"Anodino drama de superación cuyo interés depende en exclusiva de un excelente Mel Gibson que poco puede hacer ante la falta de chispa narrativa."
Walter Black es un sinónimo más de la sociedad actual. Esa que se ha lanzado al consumo cómo única y gran vía de escape. La misma que se desentiende de sus vidas apostando por la dirección de fraudulentos líderes. Una sociedad en la que imperan las necesidades primarias por encima de los sentimientos, el egocéntrico yo por encima del nosotros. Un mundo donde un alto porcentaje viven en la podredumbre y con aliento de veinticuatro horas mientras unos pocos gastan todos los recursos. Artificial y superfluo, así es el universo del hombre en pleno nuevo milenio. Por suerte, no llueve eternamente y nuestras existencias gozan de maravillosos pequeños instantes. Pese a ello, el alma pierde su esencia, se resiente y es difícil escapar del hastío. Surgen las enfermedades del ánimo, mal endémico de nuestro tiempo que nos consume y lastra. La depresión del fuerte y del débil. No hay escape.
Porque Walter Black, a pesar de tener, aparentemente, todo en esta vida no logra ser feliz y toca fondo sin motivo aparente. La depresión es vista desde fuera con cierta frivolidad aunque ha acompañado a la humanidad desde el origen de las civilizaciones; su existencia data de la época clásica, acuñada con el término Melancolía. En 1725, fue Sir Richard Blackmore el que rebautizó este trastorno que se plantea a diario el sentido de la vida. Los allegados se convierten en las claves para despertar al alma de su letargo. Antes, un duro caminar que nos lleva a vías insospechadas. Prueba de ello es la tercera película en la dirección de Jodie Foster, El Castor (The Beaver, 2011), un drama con tintes tragicómicos que se acerca a esta neurosis de manera exagerada. Si en Lars and the Real Girl, Lars Lindstrom (Ryan Gosling) escondía su dolor tras una muñeca, Walter Black encuentra su vía de escape en forma de marioneta.
Resulta paradójico que el intérprete que encarna a este hombre desquiciado sea Mel Gibson. Actor solvente y cineasta brillante, el artista australiano vive, sin duda, los peores momentos de su dilatada carrera. Perdido en un torrente de vicisitudes extra-cinematográficas, Gibson retorna con un papel que siempre le ha acompañado a lo largo de su carrera. Una vis entre la locura y la comedia que borda en cada fotograma y que en este caso se torna en una merecida resurrección de uno de los iconos del cine de los noventa. Sin duda alguna, es el gran interés de un filme cuya puesta en escena es original pero se torna en repetitiva e insustancial con el paso del tiempo. Tanto la dirección de Jodie Foster cómo el guión de Kyle Killen resultan planos y monótonos, dejando los únicos instantes de lucidez para el bravo actor criado en las antípodas.
El humor negro que rodea a El Castor se convierte en un melodrama de superación que carece de empatía. Si en la nombrada Lars and the Real Girl el espectador se deshace ante la ternura de su protagonista, en la película de Foster provoca cierta indiferencia. Sólo su personaje principal logra salvar de desastre con sus momentos en solitario y en la compañía de su hijo menor. Las historias paralelas del mayor de sus vástagos (Anton Yelchin) y su compañera de estudios (Jennifer Lawrence), así como la relación con su esposa, resultan insatisfactorias debido a su nula trascendencia y las pocas líneas empleadas en su narración. Una dejadez que engulle a El Castor y lo convierte en un producto típico de la sobremesa televisiva. Pese al insólito enfoque de la enfermedad, a un actor sobresaliente y buenos coristas todo se queda en nada. Al menos vuelve el hombre sin rostro, Mad Max, William Wallace…sólo por ello, bien merece la pena.
Lo Mejor: Mel Gibson.
Lo Peor: No mantiene el interés. La historia adolescente.
Puntuación: 5/10 CINE USA 2011/DRAMA.
Walter Black es un sinónimo más de la sociedad actual. Esa que se ha lanzado al consumo cómo única y gran vía de escape. La misma que se desentiende de sus vidas apostando por la dirección de fraudulentos líderes. Una sociedad en la que imperan las necesidades primarias por encima de los sentimientos, el egocéntrico yo por encima del nosotros. Un mundo donde un alto porcentaje viven en la podredumbre y con aliento de veinticuatro horas mientras unos pocos gastan todos los recursos. Artificial y superfluo, así es el universo del hombre en pleno nuevo milenio. Por suerte, no llueve eternamente y nuestras existencias gozan de maravillosos pequeños instantes. Pese a ello, el alma pierde su esencia, se resiente y es difícil escapar del hastío. Surgen las enfermedades del ánimo, mal endémico de nuestro tiempo que nos consume y lastra. La depresión del fuerte y del débil. No hay escape.
