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    Entrevista | Jan-Ole Gerster, director de «Oh Boy»

    Jan-Ole Gerster, director de «Oh Boy»
    texto y entrevista| Gonzalo Hernández y Emilio Luna.
    lugar| Hotel Las Meninas, Madrid. jueves, 6 de marzo.
    formato| roundtable .

    Hotel Las Meninas de Madrid, junto a la Plaza Opera. Tenemos cita las a 6 y Jan-Ole Gerster se presenta a 6:30, recién llegado de una conexión de radio. Lleva desde las ocho de la mañana concediendo entrevistas y, aun así, muestra una simpatía y cercanía que sorprende. Alto de estatura, rubio, sin miedo a relacionarse con la prensa de igual a igual, el director consigue crear un ambiente relajado rápidamente, incluso a pesar de tener un intérprete que haga de intermediario. Comenzamos nuestra entrevista presentándonos. Jan-Ole nos pregunta nuestra procedencia antes de sacar una foto, perpetuando esa costumbre de algunos entrevistados de intercambiar posiciones. El entrevistador fotografiado. Así, damos comienzo a una charla en la que Jan-Ole no escatima en palabras, demostrando una visión que ya ha materializado grandes promesas en su debut Oh Boy, una de las mejores películas del 2013 para EAM, ganadora en los Premios del Cine Europeo a la Mejor Opera Prima, así como los correspondientes a Mejor Película y Director (entre otros) de la Academia de Cine Alemán.


    De la historia se desprenda una especie de moraleja sobre el sentido y valor de la vida. No se si era su intención.

    — Pues sí. Lo que he pretendido es que fuera una reflexión sobre la vida y la forma de vivir. Hablar de moraleja en una película no me gusta mucho y me cuesta de hecho. El final de la película es un final abierto. Le da al espectador la posibilidad de reflexionar acerca de cuál es el problema, cómo el personaje protagonista va a seguir su vida, después de ese día, después de tomar café a la mañana siguiente. Y con la moraleja, la verdad es que hay que tener cuidado. Yo no quiero ni mucho menso dar lecciones. Ese no es mi papel. Lo que quiero es que las personas piensen y sigan reflexionando sobre la película y sobre la historia y no quiero para nada entrar en el tema de la moraleja. Yo creo que esa es un poco la diferencia entre dar lecciones y narrar. Porque yo quiero involucrar también al público y reflexione formando parte activa de la película.

    Me ha parecido ver en la película cierta crítica hacia el cine que se está haciendo en Alemania, especialmente en la escena que sale el actor en el rodaje de la película. Quería saber si es esa la visión que tienen los directores noveles hacia el cine que se hace en su país.

    — Yo no puedo hablar ahora en nombre de todos los directores noveles en Alemania pero si hay cierta crítica sobre cómo se hacen las películas allí porque hay una especie de corriente dominante sobre como hacer películas y en especial referentes a la historia de Alemania y a mi personalmente no me gusta. La historia de Alemania es un tema complicado, muy peliagudo. Y por eso muchas veces cuando se hacen esas grandes producciones con un presupuesto muy elevado tienen que cumplir con ciertos clichés y cierta corriente mainstream. Y eso es lo que realmente he querido demostrar con esta escena.

    ¿Te interesaba dirigirte directamente a la generación que has retratado, o buscabas más bien pintar un cuadro general para que la gente que no pertenece a esa generación pueda entenderlo un poco mejor?

