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    Recap | Hannibal (2x02)

    Hannibal (2x02)

    Piezas que faltan

    crítica de Sakizuki (2x02) | Hannibal (Temporada 2)
    este artículo contiene spoilers*

    NBC | EEUU, 2014. Director: Tim Hunter. Guión: Jeff Vlaming & Bryan Fuller. Creador: Bryan Fuller. Reparto: Hugh Dancy, Mads Mikkelsen, Laurence Fishburne, Caroline Dhavernas, Hettiene Park, Scott Thompson, Aaron Abrams, Gillian Anderson, Cynthia Nixon, Martin Donovan. Fotografía: James Hawkison. Música: Brian Reitzell.

    Will comienza un plan para que Hannibal vuelva a ser su psiquiatra. Jack recrimina a Beverly que fuera a ver a Will a sus espaldas. La investigación interna del FBI continúa. La doctora Du Maurier tiene sorprendentes noticias.


    La dinámica de Hannibal ha cambiado. Era inevitable. La decisión de encarcelar a Will y hacer que sea plenamente consciente de que el doctor le tendió una trampa ha derribado gran parte de un muro: el de cuánto veíamos como espectadores sobre la actividad de Hannibal como asesino caníbal. Lo visto en la primera temporada eran fogonazos de la locura letal y antropófaga del psiquiatra, pero ahora lo vemos como es. Hannibal se pone el “uniforme de trabajo” (ese mono de plástico tiene un carácter icónico) hasta dos veces en este Sakizuki: una al encontrar el mural de cuerpos que el asesino de turno estaba construyendo, y otra para eliminar un inesperado obstáculo (sin éxito). El único problema de mostrar sin muchas cortapisas sus actividades más oscuras es que detectaremos los fallos de la escritura de las mismas: Hannibal Lecter no es un superhéroe. Su impecable estela criminal –ni una sola pista, siempre por delante del casi el resto de personajes– requiere un poco de fe por parte del público. Un voto de confianza que muchos daremos porque el hacerlo proporciona un rato más entretenido como espectador, en lugar de la frustración de arquear la ceja ante cada sobrenatural hazaña. El voto perdura. De momento.

    El episodio retoma donde el arranque de temporada lo dejó: la última víctima del psicópata de la semana despierta y comprueba con horror que es parte de un mural humano. El creador Bryan Fuller había advertido que en esta temporada iban a superarse, por tener más confianza en lo que se puede hacer en NBC, en lo que a momentos chocantes se refiere. Con las imágenes de un cuerpo como cultivo de setas y una lengua como corbata en la mente de este crítico, el comienzo de Sakizuki resulta espeluznante. Un hombre que se libera de sus ataduras, dejándose la piel literalmente en el camino, y emprende una frenética persecución con el asesino. Una persecución que acaba mal para él, pero que da la pista para que Will y Hannibal puedan emplazar el sitio. El caníbal se adelanta a la policía y termina el mural poniendo al artista como punto central. La conversación entre ambos, mientras Hannibal le cose y explica cómo entiende perfectamente el propósito de la obra, es demencial. Dos psiques perversas ante el ojo de Dios.

    Hannibal (2x02)

    Pero el psiquiatra tiene otras cosas de las que preocuparse, además de completar murales. Will está fingiendo que cree estar confuso respecto a lo que hizo Lecter con él. Es una estrategia arriesgada, porque no deja de sostener que piensa en Hannibal como culpable, pero lo hace actuando con pesar. “Actuar” es la clave aquí. La otra preocupación del caníbal es su propia psiquiatra. Bedelia Du Maurier ha roto la ambigüedad en la que su relación con Hannibal estaba sumergida y confiesa al espectador que cree a Will. Hannibal es peligroso, tanto como para que la doctora corte los hilos lo más rápido que puede y abandone su residencia. Es valiente (¿o quizá lo hace para confirmar sus sospechas?) al terminar la terapia con Hannibal cara a cara. Se lo comunica también a Jack y visita a Will en la cárcel, momento cumbre del episodio por esa confesión. Quizá se deba a la apretadísima agenda de Gillian Anderson, que ahora mismo protagoniza dos series –una británica, La caída (2013-) y la otra norteamericana, Crisis, que se estrena en unos días–, pero creo que su personaje estará fuera de la serie unos cuantos episodios. Lo curioso de verla en esta situación con Will es que la actriz fue una firme candidata a interpretar el papel de Clarice Starling en la Hannibal (2001) de Ridley Scott, pero no pudo por el contrato que la ataba a Fox y a Expediente X (1993-2002). Su trabajo en esta serie sigue siendo demasiado constreñido, como si Bedelia fuera una estatua a la que hablar le cuesta mucho.

    El resto del capítulo es menos interesante. Beverly cobra protagonismo en su afán por mantener el contacto con Will. Quiere creerle pero las pruebas están demasiado en su contra. La agente Prurnell vuelve para continuar su investigación interna y convencer a Will de un jurado nunca le dejará libre. Jack sigue purgando su culpa por haber dejado que Will cometiera esos crímenes bajo su supervisión. Su visita al psiquiatra del cuerpo es parte de la investigación interna. Son apuntes para historias más grandes. Lo mejor en estos casos es dejarse llevar sensorialmente. Siempre hay alguna composición de encuadre primorosa y la música de Brian Reitzell para transportarnos al enfermizo mundo de la serie. Solo basta observar el momento en que el buen doctor sube la escalera del gigantesco depósito hasta mirar por el “ojo de Dios”. Es una coreografía preciosa: el trabajo físico de Mads Mikkelsen, el montaje, la paleta de colores que captura la fotografía… y mira que hay escenas donde elegir. Hannibal es una serie exquisita. | ★★★ |

    Adrián González Viña
    Redacción Sevilla


    El fulgor efímero

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