Porque Walter Black, a pesar de tener, aparentemente, todo en esta vida no logra ser feliz y toca fondo sin motivo aparente. La depresión es vista desde fuera con cierta frivolidad aunque ha acompañado a la humanidad desde el origen de las civilizaciones; su existencia data de la época clásica, acuñada con el término Melancolía. En 1725, fue Sir Richard Blackmore el que rebautizó este trastorno que se plantea a diario el sentido de la vida. Los allegados se convierten en las claves para despertar al alma de su letargo. Antes, un duro caminar que nos lleva a vías insospechadas. Prueba de ello es la tercera película en la dirección de Jodie Foster, El Castor (The Beaver, 2011), un drama con tintes tragicómicos que se acerca a esta neurosis de manera exagerada. Si en Lars and the Real Girl, Lars Lindstrom (Ryan Gosling) escondía su dolor tras una muñeca, Walter Black encuentra su vía de escape en forma de marioneta.
El humor negro que rodea a El Castor se convierte en un melodrama de superación que carece de empatía. Si en la nombrada Lars and the Real Girl el espectador se deshace ante la ternura de su protagonista, en la película de Foster provoca cierta indiferencia. Sólo su personaje principal logra salvar de desastre con sus momentos en solitario y en la compañía de su hijo menor. Las historias paralelas del mayor de sus vástagos (Anton Yelchin) y su compañera de estudios (Jennifer Lawrence), así como la relación con su esposa, resultan insatisfactorias debido a su nula trascendencia y las pocas líneas empleadas en su narración. Una dejadez que engulle a El Castor y lo convierte en un producto típico de la sobremesa televisiva. Pese al insólito enfoque de la enfermedad, a un actor sobresaliente y buenos coristas todo se queda en nada. Al menos vuelve el hombre sin rostro, Mad Max, William Wallace…sólo por ello, bien merece la pena.Lo Mejor: Mel Gibson.
Lo Peor: No mantiene el interés. La historia adolescente.
Puntuación: 5/10 CINE USA 2011/DRAMA.



















































18 comentarios:
Antes de leer su critica estaba decidida a no ver esta película, pero ahora no estoy tan segura porque de alguna forma me parece interesante.
6 de octubre de 2011 01:24Si la veo le comento al rato!
Un saludo!
si si si si si.
6 de octubre de 2011 07:58Opino como tu, lo mejor Gibson, y lo peor entre otras cosas la historia adolescente.
A mi parecer, esa historia se ha hecho para rellenar porque se les quedaba corta. Ya de por si es corta!!!
Un pequeño pinchazo salvado una vez mas por la magistral interpretacion de un genio de las locuras, Mel Gibson!!
Saludos!
Sinceremente no esperaba nada de ella, pero aún así me intrigaba (bastante)el último trabajo de Jodie Foster y la verdad es que logró convencerme, es evidente que existe una marcada diferencia entre una primera parte brillante y una segunda un poca más débil e implicante.
6 de octubre de 2011 15:01Sin embargo, la película consigue salvarse gracias al interesante guión, a la realización de Foster y sobre todo al óptimo cast, en el que destaca, como bien señalas : Mel Gibson e incluiría también a un sobresaliente Anton Yelchin.
Tanti saluti ed un forte abbraccio!!!
Me ha sorprendico que Gibson sea lo mejor de la película porqu elo cierto es que no lo considero un gran actor. Es por esto que creo que merecerá la pena verla (y no sólo porque me apasiona Jodie Foster).
6 de octubre de 2011 16:47saludos.
A mi me gusto un poco mas Milo, para ser franco creo que tiene un toque sofisticado para tratar este tema un poco escabroso. Lo mejor es Gibson, de eso no hay duda, pero en cierto modo creo en su conjunto el reparto esta muy aceptable. Hay escenas que en cierto modo rozan el ridiculo, pero tiene un no se que, que me atrae. De que le falta chispa narrativa es cierto, pero aun asi ese tono melancolico depresivo cae preciso. No es una maravilla, ni mucho menos, pero me gustó.
6 de octubre de 2011 19:01Un abrazo!!
O sea Jensie, que mi crítica casi negativa te ha animado a verla. La verdad es que el punto de partida es interesante pero después comienza a flojear y decae mucho.
6 de octubre de 2011 23:50Yo creo que la clave de tu interés tiene cinco palabras Lars and the Real Girl (;)Muchas gracias guapa!
Un beso!
Me gusta Gibson, creo que es un director interesante y un actor con muchas virtudes, me interesa el tema, me despierta curiosidad, la tengo y espero verla pronto. Espero no decepcionarme, sino encontrar un drama inteligente, el tema da para mucho, y me apunto la de Gosling a ver que tal está. Un abrazo.
6 de octubre de 2011 23:51Mario.
Para mí es más que un pequeño pinchazo, de no ser por Gibson esta película la ves por A3. Por cierto que impersonal es la dirección de Foster. Se debe esperar más de esta mujer llena de talento.
