos de Fred por recuperar su vida perdida devienen en una inestimable lección filosófica: En los ríos entramos y no entramos, (pues) somos y no somos (los mismos), dijo el enigmático Heráclito de Éfeso hace siglos. Es decir, es imposible recuperar el pasado tal cual fue porque uno mismo ha cambiado en el trayecto. De forma irremediable nuestra nostalgia del mañana será por la persona que éramos hoy. Señores, disfrutemos del hoy. | ★★★ |

    Álvaro Martín
    redacción Valladolid

    Países Bajos, 2013, Matterhorn. Escrita y dirigida por Diederik Ebbinge. Fotografía: Dennis Wielaert. Reparto: René van 't Hof, Ton Kas, Ko Aerts, Kees Alberts, Lucas Dijker, Porgy Franssen. Productora: Column Film. Presentación en España: Sección Oficial de la 58ª edición de la Seminci Valladolid.

    Póster de Matterhorn, de Diederik Ebbinge
    En cuerpo y alma

    0 comentarios:

    Publicar un comentario

    "Sueñen. Vean cine."

    Estrenos

    Festivales

    • Cuaderno de viaje: análisis visual y narrativo de Twin Peaks

      «Aviso al lector: este texto, como la anterior entrega que publicamos, está plagado de spoilers que detallan información de los capítulos reseñados. Está concebido con la esperanza de ser un acompañamiento a las experiencias de visionado previas de cada uno, y como tal asume la incompletitud de su análisis. Ni ofrece, ni lo pretende, una lectura totalizadora de la serie. Sino una serie de fragmentos rescatados, puestos en una relación más o menos arbitraria y leídos bajo una serie de constantes que se adivinan en Lynch, pero que quizá tengan mucho de las propias inquietudes de quien escribe...».
    • El cine de Maya Deren. Una mirada a su filmografía

      «La consolidación de la mujer en la industria del cine es algo tan reciente y, por desgracia, tan condenado a un inevitable período de reafirmación presumiblemente extenso, que resulta muy difícil establecer una lectura del papel femenino en el cine y, mucho menos, en el cine de vanguardia, pues su relación parece más coincidente que desencadenante. Sólo en las últimas entregas de los grandes festivales, ha sido motivo de indignación y debate la ausencia de una participación femenina más cuantiosa...».
    • El tedio según Sofia Coppola

      «Si nos detenemos a analizar la filmografía de Sofía Coppola, encontramos un denominador común en todas sus historias. Los personajes que retrata la realizadora neoyorquina están embriagados por el aburrimiento, por una sensación de pesadumbre que les arrastra y que, de un modo u otro, actúa como catalizador de sus actos. Puede ser un elemento impuesto, como ocurre en Las vírgenes suicidas, y del que solo hay una manera de escapar; que viene dado por el entorno, como en Lost in translation, donde se materializa en un sentimiento de extrañeza que acaba por unir a dos almas solitarias...».

    Extras

    Premios

    [12][Trailers][slider3top]