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    Crítica | La mujer del quinto

    La mujer del quinto | La femme du vème (The Woman in the Fifth), de Pawel Pawlikowski

    El desangelado aprendiz de Polanski

    crítica de La mujer del quinto | La femme du vème (The Woman in the Fifth), de Pawel Pawlikowski, 2011

    A remolque de la calurosa acogida recibida por su último trabajo, Ida (2013) –ganadora del Premio FIPRESCI en Toronto, entre otras muchas distinciones–, llega a las carteleras españolas, con tres años de retraso, el anterior trabajo del director polaco Pawel Pawlikowski, La mujer del quinto (2011). Se trata de la adaptación de la obra La mujer del quinto distrito, escrita por el dramaturgo estadounidense Douglas Kennedy, que también se ocupó del guión de la película a cuatro manos con Pawlikowski. A simple vista, la cinta tiene todos los ingredientes para resultar una interesante cita cinematográfica, esto es, una historia de amor apasionado y peligroso, unas buenas dosis de misterio (con algún toque fantástico, incluso) y una muy atractiva pareja protagonista formada por Ethan Hawke y Kristin Scott Thomas, intérpretes de comprobada solvencia a los que no se les suele resistir ningún personaje. Pero, por encima de todo, la firma de su director, responsable también de títulos tan destacados como Last Resort (2000) o Mi verano de amor (2004), era lo que hacía de La mujer del quinto una cita bastante apetecible para los amantes del buen cine europeo. Por desgracia, cualquier expectativa de encontrarnos ante una gran película queda disipada a los pocos minutos de metraje.

    La mujer del quinto | La femme du vème (The Woman in the Fifth), de Pawel Pawlikowski

    La historia nos presenta a Tom Ricks, un escritor norteamericano que viaja hasta París para intentar recuperar la relación que tenía con su esposa y la hija pequeña del matrimonio, encontrándose con la oposición de la mujer a cualquier contacto u oportunidad. Extranjero, sin dinero y sin trabajo, el hombre no encuentra otra salida que hospedarse en una oscura pensión de mala muerte en donde comienza a trabajar como vigilante nocturno para poder pagar la habitación al casero –un tipo peligroso que se mueve en ambientes turbios al margen de la legalidad–, al mismo tiempo que intercala peligrosas relaciones con la esposa de éste y con Margit, una misteriosa y madura viuda a la que conoce en una reunión de escritores. Una serie de enigmáticos acontecimientos y algún sorprendente descubrimiento, pondrán a prueba la estabilidad emocional y mental de Ricks. Hay que reconocer que el filme no comienza mal, con una brillante escena de apertura que sirve para presentar al personaje protagonista y poner sobre la mesa su frágil situación familiar. Ethan Hawke defiende con estoicismo su papel, ofreciendo una interpretación afectada y sólida, pero por momentos parece algo perdido en la confusa trama, por lo que su trabajo se convierte casi en una extensión del que hiciera en la terrorífica Sinister (2012, Scott Derrickson). Aun así, sale mejor parado que Kristin Scott Thomas, totalmente desaprovechada en su papel, al que no logra insuflar toda la capacidad de seducción que necesita. Esto se debe más a la falta de química entre la pareja protagonista que a la actuación individual de la actriz, y en un proyecto de estas características no se puede permitir un fallo de estas dimensiones. Sin embargo, la joven Joanna Kuling sí consigue brillar con luz propia en sus breves escenas, algo muy meritorio por encontrarse con la clara desventaja de ser el tercer vértice del triángulo amoroso. En lo visual, se nota que Pawlikowski y su director de fotografía han puesto de su parte para lograr una atractiva atmósfera opresiva, jugando constantemente con la profundidad de campo. La historia, que tiene como clarísimo referente a la sensacional El quimérico inquilino (1976) de Roman Polanski, se presta con facilidad a una ambientación fantasmagórica, pero sus responsables no logran encontrar en ningún momento el tono adecuado, por lo que el resultado se queda en el ejercicio de estilo vacío y fallido.

    La mujer del quinto | La femme du vème (The Woman in the Fifth), de Pawel Pawlikowski

    La mujer del quinto es una obra corta, de ajustadísimos 83 minutos, que, sin embargo, consigue que el espectador mire el reloj en más de una ocasión. Su ritmo, excesivamente moroso y contemplativo, más que ayudar a construir auténtico misterio, lo que hace es que el público desconecte rápidamente de la historia. No se revela precisamente Pawlikowski como un David Lynch a la hora de crear hipnóticas escenas oníricas. También carece el polaco de la maestría de su modelo Polanski para manejar los resortes del suspense, por lo que la cinta avanza dando tumbos a través de un paisaje de cine negro fatalista que sonaba mucho más perturbador sobre el papel, pero que en su plasmación en imágenes no puede ser más soso y desganado. Una absoluta lástima viendo la cantidad de talento que se había unido para la ocasión, por lo que se demuestra que no siempre un excelente director, unos notables actores y una poderosa fuente literaria tienen por qué ser siempre sinónimo de éxito seguro. | ★★★ |

    José Antonio Martín
    redacción Las Palmas de Gran Canaria

    Francia. 2011. Título original: La femme du vème (The Woman in the Fifth). Director: Pawel Pawlikowski. Guión: Douglas Kennedy, Pawel Pawlikowski (Libro: Douglas Kennedy). Productora: Coproducción Francia-Polonia-Reino Unido; Haut et Court. Fotografía: Ryszard Lenczewski. Música: Max de Wardener. Montaje: David Charap. Intérpretes: Ethan Hawke, Kristin Scott Thomas, Samir Guesmi, Joanna Kulig, Delphine Chuillot, Julie Papillon, Geoffrey Carey.

    Póster de La mujer del quinto
    En cuerpo y alma

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