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    Crítica | Jimmy P.

    Jimmy P., de Arnaud Desplechin

    Minuciosa macrosesión de terapia

    crítica de Jimmy P. (Psychothérapie d'un Indien des Plaines)
    de Arnaud Desplechin, 2013

    La sencillez con la que trenzada esta notable película es digna de elogio. Arnaud Desplechin recurre al diálogo y a una puesta en escena sin ningún tipo de trucajes ni estridencias para contar la historia de James Picard. Picard fue un indio Piesnegros que tras combatir en la II Guerra Mundial desarrolló una dolencia mental con repercusiones físicas que ningún doctor de la época supo diagnosticar. Hasta la llegada del excéntrico George Devereux. La película, con guión del propio Desplechin, Kent Jones y Julie Peyr, parte del libro de Devereux Reality and Dream, que documenta la exhaustiva terapia que doctor y paciente comenzaron. Una terapia que se convierte en el corpus de la película y que da sentido en última instancia a la narrativa escogida. Jimmy P. documenta un proceso de amistad entre dos extraños en tierra extraña. Interpretados a la perfección por dos grandes actores: Benicio del Toro (qué voz) y Matthieu Amalric, unidos en insólita pero muy efectiva sociedad.

    La cinta funciona en dualidad, aunque comience con Jimmy en el límite de su dolencia. El director hace uso de la elipsis y las asunciones para avanzar en el procedimiento psicológico que es la relación entre ambos protagonistas. Se confía en que el espectador es inteligente y no necesita que los avances en la terapia sean subrayados, enfatizados con insistencia. A veces ni siquiera son avances. Pero así funciona una terapia real, y Desplechin logra transmitirlo de esa forma. La música de Howard Shore nos recuerda a otra película con larga e intensa terapia en el centro: la magnífica Un método peligroso (A dangerous method, David Cronenberg, 2011). Aunque no podrían ser más distintas en tono e intenciones, ambas comparten la buena idea de presentar el proceso sin innecesarias dramatizaciones y centrar la fuerza del asunto es los intercambios verbales. Que el diálogo mueva la acción, con cristalina eficacia.

    Jimmy P., de Arnaud Desplechin

    Una mirada al pasado para desentrañar el presente, buscar el origen de la dolencia de Jimmy, y que a la vez entendamos la fascinación que despertó en Devereux. Este servidor desconoce cómo está estructurado el libro, y si la vida privada del doctor forma parte de sus páginas. Si no es el caso, es entendible que Desplechin haya querido poner también en pantalla sus circunstancias personales. Entra ahí en juego una cálida historia de amor, donde el doctor conecta con Jimmy por amar a una mujer que no puede tener. No del todo. La relación con las mujeres es la cruz del protagonista, como la de tantos y tantas en miles de historias. Sólo que en el caso de Jimmy, las implicaciones son muy profundas. La relación de Devereux con Madeleine (espléndida Gina McKee) ofrece algunos de los mejores momentos de la cinta, pues está planteada con gran sensibilidad y tiene una escena donde un juego de muñecas rusas se usa como estupenda metáfora de la psique. Y la búsqueda final de una conexión con su hija es el motor que mueve a Jimmy.

    No es Jimmy P. una película que se lo ponga fácil al espectador. Pero ahí reside el reto más estimulante. No dejarse sobrepasar por la cantidad de diálogo o por la ausencia de momentos climáticos, sino saborear el elaborado tejido que el director y sus co-guionistas crean alrededor de un enigma. Un enigma cuya respuesta, quizá, no importe, porque es el proceso lo que resulta más enriquecedor. Las artes de narrador de Benicio del Toro hacen gran parte del trabajo al evocar los sueños y recuerdos de su personaje, pero de vez en cuando estos se materializan ante nosotros, quizá para que dudemos de la veracidad de lo dicho. Quizá para que dudemos de lo mostrado. A favor del director, hay que decir que la mirada hacia Estados Unidos y el mundo indio está hecha sin caer en tópicos ni condescendencias, errores en los que a veces caen los directores extranjeros en sus aventuras internacionales. Se nota el concienzudo trabajo de adaptación a las circunstancias, en que equipo con solo tres franceses. Hablar en más profundidad de los recovecos de la cinta es hacerle un flaco favor. Requiere paciencia y perspicacia, pero el resultado merece la pena. Acusa de cierta previsibilidad una vez la terapia se encauza, pero la limpieza del trazo y la renuncia a simplificar las cosas engrandecen una propuesta arriesgada, que bordea pero nunca cae en el aburrimiento y que espolea el ansia de debatirla tras su visionado. | ★★★

    Adrián González Viña
    X edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF 2013)

    Estados Unidos, Francia, 2013. Director: Arnaud Desplechin. Guión: Arnaud Desplechi, Kent Jones & Julie Peyr, en base a la obra de George Devereux. Música: Howard Shore. Fotografía: Stéphane Fontaine. Reparto: Benicio Del Toro, Mathieu Amalric, Gina McKee, Larry Pine, Joseph Cross, Elya Baskin, Gary Farmer, Michelle Thrush, Misty Upham, Jennifer Podemski, Michael Greyeyes, A Martínez. Productoras: Why Not Productions, Worldview Entertainment, Orange Studio, France 2 Cinemá, Hérodiade, Le Pacte. 

    Póster de Jimmy P., de Arnaud Desplechin
    Feelmakers

    3 comentarios:

    1. Ramon Colom Esmatges19 de enero de 2014, 11:12

      Si me lo permiten, les diré que la crítica de Andrés Tallón Castro de Oslo, 31 de agosto, está excelentemente escrita. Para mi, eso es de agradecer

      ResponderEliminar
    2. Andrés Tallón Castro7 de marzo de 2014, 2:20

      Gracias!

      ResponderEliminar
    3. Magnífica crítica. Enhorabuena, Andrés.

      ResponderEliminar

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