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    Crítica | Afternoon Delight

    Afternoon Delight

    Cariño, hay una stripper en casa

    crítica de Afternoon Delight | de Jill Solloway, 2013

    No todo el monte es orégano se suele decir y no todo el cine independiente norteamericano tiene que ser sinónimo de interés y calidad infalibles, ni tan siquiera cuando viene precedido de algún premio más o menos prestigioso. Afternoon Delight (2013) es, tristemente, la prueba palpable de ello. Avalada, nada más y nada menos, por el premio a la mejor dirección en el Festival de Sundance –ese que nos descubre cada año tantas perlas de bajo presupuesto, pero que de vez en cuando nos cuela alguna decepción de proporciones gigantescas–, la cinta supone el debut en la realización de largometrajes de Jill Solloway, una mujer todoterreno que hasta entonces había sido productora, guionista (nada menos que en series del calibre de A dos metros bajo tierra o United States of Tara) y novelista, a la par que abiertamente feminista, algo que se trasluce demasiado en la historia que nos presenta en su ópera prima. El guión, a cargo también de la polifacética Solloway, compitió en los Independent Spirit Awards, algo todavía más preocupante si tenemos en cuenta que viene a ser el enésimo retrato de las diferentes formas que tienen de vivir la relación en pareja los hombres y las mujeres. También tuvo presencia en los Premios Gotham con una nominación al mejor nuevo intérprete para su actriz protagonista, una Kathryn Hahn ciertamente notable, capaz por sí sola de levantar la función del desastre más estrepitoso.

    Afternoon Delight nos presenta al matrimonio formado por Rachel y Jeff, cercanos a los 40 y con un niño de corta edad. Mientras él trabaja inventando aplicaciones informáticas, la esposa es un ama de casa algo aburrida que busca algo de evasión acudiendo a reuniones con otras mujeres que se dedican a organizar obras de caridad. El sexo en la pareja es ya casi inexistente, ya que están en ese punto de la relación en que el morbo ha sido sustituido por la rutina. Para colmo, las visitas de Rachel a su psiquiatra no la llevan a ningún lado, ya que es la terapeuta quien siempre acaba hablando de su vida. Esta gris existencia dará un giro de 180º cuando una noche el matrimonio decide acudir (por curiosidad) a un local de striptease en donde Jeff contrata los servicios de la joven McKenna para que le haga un baile privado a su esposa. Este primer contacto entre las dos mujeres dará pie a una bonita (y ambigua) relación de amistad en la que la más madura Rachel intentará sacar de la “mala vida” a McKenna, llegando a instalarla en su hogar con la intención de que ejerza las funciones de niñera. La película, que comienza con un buen tono de comedia, llega a un punto en que se toma a sí misma demasiado en serio, metiéndose en unos terrenos que van desde lo dramático a lo picante, que no la benefician en absoluto. El resultado final, evidentemente, se nos antoja irregular, sobre todo porque el espectador termina desconcertado en su extraño mejunje de géneros, sin llegar a saber con exactitud qué es lo que Solloway quiere contarnos.

    Afternoon Delight

    El tema de la prostitución está tratado de manera muy superficial y, sin embargo, el filme no escatima en escenas de alto contenido erótico, especialmente aquellas que tiene como protagonista a la estupenda Juno Temple, joven y talentosa actriz que ya ha demostrado en otras ocasiones –recordemos Magic, Magic (2013)– su pasmosa facilidad para actuar sin ropa. Josh Radnor, popularísimo por la longeva serie Cómo conocí a vuestra madre, está muy correcto en el papel de Jeff, pero queda eclipsado en todo momento por la carismática presencia de Kathryn Hahn, a quien muchos recordarán como la esposa de familia (la verdadera) de Somos los Miller (2013), donde también robaba las escenas a los auténticos protagonistas. Es gracias al buen hacer de este trío de intérpretes que Afternoon Delight resulte algo creíble dentro de la desfachatez de su planteamiento. No voy a negar que el guión tenía algunos ingredientes sabrosos para resultar interesante, sobre todo en su reflexión sobre la doble moral y cómo hasta las personas más (en teoría) liberales pueden terminar sucumbiendo a los prejuicios más carcas. También tiene su miga la latente atracción física que siente el personaje de Rachel hacia su protegida. El problema es que la directora no ha sabido muy bien qué hacer con estas sugestivas ideas, manteniéndolas en un segundo plano e, incluso, dejándolas sin desarrollar. Tampoco acierta a la hora de encontrar un tono adecuado para su obra, por lo que nos encontramos con una película bastante aburrida, que deambula a trompicones entre el humor y el drama (ni llega a ser graciosa ni conmueve en ningún momento) para culminar en un desenlace absolutamente previsible y poco valiente. De todos modos, sobre todo por los logros pasados de Solloway, no hay que perder la confianza en que esta realizadora pueda ofrecernos cosas más interesantes en el futuro. | ★★★★ |

    José Antonio Martín
    redacción Canarias

    Estados Unidos. 2013. Título original: Afternoon Delight. Directora: Jill Solloway. Guión: Jill Solloway. Productora: 72 Productions. Fotografía: Jim Frohna. Música: Craig Wedren. Montaje: Catherine Haight. Intérpretes: Kathryn Hahn, Juno Temple, Josh Radnor, Jane Lynch, Michaela Watkins, Jessica St. Clair, Josh Stamberg.

    Afternoon Delight poster
    Feelmakers

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