6 de octubre de 2011 23:52Mel desde Gallipoli me tiene ganado, yo le perdono todo.
Un abrazo friend.
La verdad Giancarlo es que se deja ver. Pero uno espera más de todos esos ingredientes. Gibson está genial, cómo nunca pero es que su personaje se presta a ello y a él se le da de vicio.
6 de octubre de 2011 23:55Lo demás, una primera hora interesante pero actores algo desdibujados. Yelchin me gusta y Lawrence aún más, me muero de ganas por ver Like Crazy!
Tanti Saluti amigo!Un abraccio!
Manderly a mi Gibson me encanta, sobre todo en sus papeles de joven. La faceta como director ha descubierto a un hombre muy talentoso.
6 de octubre de 2011 23:57En El Castor casi hace de si mismo. Algo pasado de vueltas pero genial. Es lo mejor con creces lo demás es anodino.
Aún así, es una propuesta interesante.
Un abrazo!
Daniel, el tema se las trae. Habla sin miramientos de una de las grandes enfermedades del siglo XXI. Su tratamiento es correcto y más que acertado. El problema es que no va más allá. Se queda en la marioneta animal y no logra transmitir del todo. La historia de su hijo mayor está metida con calzador y no ayuda al ritmo del filme.
7 de octubre de 2011 00:00No es una maravilla pero tiene buenos toques. No pasará a la historia o sí...porque una nominación a Mel no sería tan descabellado. Lástima que la película no fuera más completa.
Un abrazo, amigo!!Muchas gracias!
La de Gosling es "must see" Mario, es un filme precioso. Sobre El Castor, cómo ves en los comentarios hay de todo. En general es una película aceptable que podría haber sido gloriosa con algo de riesgo. Riesgo que le falta a Foster y a su guionista.
7 de octubre de 2011 00:02La primera hora te encantará después ya depende de gustos, paciencia y empatía.
Muchas gracias por pasarte Mario. Un abrazo fuerte.
Fíjese que no he visto Lars and the Real Girl, otra mas a la lista de espera. (He encontrado el amor en forma de Ryan Gosling jaja.)
7 de octubre de 2011 00:30Y no se, es difícil de explicar pero hay algo que me ha llamado la atención de la critica. Ademas de que Mel Gibson es genial, hay algo en el que me gusta.
Un saludo Emilio Luna!
Dios, tiene una pina terrible... Y eso que el cartel parece prometer algo potable.
7 de octubre de 2011 08:54Por cierto, a Mel Gibson lo odio profundamente como personaje, pero sin embargo tiene unas cuantas interpretaciones que me gustan (con la de "Hamlet" a la cabeza).
Pues ya sabes Jensie, a verla, y después me cuentas. Sobre Lars and the Real Girl es una película que le llega muy hondo al editor de este blog.
7 de octubre de 2011 09:51A ver las dos!
Un besito.
Tanto cómo eso no Caótico!Lo mejor de El Castor es justamente la idea preconcebida. Si ésta ya te falla pues imagínate la película.
7 de octubre de 2011 09:53A mi Mel siempre me gustará lo he pasado muy bien con sus películas y en Braveheart que decir. Sólo por eso es difícil que caiga del pedestal por mucho que se lo proponga.
El Gibson director, me interesa mucho.
Un abrazo amigo.
Precisamente la película me interesa por Mel. Poca gente lo sabe pero una película protagonizada por él (y no de las mejores) fue la causa por la que me aficioné de verdad al cine.
7 de octubre de 2011 21:06Jodie Foster es de las pocas actrices de la industria que me llaman la atención, leí que su dirección era notable y la curiosidad se impuso en mí, son las dos razones por las que quiero ver "El castor".
Tu crítica me orienta, creo que de no haberla leído habría esperado demasiado de ella, voy avisada, ésto es lo bueno de tener gente fiable que te dé su opinión de las películas (encima tan bien escritas que quitan el habla). Quizá la vea este fin de semana, así intercambiaremos opiniones.
Felicidades por el grandísimo trabajo que haces ¡Un abrazo!
Pues algo parecido me ocurre a mi. De hecho la primera crítica que hice en mi vida no publicado fue Braveheart, la vi más tarde, mucho más tarde su estreno. Me pilló en una situación complicada, me hizo llorar y me animó a la vez. Me encanta ese filme.
8 de octubre de 2011 00:49Gibson siempre me ha caido bien, aunque lo prefiero en sus papeles de joven. Sobre todos los de producciones australianas. Cómo director es estupendo.
Mi crítica la verdad es dura con la Foster directora. Creo que podría haber sacado más partido. El filme es endeble pero se deja ver. Lo mejor Gibson aunque le debe ser fácil interpretar este papel. Espero que vuelva a la forma habitual y con muchos proyectos.
A ver que te parece. Un beso Bea, muchas gracias por tus comentarios.
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