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    Crítica | Ocho apellidos vascos

    Ocho apellidos vascos

    Euskadi tiene un color especial

    crítica de Ocho apellidos vascos | de Emilio Martínez-Lázaro

    2013 supuso un año magnífico para el género de la comedia en el cine español. Las recaudaciones millonarias de Los amantes pasajeros (Pedro Almodóvar), Las brujas de Zugarramurdi (Álex de la Iglesia), 3 bodas de más (Javier Ruiz Caldera) y La gran familia española (Daniel Sánchez Arévalo) salvaron un año en el que el público apostó por acudir al cine a echarse unas risas y dejarse de tanto drama. Ocho apellidos vascos (2014), a priori, tenía toda la pinta de convertirse en una de las sensaciones taquilleras de este 2014, tomando el relevo de aquellos exitosos títulos. Los casi 3 millones recaudados en el primer fin de semana despejan, al fin, cualquier duda que hubiera al respecto. La brutal campaña emprendida por la todopoderosa Mediaset no es ajena a este resultado, aunque en este caso hay que recalcar que la película tiene méritos más que suficientes para calar hondo entre la audiencia. La gran cantidad de carcajadas que pude oír durante su proyección y las sonrisas de oreja a oreja con que la gente salía de la sala son el mejor barómetro. Que el hombre detrás de las cámaras sea Emilio Martínez-Lázaro ya es sinónimo de un trabajo bien hecho, ya que nos ha entregado a lo largo de su carrera otras comedias tan populares como Amo tu cama rica (1991), Los peores años de nuestra vida (1994) o El otro lado de la cama (2002). El guión corre a cargo del cineasta vasco Borja Cobeaga, otro experto en el arte de hacer reír con títulos como Pagafantas (2009) y No controles (2010), que propone esta vez una comedia romántica de toda la vida, del tipo chico conoce chica, aunque puesta a todo tipo de pruebas, desde los tópicos y prejuicios entre comunidades, la distancia y las diferencias radicales de caracteres.

    Ocho apellidos vascos

    La historia comienza con el accidentado primer encuentro entre Rafa (Dani Rovira), el típico joven andaluz (sevillano de pura cepa), chistoso y con una verborrea incontenible para ligar con las turistas y Amaia (Clara Lago), una guapísima chica vasca de carácter seco e ingobernable. Las amigas de ella decidieron llevarla a la feria de Sevilla para olvidar la reciente ruptura con su novio Antxon, algo que no le hace demasiada ilusión a Amaia, que no siente simpatía alguna por estos sevillanos de pelo engominado, pero acaban en el típico bar con espectáculo flamenco en el que Dani trabaja. Una serie de chistes sobre vascos con los que el muchacho se dispone a distraer a los clientes desencadena la furia de Amaia y es el desencadenante del inicio de la relación amor-odio que llevará a Dani hasta el País Vasco con el fin de hacerle ver a la joven que, en el fondo, están hechos el uno para el otro. Todo lo que viene después es una sucesión de situaciones embarazosas, juegos de dobles identidades, acentos impostados y ruptura de prejuicios muy bien hilvanados en el guión de Cobeaga, que no tiene miedo a acumular chistes sobre vascos o sobre andaluces por resultar políticamente incorrecto. Los tópicos están ahí y reírse de ellos es una manera de terminar con esos odios ancestrales entre las distintas comunidades autónomas. Ahí están la francesa Bienvenidos al Norte (Dany Boon, 2008) y su remake italiano Bienvenidos al Sur (2010, Luca Miniero) para atestiguar que la fórmula funciona. Resulta verdaderamente increíble la naturalidad con la que una situación lleva a la siguiente en Ocho apellidos vascos, sin que la comicidad y la trama amorosa resulten demasiado forzadas. Esto se logra gracias al buen ritmo que su director le imprime a la narración, sin tiempos muertos, en donde los gags, la mayoría infalibles, a un muy buen nivel (la enumeración de los ocho apellidos vascos ante el suegro, el discurso durante la manifestación nacionalista que acaba en una indescriptible sevillana) no dan tregua al espectador.

