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    Recap | Hannibal (2x07)

    Hannibal (2x07)

    La sugestión de la mente

    crítica de Yakimono (2x07) | Hannibal (Temporada 2)

    NBC | EEUU, 2014. Director: Michael Rymer. Guión: Steve Lightfoot & Bryan Fuller. Creador: Bryan Fuller. Reparto: Hugh Dancy, Mads Mikkelsen, Laurence Fishburne, Caroline Dhavernas, Scott Thompson, Aaron Abrams, Raúl Esparza, Anna Chlumsky. Fotografía: James Hawkison. Música: Brian Reitzell.

    Will es puesto en libertad. Jack interroga a Miriam sobre su ausencia. Hank Chilton teme por su vida.


    Así que por eso estaba todavía vivo el doctor Chilton, porque Hannibal iba a convertirlo en el Destripador de Chesapeake de cara a la opinión pública. Los guionistas lo han vuelto a hacer, el sembrar algo con paciencia varios episodios atrás y dejar que germinara de forma natural y nada forzada. En el momento en que Will le dice a Jack que en el lugar de trabajo del Destripador van a encontrar pruebas que alejen a Hannibal de la investigación, todo tiene sentido. Los dos psiquiatras comparten una tendencia por las terapias poco ortodoxas y han estado conectados con la investigación desde el principio. Las piezas encajan, y la prueba definitiva viene cuando la sugestionada Miriam Lass le identifique. Y le haga algo más. Hannibal lleva 20 episodios hablando de la mente humana, de sus capacidades y límites, de lo flexible y poco fiable que puede ser. Miriam no es una compinche del caníbal, sino que genuinamente cree que Chilton la retuvo durante dos años y le cortó el brazo. Otro plan del doctor Lecter que es un éxito.

    Hasta llegar a ese punto, el episodio da más de una vuelta de tuerca. Y no se puede pedir menos del capítulo en el que Will Graham sale de la cárcel. Decíamos en la reseña de Savoreaux (1.13) que el personaje no podía permanecer en la cárcel indefinidamente, ya que el espectador sabe que tarde o temprano será el caníbal el que esté tras los barrotes. Pues han sido finalmente seis episodios los que documentan el cautiverio del ex-agente especial, un cautiverio que le ha sido tan beneficioso –ha podido desentrañar parte de sus recuerdos– como doloroso –ha perdido a Beverly y metafóricamente a Alana por el camino–. Su primera parada es el lugar donde encontraron a Miriam Lass, donde ejerce su habilidad especial; luego su hogar, para reunirse con sus adorados perros y de paso con la doctora Bloom, que deja clara su posición. Su tercer destino es la casa del hombre que hizo que le encerraran, un hombre al que consideraba su amigo. Un hombre que le provocó ataques epilépticos y se pasó meses alimentándole de carne humana. Es un momento importante porque indica que Hannibal puede morir, que no es invulnerable, lo cual conecta con el ataque del enfermero dos capítulos atrás. Pero más importante es comprobar que Will quiere respuestas, ya que en lugar de apretar el gatillo y librar al mundo de tamaño mal, acaba por irse de la casa y retomar la terapia. Esto último es una clara estrategia, pero todavía no sabemos de qué.

    Hannibal (2x07)

    El episodio anterior se cerraba con Jack encontrando a Miriam, y uno se preguntaba en qué estado podía estar la mente de la joven tras el secuestro. Tras unos minutos de duda, vemos que la chica es cabal y no está loca. No recuerda su visita dos años antes a la consulta de Lecter, donde supo conectar las piezas, y solo tiene en mente que el Destripador de Chesapeake era una silueta tras una luz parpadeante. Casi todas las escenas con Miriam, que la magnética Anna Chlumsky rodó en dos días de sus vacaciones de Navidad de Veep (2012-), están plagadas de interesantes recursos visuales que añaden más densidad a la apuesta estilística de Hannibal. El agujero de bala en el cristal o la recreación de la llamada de Miriam a Jack en una esquina de la pantalla son los mejores ejemplos de una tendencia que en sí no tiene nada de original. Pero en un mundo –la televisión– donde en general se rueda con oficio y poca personalidad por las prisas del apretado calendario, es refrescante ver un encuadre elaborado y una apuesta visual que beba del cine. Otro reciente ejemplo de esta tendencia está en Coven, la tercera temporada de la loquísima American horror story (2011-).

    Si de algo sirve toda esta maraña de investigaciones y testimonios cruzados, es para que Jack sospeche cada vez más de Hannibal. El hecho de tener a Chilton a tiro y no vengarse de la muerte de Beverly y de otros agentes del FBI prueba que no está seguro. Que lo que Will le cuenta tiene sentido, y que se está cansando del juego del Destripador, y más si la vuelta de Miriam es solo una parte más de su puesta en escena. Porque Hannibal hace teatro con las escenas de los crímenes. Es toda una representación artística, con las tripas puestas aquí y allá para que no se pierda la simetría y que los cuerpos se presten a interpretaciones. El episodio está dirigido por Michael Rymer, el nuevo director/productor de la serie, y que sigue la personal estela marcada por su antecesor en el cargo, David Slade. El plano que cierra el capítulo parece una metáfora de la partida de ajedrez mental que doctor y paciente/asesino y caza-asesinos, van a empezar a jugar. | ★★★ |

    Adrián González Viña
    redacción Sevilla

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