    — Pues la verdad es que siempre suena un poco egocéntrico cuando un director dice que al escribir un guión no estaba pensando en un grupo específico o destinatario, pero yo quería hacer una película auténtica. Quería hacer mí película y yo soy el que mejor sabe lo que quiero contar, no? Es lo más auténtico. Y quería que a través de esa historia muchas personas se reconocieran en ella. Al escribir el guión yo sabía que el tema iba a ser el de nuestra generación y yo soy parte de ella. Está obra es la de mi historia. Y cuando escribí el guión esperaba que otras personas se identificaran con la misma y me ha sorprendido ver que han sido muchas. En estos momentos habrán miles de productores pensando “a ver, ¿Qué película vamos a hacer ahora? ¿Qué vamos a producir?” Y se les va a ocurrir “pues “venga, una nueva entrega de Batman o Spiderman, etc.” Lo comercial que se va a vender muy bien. Pero si quieres hacer un cine serio en el que los directores sean a su vez los autores de los guiones entonces yo creo que ellos deberían trabajar igual que los escritores, pintores o músicos, al menos aquellos que se toman en serio su trabajo. Y para mí lo importante es que la película tenga un sello personal.

    Uno de los muchos bellos fotogramas de Oh Boy, el debut de Jan-Ole Gerster|

    ¿Qué referentes tuviste a la hora de dirigir la película? Y ¿Cuales son tus directores o películas de cabecera?

    — Bueno eso, en realidad va cambiando porque lo que me gustaba hace 10 años me sigue gustando de alguna manera, pero mi visión va cambiando y más aún después de haber hecho una primera película tienes otra visión de las cosas. Al principio yo creo que lo que me influenciaba era una mezcla de la historia del cine, y también el cine de los años 90, por cierto de esa década han surgido algunas películas que se pueden considerar ya como “clásicas”, y cuando yo era adolescente ya me gustaba mucho el cine. Thomas Vinterberg, el cine de la Nouvelle vague, Jim Jarmusch, etc. Todas esas influencias por supuesto están presentes en mi película. Yo me considero como una especie de Frankenstein con todas las influencias que se van mezclando en esta película, aún así estoy todavía a años luz de estos directores que acabo de mencionar pero sí, yo creo que es importante para un director tener sus referencias.

    Aparte del personaje principal, el otro protagonista del filme es la ciudad de Berlín, y da la impresión de que son dos personajes muy complementarios. Ambos están presentados de manera un poco romántica y soñadora y a la vez aguantan lo que les echen. No se si ha sido su intención presentarlos de esta manera.

    — Sí se ve la ciudad como tal... sí, pero hay que diferenciar por un lado, Berlín con su historia, todo lo que ha vivido. Es una ciudad que asume y sabe superar lo que se le presente. Pero también hay que ver a la gente. Ellos son quienes intentan cambiarla. Por supuesto existe un paralelismo entre Berlín y Nico pero también son las personas, el entorno, las que intentan cambiarle. Me ha gustado la comparación que has mencionado porque la ciudad también actúa como un observador con sus casas, con sus calles... y eso se ve sobretodo al final, en los últimos planos, donde quería enseñar Berlín sin personas, y de alguna manera mostrar la ciudad como testigo de lo que está pasando.

    Ya que hablamos de Nico y el personaje principal, si la película funciona tan bien como lo hace es también porque está interpretada por Tom Schilling, que personalmente creo que es el mejor actor de su generación ahora mismo en el cine alemán. ¿Fue complicado el proceso de casting o pensaste en Schilling desde el principio para interpretar a Nico?

    — En un principio yo no quería que lo hiciera él. Era un amigo, estábamos muy cerca el uno del otro. Él ya era actor pero yo no había pensado en él. Después le dí el guión para ver que le parecía. Quería su opinión... y él lo entendió como una oferta. Como diciendo: “Pues sí, yo quiero hacer esa película. Quiero hacer ese papel”. Y ahora tengo que decir que estoy contento de haberlo elegido a él. En cuanto al resto de personajes, yo más o menos ya sabía a quienes iba a darles el papel por lo tanto no tenía que hacer un casting en el sentido clásico, excepto para un papel que no lo tenía tan claro y sí tuve que hacer un casting pero para los demás ya lo sabía de antemano.

    Jan-Ole Gerster, director de «Oh Boy»
    Jan-Ole Gerster recogiendo el Discovery-FIPRESCI en los Premios del Cine Europeo 2013|

    Todos esos momentos con el café a lo largo del filme ¿Lo utilizas como una metáfora de esa generación que no puede conseguir lo que quiere? O ¿Te simplemente te divertiste torturando a Tom Schilling?