    Ocho apellidos vascos

    Todos los actores están notables. Desde un Dani Rovira que debería optar, desde ya, al Goya al mejor actor revelación en 2015, todo carisma y salero a pesar de ser un malagueño interpretando a un sevillano, a una Clara Lago perfecta en su mezcla entre dureza y fragilidad. La química entre ambos es chispeante, sin duda, del mismo modo que lo son las contribuciones de unos secundarios mucho más protagonistas de lo esperado: Carmen Machi y, sobre todo Karra Elejalde. La protagonista de la serie Aída encarna a una simpática viuda de guardia civil de Cáceres que lleva muchos años viviendo en el País Vasco. Su personaje se convierte en amiga y cómplice de Rafa para lograr su objetivo, haciéndose pasar por su madre (de nombre Anne Igartiburu, ¡toma ya!). Por su parte, Elejalde roba los mejores momentos del filme en su caracterización del padre de Amaia, un hombre del Euskadi profundo, de ideas antiguas y maneras brutas. Las escenas que comparte con Dani Rovira son las más divertidas de la función, aun por encima de la historia romántica. Ver a Rafa haciéndose pasar por Antxon, el novio vasco de Amaia, intentando colarle el papelón a su suegro constantemente y luchando contra el placaje al que éste le somete –me recordó mucho a la relación Ben Stiller-Robert De Niro en Los padres de ella (Jay Roach, 2000)–, es algo por lo que ya merece pagar el precio de la entrada. Como guinda del pastel, destacar a los dos hilarantes amigos camareros de Rafa, interpretados por esa pareja de cómicos formada por Alfonso Sánchez y Alberto López, imparables desde la reveladora El mundo es nuestro (2012).

    En conclusión, Ocho apellidos vascos es un ejemplo perfecto de que se puede facturar un cine divertido y ágil, de ese que el público espera y, por lo tanto, logra excelentes cifras en la taquilla, al mismo tiempo que se mima cada detalle para que el producto tenga una calidad apreciable. Estamos ante un tipo de cine comercial bien hecho, mimado desde el guión hasta las actuaciones, bellamente puesto en imágenes gracias al excelente trabajo de fotografía de Berridi y Molina, que le otorga un elegante acabado visual a la cinta, sacando máximo partido de las espectaculares tomas aéreas de sus preciosas localizaciones. Se le puede recriminar cierta previsibilidad en algunas situaciones y, sobre todo, en el desenlace. Habrá quien piense que el momento Los del Río es un poco vergonzoso (hasta el propio Rafa lo cree en la película) y que No te marches jamás, la cancioncita de Amaia y David De María en los títulos finales, está sabiamente destinada a ganarse fácilmente a la audiencia más popular, pero Ocho apellidos vascos sigue siendo, aun con estas perdonables concesiones, una de las citas más refrescantes de la actual cartelera. | ★★★ |

    José Antonio Martín
    redacción Canarias

    España. 2014. Título original: Ocho apellidos vascos. Director: Emilio Martínez-Lázaro. Guión: Borja Cobeaga, Diego San José. Productora: Lazonafilms / Kowalski Films / Telecinco Cinema. Fotografía: Gonzalo F. Berridi, Juan Molina. Música: Fernando Velázquez. Montaje: Ángel Hernández Zoido. Intérpretes: Dani Rovira, Clara Lago, Karra Elejalde, Carmen Machi, Aitor Mazo, Alfonso Sánchez, Alberto López.

    Ocho apellidos vascos póster
    El fulgor efímero

    1 comentarios:

    1. muy buena, les dejo el link a la pelicula
      http://cineboleto.blogspot.com/2014/01/traicion-betrayal-2012-ver-traicion.html

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