    — Lo de maltratar al personaje, eso sí que me gustaba. De hecho, eso lo hice en el guión. Estaba intentando maltratarlo al máximo. Y a la pregunta de si el café es una metáfora o no... se lo dejo al público. Puede ser de todo, puede ser una metáfora por supuesto. Yo sé lo que significa, pero me lo quiero guardar para mi mismo. Pero no creo que sea el retrato de una generación que no consigue lo que quiere. Yo creo que es más bien una generación que no sabe muy bien qué decidir.

    Entonces, le castigas, pero no como escarmiento por ser cómo es. No hay una crítica hacia su comportamiento y de ahí el castigo.

    — Yo creo que no es castigo. Es más bien la consecuencia de su “actuar”, su inercia. Y eso se ve reflejado al final, en la escena del viejo en el bar. Caso claro de introspección. Es una persona muy introvertida y lo que hace es contar la historia de su vida a un extraño, a una persona que no conoce, una persona muy solitaria. Son dos historias diferentes pero reflejan también el encuentro con uno mismo. Y de alguna manera Nico al final también se da cuenta de que si él no cambia de vida y sale de ese letargo y ese estilo de vida, quién sabe... quizá en 50 él se va encontrar en la misma situación.

    Quería centrarme ahora en dos escenas claves que yo creo que definen muy bien a Nico. Una, la del bar. Y la otra, una en la que Nico va a casa de unos conocidos y conoce a la abuela de uno de ellos. ¿Como enfocaste ambos momentos? ¿Cambiaron en algún momento del guión a la película?

    — La película es bastante fiel al guión. No se ha cambiado gran cosa. A lo mejor hemos sacado dos o tres escenas por ser demasiado largas o repetitivas pero en general es bastante fiel. Yo no quería mostrar o dar la impresión de que Nico tuviese un problema de comunicación con la gente o con su entorno, sino mostrar que sí, el puede comunicarse si lo quiere y se presenta la oportunidad. Cómo en el caso de la abuela, aunque esa conversación sea más bien no verbal. Pero aún así ha sido un encuentro muy intenso. Y en el final también, es parecido. Son dos personas mayores con las que se produce ese encuentro, y lo había pensado así en el guión. Luego tenía otra escena con otra persona más joven, que iba después de la secuencia en el campo de golf con el padre, que tenía lugar en un lago y Nico observaba a un padre y su hijo pescando. Pero al final la sacamos porque me parecía bastante repetitiva. Es todo lo que se aprende cuando haces tu primera película.

    La performance, ¿es una experiencia real?

    — El reto con esta performance era que se viera que tenía calidad o era algo serio aunque no fueras experto en el tema. Igual si alguien no es receptivo a ese tipo de arte puede tener reacciones parecidas a las del amigo de Nico, que se echa reír. A mi me gusta el baile, pero también he visto representaciones de baile que no me han gustado en absoluto, por eso era importante también mostrar algún toque cómico. Mostrar que Julika en algunas ocasiones estaba exagerando con esa actuación demasiado excéntrica. Pero aún así a Nico eso le parecía algo valiente. Él mismo lo dice. Y eso demuestra que en cualquier momento Nico está despierto, que sabe juzgar lo que le rodea. Y con el baile es uno de esos momentos en los que se ve su criterio y que sigue vivo. Quería mostrar esos momentos en que Nico demostraba poder mirar más allá de lo que tenía delante. Él no quiere ser sólo alguien pasivo, sino alguien despierto, vivo. Lo vemos en la escena de la abuela. Vemos a un adolescente vendiendo droga y cómo Nico por otro lado, tiene detalles con la abuela. Con el baile de Julika pasa algo parecido. Es cómico pero al mismo tiempo algo digno de reconocer.

    ■ Por último, muchas gracias por atendernos. Le deseamos mucha suerte en el futuro.


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